Los Reyes y las Fuerzas Armadas reciben el aplauso de más de 400.000 aragoneses | Heraldo.es Los Reyes y las Fuerzas Armadas reciben el aplauso de más de 400.000 aragoneses  | Heraldo.es Martes, 09 de Febrero de 2010 - Actualizado a las: 22:33 hs.

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DÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS

Los Reyes y las Fuerzas Armadas reciben el aplauso de más de 400.000 aragoneses
Don Juan Carlos, doña Sofía y los Príncipes presiden el desfile en el paseo de la Independencia de Zaragoza. Unos 1.700 soldados, 47 aeronaves y 90 vehículos recorren las calles del centro de la capital. El buen tiempo marcó la jornada de homenaje a los tres Ejércitos.
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Recepción en el Ayuntamiento tras el desfile. FÉLIX BERNAD
M.L. Zaragoza
El Día de las Fuerzas Armadas y la gran parada militar que recorrió ayer el centro de Zaragoza congregó en las calles a más de 400.000 personas, que aplaudieron el paso de los 1.700 soldados participantes en el desfile y expresaron su entusiasmo ante la visita de los Reyes de España y los Príncipes de Asturias, que presidieron el acto. El buen tiempo durante los actos oficiales convirtió la jornada en un verdadero éxito.

Don Juan Carlos y doña Sofía, acompañados por los Príncipes, llegaron poco después de las doce de la mañana al paseo de la Independencia. Fueron recibidos con muchos aplausos por los ciudadanos que se agolpaban junto a la tribuna de autoridades. Allí les esperaba el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que tuvo que escuchar algunos silbidos de una de las gradas del público.

Pérez Rubalcaba ha asumido las funciones de titular de Defensa, Carme Chacón, que está de baja por maternidad. También acompañaron a Sus Majestades el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, y la cúpula militar, encabezada por el jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el general Félix Sanz Roldán.

Tras recibir los honores de ordenanza, el Rey, con uniforme de capitán general de los tres ejércitos, y la Reina, subieron a la tribuna para asistir a uno de los momentos más solemnes: el homenaje a la bandera. El himno nacional empezó a sonar y la enseña de 24 metros cuadrados, portada por un pelotón de los Ejércitos de Tierra, del Aire, la Armada y la Guardia Civil, fue izada en la plaza de Santa Engracia.

Mientras se entonaba "La muerte no es el final", se depositó una corona a los pies de la bandera para rendir homenaje a los que dieron su vida por España. Entonces, los siete aviones "C-101" de la Patrulla Águila surcaron el cielo zaragozano dibujando con su estela los colores de la bandera española.

Sobre las 12.30, comenzó el desfile de 47 aeronaves, el primero que se hace en Zaragoza bajo la presidencia de los Reyes (el previsto para el Día de las Fuerzas Armadas de 1982 se suspendió por razones meteorológicas). Los primeros en sobrevolar Independencia fueron los aviones F-18.

A continuación, cuatro "Mirage" pasaron como una exhalación, seguidos por las joyas del Ejército del Aire, los "Eurofighter" del Ala 11, de fabricación europea. Después les tocó el turno al popular "Harrier", de despegue vertical, y a tres "Hércules" del Ala 31 de Zaragoza.

Entonces empezó a resonar en el paseo del ruido de los helicópteros. Los "Colibrí" del Ala 78 abrieron el paso. Les siguieron tres "Cougar" y dos "Tigres", de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra, y tres "Sea Hawk" de la Armada. La Patrulla Águila cerró la exhibición entre ovaciones con su firma: la bandera rojigualda trazada en el aire.

Tras los aviones, comenzó a retumbar el suelo con llegada de las unidades terrestres, lideradas por el general de Brigada de Infantería de Marina Ramón López Nuche. El Regimiento de Pontoneros, con base en Monzalbarba, la Brigada de Caballería "Castillejos II" o la Unidad Militar de Emergencias (UME) fueron las más ovacionadas.

Los imponentes carros de combate "Leopardo", la sección de vehículos "Pizarro" o los "Centauro" fueron los encargados de abrir el desfile de 900 metros, entre la plaza de España y la Puerta del Carmen. Después recorrió Independencia una batería mixta de Artillería, donde destacaron los vehículos aéreos no tripulados. Cerraron el desfile las lanchas y los buzos de Pontoneros, la sección de sanidad y la UME, con sus nuevos vehículos para luchar contra los incendios.

Tras las unidades acorazadas, mecanizadas y motorizadas, las fuerzas de a pie se hicieron con el paseo. Abrió la compañía de la Academia General Militar, que recibió el cariño del público. La compañía de esquiadores, muy arraigada en Aragón, un batallón mixto de la Armada y un escuadrón del Ejército del Aire marcharon sobre el asfalto. Todos fueron reconocidos, pero fue un batallón mixto de la Guardia Civil el que suscitó más gritos de apoyo entre los espectadores.

Uno de los momentos más vistosos del desfile llegó al final, con las unidades con paso específico. La celeridad de la marcha de los efectivos de la Legión (160 pasos por minuto), contrastó con el lento caminar de los Regulares de Ceuta (90 pasos minuto).

Tras el paso de un escuadrón de Caballería de la Guardia Civil, se cerró el desfile y los diez días de actividades organizadas por las Fuerzas Armadas, que han estado marcadas por la gran asistencia de público. Además de las 400.000 personas que presenciaron la parada militar, 80.000 zaragozanos visitaron el parque temático instalado en el Parque Primo de Rivera. Todo un éxito.
Los zaragozanos toman las calles y convierten el desfile en una fiesta
El centro de la ciudad se llenó de símbolos nacionales y los ciudadanos respondieron a la llamada con calor y satisfacción. Las tropas y Manolo, "la cabra" de la Legión, arrancaron aplausos y vivas.



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HERALDO. Zaragoza
"¡Mamá, mamá! Que el Ejército dice que hay que ir a la acera, y si lo dice el Ejército, hay que irse!". Faltaban pocos minutos para las 12.00 y, en el paseo de Pamplona, un niño, cumpliendo órdenes de un alférez cadete que pedía a los ciudadanos que dejasen espacio a las tropas, cogía ayer la mano a su madre y se la llevaba hasta la acera sin perder de vista el uniforme del militar.

Para entonces, era ya casi imposible hacerse un hueco en el centro de la ciudad. Los aviones cruzaban el cielo y en los balcones, muchos de ellos engalanados con la bandera de España, cientos de zaragozanos oteaban el horizonte, ensordecidos por el ir y venir de helicópteros y aviones F-18.

Las calles de Zaragoza se convirtieron ayer en un espectáculo, y no solo por la magnífica exhibición de las Fuerzas Armadas, sino por el calor con el que cientos de miles de ciudadanos recibieron a las tropas y a los representantes de la Familia Real.

Amigos, familias enteras, conocidos de los participantes y niños ansiosos por ver los misiles y a la caballería, acudieron a la cita. Muchos tomaron posiciones ya a las ocho de la mañana, la misma hora a la que las tropas daban los últimos retoques, y hubo ciudadanos que aprovecharon la soleada mañana de domingo para arreglarse y ponerse sus mejores galas.

"Es un acontecimiento y se debe celebrar en su justa medida", coincidían Pilar y Laura, dos zaragozanas que esperaban que comenzase el desfile en la plaza de Basilio Paraíso. "Me encantaría ver a los Reyes, pero con tanta gente no sé si será posible", reconocía Pilar.

Otros esperaban calmar su curiosidad. "En el colegio hemos oído los aviones toda la semana, ¡y ya teníamos ganas de venir!", coincidían Paula Salanova, de 12 años, y Sofía Sarsa, de 13.

Además, entre el público, el que no tenía un amigo o amiga que desfilaba, quería ver de cerca carros y uniformes. Adolfo Vicente y Diego Cameo, ambos de 21 años, tomaban posiciones en uno de los extremos del paseo de la Independencia. "Desfila un amigo nuestro del Ejército del Aire y por eso hemos venido, aunque con tanta gente va a ser difícil verle. También aprovechamos este rato para descansar de los exámenes...", decían un poco menos animados.

También por compañerismo acudió el militar Manuel Ballestín a ver el desfile. "He venido para ver a los compañeros", explicaba. Miembro de la Unidad Militar de Emergencia, aseguró estar satisfecho de que se celebrara en Zaragoza. "Ya era hora de que el desfile de las Fuerzas Armadas fuese aquí. Ha pasado por varias ciudades y ahora le tocaba a esta, y más por la cercanía de la Expo". En su opinión, el recorrido fue un "poco corto" comparado con el tradicional del paseo de La Castellana de Madrid, pero "había que hacerlo aquí, porque en Aragón hay muchos cuarteles, está la Base Militar y por tradición tocaba".

Especialista en el rescate con perros, aseguró que "son pocos los momentos en que los civiles pueden ver lo que hacemos. Días como estos permiten cierto hermanamiento".

El valenciano Amadeo Catalá opinaba además que "es bueno celebrar un día en el que la bandera y el himno nacional parece que nos unen". En su opinión, no va mal "escenificar la unidad de España en los tiempos que corren".

En cambio, para el ciudadano de Gambia Mohamed Sisai "lo esencial del desfile es poder ver al Rey". Esa era su ilusión después de llevar 18 años viviendo en Zaragoza.

Los favoritos



Ahora bien, y sin querer tomar partido, hay que reconocer que los aragoneses no se andaron con remilgos y eligieron pronto a sus favoritos. De hecho, antes de empezar el desfile, ya eran cientos los asistentes que esperaban a la Legión.

Pablo Marcos, de 7 años, avisaba a su padre de que no pensaba perderse a la cabra, la mascota de estos militares. "Porque va a venir seguro, ¿no papá?". Y no era para menos. El paso del animal que, por cierto, es macho y se llama Manolo, hizo a muchos levantarse y arrancó al resto aplausos y vivas más que apasionados.

No obstante, ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito. Por ejemplo, Adrián, de 5 años, no se dejó impresionar fácilmente. "A mí lo que más me ha gustado han sido los tambores, ¡Más que los caballos y que los aviones!", insistía. Su hermano Víctor, de 10, reconocía, no obstante, que él prefería los carros de combate, "sobre todo los más grandes".

También disfrutaron del desfile Víctor Gil y su familia, que habían cogido sitio ya a las 11.00. "Nos ha gustado todo. Lo malo es que ha durado poco, pensábamos que sería más largo", comentaba Víctor. Una de sus familiares decía también que apenas habían visto a los Reyes, solo cuando se despedían, y de lejos. "Es que han pasado muy deprisa", se quejaba.


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