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AGUA

La CHE controla 3.800 extracciones de agua, 259 presas y 2.350 azudes

Las captaciones de caudal y las regulaciones también afectan a los cauces de la demarcación.

I. A. U. ZARAGOZA Actualizada 05/07/2010 a las 23:00
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Normalmente, las repercusiones de la acción del hombre sobre los ríos tienden a asociarse con la contaminación y con otras formas de alterar la calidad y la composición del agua. Sin embargo, el estudio sobre impactos y presiones que acaba de actualizar la Confederación también analiza los factores que tienen que ver tanto con la cantidad de caudal -las extraciones y las regulaciones- como con las modificaciones que han sufrido los cauces -construcción de azudes, escolleras, presas, canalizaciones, encauzamientos...-. El objetivo es inventariar todos aquellos cambios que ha sufrido cada masa de agua respecto a su estado natural.


Este planteamiento se debe a que la Directiva Marco del Agua, la máxima norma europea en materia hídrica, establece que el buen estado de un tramo de río no depende solo de su estado químico -de la presencia o no de sustancias contaminantes-, sino que también hay que tener en cuenta su estado ecológico -la calidad y el funcionamiento de los ecosistemas acuáticos asociados-.

Por tanto, para medir el estado de un determinado tramo de río, es decir, cómo de cerca está de sus condiciones naturales, hay que analizar el nivel de contaminantes, la situación de los animales y las plantas, parámetros físico-químicos como la temperatura, la conductividad o el oxígeno e indicadores hidromorfológicos.

Dentro de ese último grupo se incluyen en el régimen de caudales, la continuidad fluvial y condiciones morfológicas como la calidad del bosque de ribera.

En todos los capítulos analizados la información se ha extraído de los distintos registros y de las bases de datos existentes, pero además ha sido complementada con trabajos de campo y con los informes aportados por la guardería fluvial de la Confederación.

Extracciones de caudal
Basándose en los registros de concesiones de la CHE, el informe ha contabilizado que en toda la cuenca del Ebro hay unas 3.800 concesiones para extraer agua -una por cada 3 kilómetros de río-. En total esos permisos autorizan la captación de 114.375 litros por segundo, pero la Confederación subraya que la demanda real no coincide necesariamente con el volumen máximo concedido. El estudio también destaca que "en ocasiones" el volumen autorizado supera "con creces" la aportación en régimen natural del río -es decir, hay menos agua de la que en teoría podría cogerse-.

Esas captaciones autorizadas afectan a uno de cada diez tramos de río de la cuenca -74 de un total de 720-, con el agravante de que en 57 de esas masas de agua la presión por extraciones es alta. La consecuencia suele ser el incumplimiento de los caudales mínimos.

Regulaciones con embalses
Las obras de regulación modifican también el régimen hidrológico de los ríos. El estudio sobre las repercusiones de la acción del hombre ha contabilizado en la Cuenca hasta 259 presas con una altura mínima de 10 metros. En total, esas infraestructuras pueden almacenar unos 9.400 hectómetros cúbicos.

Ese enorme volumen de agua deja de fluir por los cauces, o al menos no lo hace siguiendo las condiciones naturales. Por eso los embalses afectan negativamente al 37% de los tramos de río de la demarcación -263-. La gran mayoría de esas masas de agua -186- sufren una presión alta por extracciones, mientras que las otras 77 soportan una presión media o baja.

Regulaciones por incorporación

Otro apartado analizado en el informe sobre presiones e impactos son las regulaciones por incorporación de caudales para desvíos hidroeléctricos. Hay 378 centrales hidroeléctricas cuyo caudal máximo concedido oscila entre 60 y 940.000 litros por segundo -este último corresponde al salto de Ribarroja-. El estudio recuerda que en la cuenca no se producen incorporaciones por trasvases, pero sí hay vigentes 16 extracciones con destino a otras demarcaciones que hacen que el Ebro esté "altamente afectado" por este tipo de transferencias.

Alteraciones morfológicas

Las alteraciones morfológicas de los cauces están provocadas, básicamente, por estructuras de retención como azudes y presas y por actuaciones longitudinales como los encauzamientos, las canalizaciones... Estas obras hacen que las masas de agua se desnaturalicen.

Además de las 259 presas de más de 10 metros ya citadas, el estudio sobre impactos y presiones ha inventariado 2.350 azudes, 168 canalizaciones, 30 coberturas y 1.022 protecciones. Además, se han enumerado hasta 33 lagos que han sido represados de forma artificial. La mayor parte de ellos son ibones pirenaicos explotados con fines hidroeléctricos. Todas esas alternaciones morfológicas influyen negativamente en el estado ecológico del 24% de los tramos de río de la cuenca del Ebro -174 en total-. De ellos, 42 sufren una presión alta. El resto soportan presiones medias o bajas.





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