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Huesca

Espectáculo de color en Ordesa

Las hayas, abedules y álamos temblones salpican estos días de tonalidades rojas y amarillas los bosques del Parque Nacional, que ofrece
postales irrepetibles. 

Elena Puértolas 01/11/2015 a las 06:00
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Un bosque de Ordesa desnudo cubre de rojo el suelo en el que el verde del musgo trepa por los troncos.

Son instantes. El paisaje de hoy no es el de ayer, ni siquiera el de hace un segundo. Un espectáculo de color se apaga y se enciende a cada paso, con el rayo de luz que incide sobre las hojas o con la roca que hace sombra y cambia el escenario por completo. El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido dispara este otoño su colección de fuegos artificiales con la que salpica de tonos rojizos, ocres y dorados sus bosques. Son días para capturar esos momentos fugaces acompañados de olores y sensaciones que transforman esta área protegida en otro parque diferente al verde del verano, por el que pasaron unos 300.000 visitantes entre los cuatro sectores: Ordesa, Añisclo, Escuaín y Pineta. En este año, se espera alcanzar los 600.000.

"Cada vez hay más gente que busca esos colores que hace años pasaban desapercibidos. Simplemente contemplar esos paisajes nos hace felices", explica el naturalista Eduardo Viñuales Cobos, que lo resalta como un atractivo en ese intento de desestacionalizar el turismo. De hecho, el fin de semana del Pilar se tuvo que cortar el acceso en autobús porque ya se habían alcanzado las 1.800 personas, según explica el director del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, Manuel Montes.

Para este puente, también se esperan cifras elevadas de visitantes, sobre todo en el sector Ordesa. "Es el que tiene más tirón, porque fue declarado Parque Nacional en 1918; y el resto se incorporaron en 1982, pero cualquiera merece la pena", indica Montes. En 2014, 203.000 visitaron Ordesa; 174.500, Pineta; casi 174.000, Añisclo; y apenas 39.000, Escuaín.

De hecho, el haya es la protagonista indiscutible en esta época en Ordesa, pero también ocupa el fondo de los valles de los otros tres sectores al abrigo de los barrancos húmedos y de los cañones umbríos, donde se instala la niebla. "También es una lección de clima porque en estas gargantas del Alto Aragón se produce la inversión climática. Las hayas deberían estar en la parte alta y las encinas en la baja, pero sucede lo contrario, porque las primeras buscan el frescor y las carrascas, que son más amantes de la luz y del calor, aparecen colgando en los roquedos de la parte alta de los cañones", detalla Viñuales Cobos. Los hayedos pasan del verde al amarillo para acabar en un dorado viejo, que los convierte en lugares mágicos. Además, en el Pirineo central se mezcla con el abeto blanco –siempre de color verde– y forman espectaculares bosques mixtos.

Los abedules también tiñen los bosques de amarillo mientras que el álamo temblón salpica los barrancos de pequeñas pinceladas rojas. Los arces pasan del verde al naranja y a un rojo muy intenso. Son los colores que afloran cuando desaparece la clorofila de las hojas y la principal paleta cromática –explica Viñuales–, que también se puede encontrar cerca del suelo con matas de arándano que dan el toque rojo, así como en las hojas que cubren los senderos. Porque, aunque el otoño sea como "los últimos coletazos de la vida en la montaña, es un despliegue de vida, como de fuegos artificiales", y un momento en el que fructifican muchos arbustos, como el madroño, en el fondo del cañón de Añisclo.

Entre ellos, de pronto, surgen las setas. Llama la atención por su belleza la amanita muscaria, roja con pintas blancas, pero es venenosa. Además, muy cerca del parque, junto a la carretera de Sarvisé a Fanlo se encuentra el bosque de la Pardina del Señor, compuesto únicamente por especies de árboles autóctonos y considerado como de los más espectaculares de España.

La fauna

La fauna, con múltiples especies diferentes, también ofrece espectáculo en un momento en el que empieza el celo de los rebecos o la parada nupcial de los quebrantahuesos, que ponen sus huevos en diciembre. Además, llegan aves invernantes y otras de paso como son las grullas que atraviesan los Pirineos hacia la Laguna de Gallocanta, el embalse de La Sotonera o el sur de España. También es buena época para ver sarrios o cabras de las rocas, que en estos meses pierden el recelo al haber menos presencia de visitantes y, al nevar en las cumbres, bajan a conseguir alimento a las laderas.

La foto fija ya no es posible. "Son momentos efímeros. Si los coges a tiempo, y este año es muy bonito, es la mejor estampa del parque por el color del bosque caducifolio, que llega a mezclarse con la nieve en las cumbres de Monte Perdido. Incluso a veces ha nevado sobre el otoño", apunta Eduardo Viñuales Cobos. Aún puede suceder.







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