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Fiestas de San Lorenzo

Paquirri abre la puerta grande en la tercera de feria

Francisco Rivera cortó dos orejas y abrió la puerta grande en su regreso a Huesca. Cayetano se desentendió de la tarde y José Garrido cortó una oreja a cada uno de su lote en una floja corrida de José Murube.

A. A. S. Huesca Actualizada 12/08/2016 a las 22:38
Fran Rivera muestra las dos orejasRafael Gobantes

Acompañado de su hermano Cayetano y con algo menos de tres cuartos de plaza, volvía Fran Rivera tras su grave percance del año pasado. Salió por la puerta grande con los mismos argumentos que el capitalista que lo portaba. Le cortó las orejas al que abrió plaza. Un animal impresentable, escurrido y abrochado que se dejó hacer. Recibió un infame picotazo que nadie protestó y sobrevivió a la capea que tuvo por lidia. Se vino arriba en banderillas y lo pagó con creces. Demasiadas precauciones las que tomó el matador.

Lo citó desde la lejanía y jamás lo llevó toreado. Se lo llevó a morir a las peñas y anduvo hábil con la espada. Poca historia para cortar dos orejas. Cortadas, por cierto, con la ayuda de su cuadrilla y la 'inexplicable' lentitud de los mulilleros. Mal, presidente. Con el altísimo cuarto pasó quina. Muy apurado con el capote mandó pegarle en el caballo. Ahí terminó todo. El animal dobló dos veces en la faena de muleta y Fran tuvo motivos para abreviar y matarlo de una contraria. Silencio.

Cayetano se fue de vacío. Pasó la tarde con más pena que gloria y dio el susto tras la voltereta que sufrió pajareando en la cara de su primero. Pasó a la enfermería y salió a matar al segundo de su lote. Mala idea.  Con una rotura de fibras y blanco como el papel, sudó con el manso quinto. Permitió que lo picasen a traición y nunca le cogió el aire. Le dio matarile tras recorrer toda la plaza   en una faena vulgar y ramplona.

El extremeño José Garrido, al que pocos conocían, dio motivos más que suficientes para estar acartelado en más ferias. Quiso hacer las cosas bien. Tremendo con el capote. Unas verónicas y un sensacional quite por chicuelinas fueron su carta de presentación. Con la muleta pecó de exceso de ganas y anduvo demasiado acelerado. Hizo un gran esfuerzo con el bronco tercero y le cortó una oreja. Al sexto, el menos malo de la corrida, trató de lucirlo en un 'lejano' puyazo y le encontró la distancia en la muleta. Dibujó poderosas tandas con ambas manos y, tras dos pinchazos y una estocada delantera, puso fin al tercer acto de la feria cortando una oreja.


 







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