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​Reichel: “Me gustaría montar un restaurante en Huesca de productos de la zona”

La joven concursante de 'Masterchef', residente en Bentué de Rasal, se plantea el futuro entre fogones tras su paso por el programa.

Rosa Calvo. Huesca Actualizada 03/06/2016 a las 12:10
Raquel Pardo, 'Reichel', la concursante oscense de 'Masterchef'.RTVE

Raquel Pardo, bautizada como 'Reichel' en 'Masterchef', se convirtió este miércoles en la última expulsada del programa que emite TVE, pese a haber logrado ser una de las favoritas del público. Durante el concurso se la bautizó como “ermitaña”, por residir en el pueblo altoaragonés de Bentué de Rasal, en el municipio de Arguis, en el que ella y su novio eran los únicos habitantes. Pero a esta joven de 33 años no le acaba de hacer gracia ese perfil que se le adjudicó. “Hay muchos pueblos en los que vivimos poca gente, pero eso no quiere decir que no estemos enterados de lo que ocurre en el mundo, que vivamos de espaldas a las técnicas de vanguardia, tanto en cocina como en otros aspectos”, dice Raquel, que recuerda algunas apreciaciones a ese respecto del jurado que no le acabaron de gustar. “Pepe me dijo que esperaba que hiciera fuego con dos palos”.

A pesar de ello, defiende a ultranza las cualidades de la vida en las montañas de Huesca, en las que se plantea su futuro tras pasar por los fogones más televisivos, a pesar de que ella es originaria de la localidad valenciana de Algemesí. “Estudié agente forestal y se nos presentó la opción de trabajar en Ordesa, por lo que no nos lo pensamos, ya que actualmente es complicado poder dedicarte a aquello en lo que te has formado”, comenta para justificar su llegada al territorio altoaragonés.

“En Galicia hay muy buena carne, eso no lo puede negar nadie, pero el ternasco de Aragón no tiene nada que envidiar”, asegura. Por eso, imagina un posible negocio hostelero en la zona, en el que los productos de cercanía primen en su carta, pero ante todo, tengan cabida todo tipo de comensales. “Yo he ido a sitios en los que la comida era estupenda, pero en el que la sensación era de que estaba fuera de lugar por mi vestimenta, pero yo quiero crear un sitio en el que nadie se sienta incómodo, escuchen rock o música clásica”, asegura.

Y es que sus mechas rosas y su look punk la hicieron destacar dentro del elenco de concursantes que han formado parte de esta edición del concurso, en la que la elaboración de un complicado postre puso punto final a la participación de Reichel. “He pensado mucho en cómo lleve a cabo la última prueba, y solo puedo decir que cometí muchos errores y que en estos casos, es algo que no te puedes permitir”, lamenta la joven, que ha tenido que guardar en los últimos dos meses el secreto de cómo le había ido en el concurso, ya que, al ser grabado, regresó a casa el pasado 22 de abril. Respecto a su posible rivalidad con algunos compañeros en la convivencia fuera de las cámaras, Raquel quita hierro. “Yo solo me centré en cocinar”, dice.

De hecho, la joven se convirtió en toda una experta en las rondas finales del concurso, lo que dice, la hizo sentir que tenía cierta ventaja ante sus compañeros. “El haber estado tantas veces en la cuerda floja siempre hace que temples mejor los nervios”, considera, y admite que las valoraciones de los jurados duelen tanto en directo como se desprende delante de la pantalla. “El hecho de que casi se convierta en un ataque personal lo llevamos bastante mal entre los concursantes”, asegura.

Por ello, se queda con las diferentes 'masterclass' que recibió durante su estancia en el programa. “En este país es muy difícil formarte si no es a base de pagar cursos, y aquí se me presentó la oportunidad de aprender de los mejores”, dice. De todos los chefs que les visitaron, destaca a Rodrigo de la Calle, “que hace una cocina muy de cercanía, como me gusta a mí y propone un maridaje no con vinos, sino con zumos de frutas y verduras”, próximo a su forma de entender la cocina.

Culpa a su amiga Pili de su presencia en el concurso. “En Navidad me dijo que me iba a apuntar a 'Masterchef', y dicho y hecho, nos fuimos a hacer las pruebas en Barcelona”, explica esta altoaragonesa de adopción, que asegura que siempre ha sentido pasión por la gastronomía, en todos los sentidos. “A mí me gusta mucho comer y si quieres hacerlo sin tener que salir de casa, hay que aprender”, explica, y se confiesa una aplicada anfitriona. “Me encanta que venga gente a casa y poder ofrecerles algo rico, además de la compañía”.

Ahora se le plantean nuevos compromisos, a los que no está tan acostumbrada. “El fin de semana estaremos en la Feria del Libro de Madrid firmando ejemplares con Samanta y Pepe”, señala. Pese a ello, no concibe abandonar la montaña, que tantas veces ha reconocido que es su vida, y que tiene claro que integrará dentro del negocio al que poco a poco va dando forma. “Primero quiero aprovechar la oportunidad y seguir formándome. Luego ya se verá”, concluye.







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