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Biescas

Aragón se volcó con las víctimas de una catástrofe sin precedentes

Los expertos coinciden en que Biescas marcó "un antes y un después" en la respuesta a grandes tragedias. La ayuda llegó de todos los sitios y el papel de los voluntarios fue clave.

M. J. V. Huesca 07/08/2016 a las 06:00
Durante varios días se estuvo recuperando cuerpos.Heraldo.

"Estamos en el campin Las Nieves de Biescas. El agua se ha llevado a mi marido y estoy sujetando a mi hijo encima del capó de un coche. Vengan, por favor". Esta llamada, entre gritos y sollozos, llegó al parque de bomberos del Ayuntamiento de Huesca minutos después de las 19.30. "Se cortó. Me imagino que se la llevaría la riada", cuenta el entonces jefe del servicio, Jacobo Morlán. En el parque sonaban a la vez las cuatro líneas telefónicas con llamadas de auxilio de los campistas.

Al mismo tiempo, la primera noticia informando de que el barranco de Arás se había desbordado llegó al Gobierno Civil de Huesca por un radioaficionado. Casi inmediatamente hubo otra de un automovilista a través de un teléfono móvil, entonces muy poco habituales. Los equipos de emergencia se enfrentaban a una catástrofe sin precedentes en la provincia. Se movilizó a bomberos, Cruz Roja, Guardia Civil, hospitales ..., e incluso a unidades militares. Los efectivos del Alto Aragón resultaban insuficientes y llegó ayuda desde Zaragoza o desde Navarra.

Pero si hubo un protagonista en la respuesta a la tragedia fueron los voluntarios, empezando por los vecinos de Biescas. La oleada de solidaridad fue ejemplar y se extendió dentro y fuera de Aragón. Hasta los familiares de las víctimas, destrozados por la pérdida de un hijo o de un marido, tenían entereza para mostrar su gratitud a través de los medios de comunicación.
Desde muchos lugares llegaban mantas, comida y ropa de abrigo. "Salían voluntarios hasta de debajo de las piedras", afirma un responsable de la Cruz Roja. Quienes estuvieron en primera línea aquellos días coinciden en que la respuesta, la de los ciudadanos y la de los profesionales, fue adecuada, teniendo en cuenta que los medios de hace 20 años no eran los de ahora. Afirman que hubo "un antes y un después de Biescas" en la atención a catástrofes de este tipo. Algunas actuaciones, como las de los equipos psicosociales de acompañamiento, se aplicaron luego en el 11-M o en el terremoto de Lorca.


Jacobo Morlán

​​​​​Jefe de Bomberos de Huesca en 1996
"Nos metimos en el agua para sacar gente agarrada a los árboles"


"La carretera estaba cortada y un kilómetro antes nos metimos en el agua para intentar sacar a la gente que estaba agarrada a los árboles. Un compañero no puede olvidar que encontró algo hundido en el barro que creía que era una rama de un árbol y era un brazo. Fueron muy pocas las personas que encontramos con vida", recuerda Jacobo Morlán. Fue uno de los primeros en llegar, junto a otros tres bomberos del parque de Huesca. También acudieron rápidamente los vecinos de Biescas porque se corrió el rumor de que algo había pasado en el campin Las Nieves. "Vinieron guardias civiles, movilizados desde todos los cuarteles de la provincia, la Cruz Roja, la DYA de Navarra con grupos electrógenos...", explica. Hubo que preocuparse incluso de afrontar el pillaje en las caravanas. Morlán considera que se respondió bien a la emergencia pensando en que en 1996 los medios de protección civil eran más limitados, empezando por las comunicaciones. Él era uno de los pocos que disponía de un teléfono móvil.

La primera noche, poco se pudo hacer porque no había luz, pero al amanecer se vio la verdadera dimensión de la riada y la aparición de los restos, rescatados del barro o de entre los vehículos, fue un dramático goteo. "Sacamos bastantes cuerpos, algunos de entre los coches, que había que remover con grandes máquinas". Al día siguiente se habían recuperado 75 cadáveres.

Cada vez que Jacobo Morlán pasa por allí resuena en su cabeza el ruido de las piedras que bajaban por el río. Pero si algo le dejó huella es la marea solidaria tras la tragedia, de los vecinos de Biescas y por extensión de todas las localidades cercanas, sobre todo Sabiñánigo y Jaca. "Todo el mundo se volcó".

Amparo Claver
Maestra de Biescas
"Llegó comida de muchos sitios, y hasta zapatos de Valencia"


Una de las personas que estuvo al frente de esta marea solidaria fue Amparo Claver, maestra y concejala de Biescas. "Fue un movimiento espontáneo pero muy bien organizado. Lo han puesto como ejemplo cuando han pasado otras catástrofes en España y casi resulta milagroso cómo funcionó". Era verano, cuenta, y la población en Biescas se había multiplicado por seis o por siete. También los veraneantes ayudaron, cada uno en lo que pudo.

Los campistas supervivientes, mojados y temblando de frío, sin nada que ponerse, se repartieron la primera noche por las casas del pueblo. Había que atenderlos a ellos, pero también a cientos de integrantes de los equipos de emergencia. La escuela, el polideportivo y la residencia de la tercera edad daban auxilio en esta situación.

"La cocinera del colegio inmediatamente empezó a hacer caldo y leche caliente porque la gente venía con los labios morados. Llegó comida de muchos sitios, incluso pan de Hecho, de Jaca... y hasta una furgoneta con zapatos de Valencia". La intendencia se mantuvo en el colegio casi un mes, alimentando algunos días a 400 personas.

Amparo Claver recuerda como otros maestros acompañaban a los familiares a los escenarios del dolor y no los dejaban ni a sol ni a sombra. "Todos los vecinos de Biescas, al pasar por el campin, nos acordamos. Durante mucho tiempo nos dejó una tristeza muy grande. El alcalde de Los Alfaques nos dijo que este dolor nos iba a durar muchos años, y así fue. Ver a la gente sonámbula buscando a su familia y no encontrarla es un recuerdo imborrable", explica Claver.

Óscar Gracia
Responsable de cruz roja
"Fue la primera vez que se hizo acompañamiento a las familias"


El apoyo psicosocial a las familias que acudían al improvisado tanatorio en el Palacio de Hielo un día tras otro jugó un papel trascendental. En Biescas nacieron los Eries de Cruz Roja (Equipos de Respuesta Inmediata en Emergencias). "Era la primera vez que se hacía acompañamiento a los afectados y a las familias, por ejemplo en el momento del reconocimiento de los cuerpos", explica Óscar Gracia, coordinador de Preventivos y Emergencias de Cruz Roja. No existía una formación específica al respecto. "Detectamos esa debilidad. No teníamos gente formada. Muchos voluntarios quedaron tocados por lo que vieron y también había que atenderlos", añade.

Él mismo rememora imágenes terribles. "Nada más llegar tropecé con algo, un niño de 5 o 6 años muerto en el puente de Oliván". Cruz Roja desplegó todas las ambulancias de la provincia, más de 20, y de otras llegaron más medios. "Los recursos de entonces nada tienen que ver con los de ahora. La ambulancia era un vehículo con cuatro ruedas y poco más y la formación del personal era muy básica. Biescas sirvió para poner en marcha nuevos protocolos de actuación".

Luis Estaún
Alcalde de Biescas
"Se corrigió tanto el cauce que no había sensación de riesgo"


"Cuando llegué y vi lo que ocurría llamé al gobernador y le dije: ‘Esto es un desastre, mándanos todos los medios que tengas’. Había gente mojada deambulando, la carretera estaba cortada y se había ido la luz. Pensaba en heridos, en un problema de logística para atender a mucha gente sin alojamiento, no en muertos. En el campin llovía y había bruma, casi no se veía. Me di cuenta de la dimensión de la tragedia a las pocas horas, cuando trasladaban los cuerpos en camiones a Escuer", explica Luis Estaún. Llevaba un año como alcalde y todavía lo es.

"Biescas se ha puesto como ejemplo de gestión de una catástrofe", señala. En su opinión, la asistencia fue bastante eficiente. El primer reto era realojar a muchas personas y esa noche se hizo en casas particulares. Sí reconoce caos en las primeras horas porque no contaban con la lista de afectados (rescatada luego del ordenador del campin), ni sabían a cuánta gente había sorprendido en la carretera. "La parte más estresante fue determinar cuánta gente había en ese momento", comenta, y la situación más dura, "cuando llegaron campistas al Ayuntamiento a preguntar por sus familiares".

Los servicios de protección civil de la zona estaban en mantillas, eran trabajadores municipales voluntarios, así que los bomberos vinieron de fuera. También se recurrió al Ejército porque había que batir una zona muy extensa del cauce. Luego hubo una lluvia de ofrecimientos espontáneos, entre ellos ayuntamientos y estaciones de esquí que proporcionaban maquinaria para sacar coches. "Nos vimos desbordados por la solidaridad".

Respecto a la responsabilidad del Ayuntamiento, asegura que nunca se fue consciente del peligro. "Convives con los barrancos. En un cono de deyección tenemos Escuer, Orós Bajo, el parque de Sarratiecho... Se corrigió tanto el cauce de Arás que se perdió esa sensación de riesgo, aunque el peligro existía, como por desgracia pudimos comprobar".

Sobre el polémico uso de los terrenos para hacer un campo de tiro de un club de Sabiñánigo, recuerda que hubo muchas ideas que se fueron descartando una tras otra por inadecuadas. "La instalación deportiva no conllevaba un uso intenso ni peligroso de los terrenos. Hay que hacer algo, no se puede dejar abandonado", dice. "Si luego existe un clamor para que no se haga, igual hay que reconsiderarlo, porque lo hemos debatidos internamente en el Ayuntamiento, pero no ha habido modo de contrastarlo".

La oportunidad será el día 7 de agosto, cuando los afectados participen en el homenaje organizado por el Ayuntamiento. Este llega tarde, opinan algunos. Sin embargo, Luis Estaún cree que "la distancia en el tiempo nos permite a todos abordarlo con más serenidad".







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