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Huesca

Una montañera rescatada en el Aneto rehusó recibir atención médica en Huesca

Su acompañante defiende la decisión y dice que la evacuación en helicóptero estaba “más que justificada”

María José Villanueva Actualizada 07/05/2016 a las 23:32
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Una montañera madrileña de 42 años, evacuada del glaciar del Aneto tras un complicado rescate debido a la altitud y las condiciones meteorológicas, rechazó ser trasladada a un centro hospitalario y quiso que la unidad aérea la dejara en el parquin donde tenía el coche.

La mujer iba acompañada por un hombre, de 56 años, al que también trasladó el helicóptero. El aviso de socorro se dio minutos antes de las 16.00 del jueves, informando que estaban practicaba esquí de travesía en el glaciar, a más de 3.000 metros de altitud, pero no podían continuar porque ella sufría un fuerte dolor en una rodilla. La unidad aérea de Huesca voló hacia el glaciar del Aneto junto al médico del 061 y dos agentes del grupo de rescate de Benasque. En pleno vuelo, los pilotos decidieron dejar a uno de los especialistas en un refugio de la zona para aliviar peso al helicóptero debido al viento y a la altitud, ya que a más de 3.000 metros el motor tiene limitado su rendimiento.


Una vez en el glaciar, el médico revisó a la accidentada y se decidió evacuarla. Sin embargo, ella declinó ser trasladada a un hospital para recibir asistencia sanitaria y solicitó que la llevaran hasta Llanos del Hospital, donde había dejado aparcado su vehículo. Después de hacer este vuelo, el helicóptero tuvo que regresar para recoger al otro esquiador y finalmente hizo un tercer viaje para ir a por el agente que se quedó en el refugio, según informaron fuentes de la Guardia Civil. El rescate duró más de dos horas y media.


Un compañero de travesía de la accidentada, que además es profesional del rescate en montaña de los bomberos de la Comunidad de Madrid, justifica que se marchara sin pasar por el hospital y al mismo tiempo defiende la necesidad de realizar la intervención “porque si no se la sacaba de allí de forma inmediata, aquello hubiera podido acabar mal”. La mujer iba con un grupo de seis personas. Descendía con esquís de travesía del Aneto cuando sufrió una caída, aparentemente no muy grave, pero que le ocasionó rotura de ligamentos cruzados y menisco.

Un compañero bajó al refugio de la Renclusa a pedir ayuda porque no había cobertura en la zona mientras el resto la ayudaban a descender para evitar una zona de nubes pensando en la posible llegada del helicóptero.

“La evacuación estaba más que justificada”, defiende el montañero que se quedó con ella y que, según aseguró, estaba preparado para hacer un vivac si el aparato no llegaba a causa del mal tiempo. Respecto a su propio traslado por aire, comentó que él podía bajar solo, pero era tarde. “En Madrid lo que hacemos, en un caso así, si hay riesgo, es no dejar a una persona sola en condiciones difíciles. Yo entendía que ellos iban a volver a por mí, y de hecho es lo que hicieron. Ellos valorarían que si me quedaba solo me podía pasar algo”.

Afirma que la accidentada, enfermera del Samur de Madrid, pidió al médico del 061 irse a tratar la lesión en la capital española.

No es la primera vez que ocurre un hecho similar. El año pasado, una montañera de Barcelona de 23 años pidió ayuda desde el refugio de Góriz por un fuerte dolor en el dedo gordo del pie derecho. Al lugar acudieron los especialistas con el helicóptero y el médico del 061, que pronosticó una posible fractura. Tras trasladarla a Benasque, la joven rehusó la atención médica argumentando que iba a regresar con una amiga en bus a Barcelona, donde ya acudiría a un centro sanitario.







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