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Barbastro

"Le puso pasión a todo lo que hizo en la vida, incluido el último instante"

La viuda del agente agradeció el respaldo recibido en el funeral, al que asistieron miles de personas.

J. L. P./M. J. V. Barbastro/Huesca Actualizada 07/03/2016 a las 21:49
Los vecinos del municipio oscense han mostrado su repulsa por la muerte del Guardia Civil arrollado en un control de tráfico

El guardia civil José Antonio Pérez recibió ayer un multitudinario adiós en Barbastro. No se recuerda una manifestación de duelo tan masiva, con presencia de miles de barbastrenses y personas llegadas de fuera. La catedral se quedó pequeña para asistir al funeral y muchos esperaron la salida del féretro en los aledaños.

La viuda del agente, Pilar Formento, dio las gracias en su nombre, el de su hija y el de toda la familia, a los compañeros de la Guardia Civil, a las autoridades y, en especial, "al pueblo de Barbastro y alrededores, que nos han mostrado su cariño en estos momentos que tanto lo necesitábamos, y que también nos acogieron desde el principio". Era "un hombre de corazón grande, noble y honesto que le puso pasión a todo lo que hizo en la vida, incluido el último instante", añadió, en un mensaje que se difundió a través de las redes sociales de la Guardia Civil.

Destacaba la presencia de muchos de sus compañeros de cuarteles de toda la provincia e incluso del resto de Aragón. También se sumaron al duelo bomberos, policías locales y personal de Protección Civil. "Era un gran compañero, el más mayor de todos y el que más joven parecía de espíritu, el más trabajador y el que siempre estaba para echarte una mano. Lo vamos a echar mucho de menos", decía entre sollozos Pilar, agente de la agrupación de Tráfico de Barbastro, donde estaba destinado el fallecido.

Otro de los compañeros de atestados, Juan Manuel Solana, sentía "impotencia y rabia". "Han sido unos días durísimos", describía. Miguel Ángel Márquez fue el agente encargado de leer unas palabras al término del funeral. "Estamos acostumbrados a vivir momentos desagradables pero cuando lo sufrimos en nuestras carnes es horrible. No hay palabras para expresar esta forma de terminar".

El féretro llegaba a la catedral pasadas las 13.00. Le esperaban las autoridades, encabezadas por el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz; el presidente de Aragón, Javier Lambán; y el alcalde de Barbastro, Antonio Cosculluela, entre una numerosa representación de la clase política. Notable fue también la presencia de representantes de las fuerzas de seguridad del Estado: el general en jefe de la Octava Zona (Aragón) de la Guardia Civil, Antonio Tocón; el coronel de la Comandancia de Zaragoza, José Hermida; el teniente coronel de Huesca, Vicente Reig; o el teniente coronel de Tráfico de la zona de Aragón, José López Galiano.

Los restos mortales del guardia, portado por seis compañeros de Barbastro, entraban en la antesala del templo a los sones de la marcha fúnebre y el himno nacional, interpretado por la banda de música de la Guardia Civil de Madrid. A la salida, sus compañeros interpretaron ‘La muerte no es el final’, homenaje a los fallecidos, y el himno de la Guardia Civil.

Si llamativa fue la presencia de las fuerzas de seguridad, no lo fue menos la gran marea de ciudadanos que quisieron despedirlo. Desde Barcelona llegó Pedro Alba, aficionado a las motos como José Antonio Pérez. "No lo conocía, pero quería estar con este compañero motorista", explicó. También la Asociación Down estuvo presente. La viuda se encontraba con usuarios de esa entidad, con la que colabora, cuando recibió la terrible noticia.

Crespones negros y camisetas

El obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez, ofició una emotiva eucaristía en la que transmitió las condolencias del obispo emérito Alfonso Milián; del arzobispo de Barcelona Juan José Omella; y del arzobispo de Zaragoza, Vicente Jiménez. "No vale todo. Cuando no se respeta ni la dignidad del ser humano, el mundo se transforma en una jungla. Hoy no pedimos justicia por esta inexplicable muerte sino agradecimiento por los servicios a los barbastrenses", afirmó el obispo, que entregó la medalla de la Misericordia a la viuda.

El dolor se notó incluso en los actos deportivos. En el partido de la U. D. Barbastro se guardó un minuto de silencio y los jugadores portaron brazaletes negros. También en la Carrera de la Mujer hubo minuto de silencio, y muchas participantes corrían con crespones negros y con el nombre de Pepe en sus camisetas.







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