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Opinión

Aragón, tierra de bienes

El término ‘posverdad’ resume muy bien lo que ha ocurrido con Sijena, ya que los hechos objetivos se han visto enmascarados por las apelaciones a las emociones.

Mayte Pérez Esteban 04/01/2018 a las 05:00

Durante los pasados días, he podido leer y escuchar una gran cantidad de comentarios que ponían en duda el traslado de las piezas de arte aragonesas al monasterio de Sijena, una actuación llevada a cabo tras una providencia judicial y varias sentencias que, han ido dando la razón, sucesivamente, a las peticiones realizadas desde nuestra tierra. Y que se realizó con todas las garantías gracias a un magnífico y dedicado trabajo de los técnicos de la Comunidad y al apoyo de las fuerzas de seguridad del Estado, a las que hay que felicitar también por su diligencia en el operativo que tuvo como resultado el regreso de los bienes.

El pasado 2016, el término ‘posverdad’ fue elegido como palabra del año en nuestro país. Una expresión que resume muy bien lo que ha ocurrido en este caso, ya que quiere decir que los hechos objetivos se ven enmascarados por las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. Así parece haber pasado con los bienes de Sijena: lo que a algunos les gustaría que hubiera ocurrido, los argumentos que esgrimen para mostrar su descontento, les han dejado poco espacio para la realidad. Y la realidad no es otra que estas piezas son aragonesas. Lo son porque lo dicta la Justicia, y porque son parte de un conjunto indivisible, el monasterio de Sijena, que fue declarado Monumento Nacional en 1923 y, por tanto, protegido, incluidos todos sus bienes. Por este motivo, estas obras no podían venderse sin el visto bueno de las administraciones. Y por ello, los contratos de venta de estas piezas fueron declarados nulos.

Otro argumento de esta posverdad que parece haberse instalado en nuestras vidas, y que es más propio de una invención para justificar un anhelo que de una objetividad en un caso que no admite interpretaciones, es la creencia desde un sector de la sociedad catalana de que los bienes han retornado por la aplicación del artículo 155. Nada más lejos de la realidad. Que la autorización del juez para la recogida de las obras en Lérida haya coincidido con la campaña electoral en la Comunidad no quiere decir que el Gobierno central haya posibilitado las cosas para Aragón; más bien al contrario.

En primer lugar, la Generalitat, con su responsable de Cultura al frente (en estos momentos, el ministro Méndez de Vigo), debería haber enviado las piezas a Sijena, como hizo el verano de 2016 con las obras que se retenían en el MNAC, y como insistentemente le pedimos desde Aragón. La posibilidad de ir a buscarlas a Lérida, como el propio juez expresaba en su providencia, era la última opción, el último recurso. Y se tuvo que hacer así porque las autoridades catalanas, con el ministro a la cabeza, desatendieron esta solicitud, incumplieron la providencia. Aun cuando desde el Departamento de Educación, Cultura y Deporte le habíamos ofrecido todo el operativo que ya estaba diseñado y preparado para proceder al retorno. No fue así. Y la madrugada del 11 de diciembre tuvo que ser Aragón el encargado de proceder al retorno.

Si el 155 hubiera actuado como palanca para permitir el retorno de los bienes de Sijena, el propio Gobierno central no hubiera interpuesto hasta dos recursos contra la decisión judicial, criticando nuestra capacidad para acometer este traslado y la posterior conservación de las obras, actuando de forma insultantemente parcial en contra de los intereses de Aragón y de los aragoneses.

Mientras en las Cortes Aragonesas, el presidente Javier Lambán agradecía a todos los partidos que han participado a lo largo de los años en este retorno y conminaba a toda la Cámara, sin distinción de signo ni ideología, a trabajar juntos para la vuelta de las pinturas murales o las 112 piezas del Aragón Oriental, el PP y el Gobierno central están actuando de una forma descaradamente partidista con los bienes de Sijena, en un lamentable capítulo que debería estar cerrado.

Por tanto, es importante recordar y dejar claro que las tesis en las que han basado los independentistas catalanes sus acusaciones en contra de este retorno de los bienes de Sijena se demuestran falsas, en un ejercicio más de victimismo que de análisis de la realidad. Las piezas han vuelto porque así debían hacerlo desde hace dos años, aunque la Generalitat desatendiera una y otra vez las solicitudes judiciales que le obligaban a ello. El caso de Sijena, además, no es un asunto político, por más que desde distintas instancias se trate de deconstruir la historia para tratar de desacreditar su retorno, sino de justicia. En todas las acepciones de la palabra.

Porque, a pesar de los obstáculos que nos hemos encontrado para nuestra sorpresa e indignación, Aragón es una tierra de bien, y de bienes. Y desde el Gobierno de Aragón seguiremos trabajando por preservarlos y continuar reclamando todo aquel patrimonio de nuestra tierra que salió de manera ilegal.





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