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Bienes de Aragón

El Museo de Lérida todavía mantiene expuestas diez obras del monasterio de Sijena

La gran mayoría podría ser objeto de un nuevo litigio por su vuelta, por la fecha y la forma de su depósito.

Las obras de Sijena

El Museo de Lérida sigue exhibiendo una parte importante del tesoro artístico de Sijena. En sus salas, todavía hay expuestas diez obras procedentes del monasterio, a las que se suman otras existentes en la zona de reserva, fuera del alcance del público. Ninguna de ellas ha sido reclamada todavía. No obstante, la gran mayoría son susceptibles de un nuevo litigio, ya que se encuentran en depósito (probablemente irregular) y además salieron después de 1923.

Ahora mismo, pueden verse dos esculturas, cuatro tablas, dos cuadros, una predela y una silla prioral. En este último caso, se trata del trono de doña Blanca de Aragón y Anjou, que fue priora del monasterio de Sijena entre los años 1321 y 1347. La pieza, del siglo XIV, era un símbolo de poder y estaba confeccionada con el fin de presidir el coro de la iglesia. De acuerdo a su descripción, está decorada con hermosas pinturas, de estilo gótico, que incluyen una representación de cuerpo entero de doña Blanca. De igual modo, en el reverso, aparece la virgen flanqueada por dos ángeles. Del conjunto, es una de las más valiosas y sin duda, la más llamativa, dadas sus grandes dimensiones.

Además de ella, hay una talla de la denominada Virgen del Parlatorio (Locutorio), que formaba parte de un retablo situado en el claustro, así como una figura mayor, del siglo XVI, una virgen yaciente, que lleva por título ‘La dormición de la Virgen’. A ello, se unen cuatro tablas del altar mayor, del siglo XVI, que se corresponden con San Agustín, San Ambrosio, San Pablo y San Pedro. A su lado, hay otros dos cuadros. En uno de ellos, aparecen Santa Eulalia y Santa Úrsula y en el segundo, Santa Lucía y Santa Águeda. Ambos son muy similares y están datados en el primer cuarto del siglo XVI. La colección se completa con la predela del retablo de la Inmaculada que, según indica el cartel adjunto, podrá exhibirse completo cuando finalice su restauración. Al lado del banco expuesto figura una imagen del resto del conjunto, que está fechado en la mitad del siglo XVI y que fue después repintado. A todo ello, hay que sumar las obras que están en la reserva del museo, en la zona de almacén, entre ellas, algunos historiadores destacan una talla de San Gregorio o, por ejemplo, fragmentos del retablo de San Pedro.

Hasta el 11 de diciembre, el Museo de Lérida contaba con otras 44 obras de Sijena, que ya están en el monasterio monegrino, tras la incautación forzosa ordenada por el magistrado del juzgado número 1 de Huesca. De ese lote, falta una, un óleo de la Inmaculada, que fue extraviado y cuatro días después localizado, lo que permitirá su regreso al cenobio.

De las 10 piezas aún expuestas, nueve salieron con seguridad de la misma forma que las 44 recuperadas, es decir, todas excepto una, la silla prioral de doña Blanca, de la que existen algunas dudas. Según diversos historiadores, pudo trasladarse durante los primeros años del siglo XX, lo que podría complicar su regreso, especialmente si llegó antes de que el monasterio fuera declarado Monumento Nacional en 1923.

A partir de esa fecha, cualquier salida es irregular, al romper la unidad del conjunto protegido. Desde el Museo de Lérida defienden que fue una donación de la priora de Sijena, Angelita Opi, al Obispo de Lérida, lo que parece poco probable dada la mala relación entre ambos. De una u otra manera, el centro expositivo no ha mostrado documento alguno que acredite dicha donación.

El resto de las obras llegaron en los años setenta. Tras el incendio de 1936, los vecinos rescatan gran parte del tesoro artístico de Sijena, que se dejó en la plaza de los oficios y desde allí, se trasladó al Museo del Pueblo de Lérida.

Tras un largo periplo, las obras vuelven al monasterio en 1948 y salen de nuevo en los camiones enviados por el entonces Obispo de Lérida, Ramón Malla, que aprovechó la ausencia de las monjas de Sijena, que tan solo unos meses antes habían sido obligadas a marchar durante el desarrollo de unas obras. Al haber salido después de la declaración de Monumento Nacional, la vuelta de estas obras podría resultar sencilla, ya que su salida fue ilegítima, fraccionando un conjunto indivisible.





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