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Montalbán

Montalbán: tras los pasos de Julio Verne

La espeleología marca la existencia de Montalbán, localidad en la que opera el único club turolense sobre esta disciplina. Juan Carlos Gordillo es uno de sus fundadores y un activista cultural.

Actualizada 20/11/2017 a las 08:52
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Aparentemente es una casualidad que surgiera hace 23 años el primer club de espeleología turolense en Montalbán, el pueblo enclavado en la comarca Cuencas Mineras con más cuevas-bodega de la provincia de Teruel adosadas a un pasadizo subterráneo de época medieval. Pero quien sabe si fue esta circunstancia la que anidó en el subconsciente de Juan Carlos Gordillo –vicepresidente y uno de los fundadores del Espeloclub Farallón– la idea de convertirse en un explorador del subsuelo de la tierra.

Gordillo ha descendido a las profundidades de más de 500 cuevas de la provincia, pero recuerda con especial cariño cuando en su infancia, junto con los demás niños del pueblo, inspeccionaba en busca de aventura una enorme oquedad que una bomba de la Guerra Civil abrió en uno de los estribos que sujetan la hermosa y emblemática iglesia mudéjar de Santiago. Los restos del destrozo todavía se pueden adivinar hoy en día por las huellas que los nuevos sillares de piedra utilizados para reparar el desperfecto dibujaron en el contrafuerte del templo.

 

Si este boquete dejó una huella imborrable en la mente infantil del espeleólogo turolense, la cueva de ‘El Greñicas’ trazó definitivamente la senda de su afición. La cavidad se encuentra en la Muela, una montaña simbólica para la población de Montalbán porque la sustenta una leyenda sobre un vecino que tuvo problemas con la Justicia a principios del siglo pasado y la usó como refugio. No son raros, sin embargo, los mitos asociados a las grutas, ya que, como asegura Gordillo, "casi todas tienen detrás su patrimonio inmaterial".

El espeleólogo se vanagloria de haber explorado la mayor parte de las cavernas de la provincia de Teruel, pero insiste en que la última frontera "se encuentra bajo tierra", haciendo alusión a que en la superficie terrestre se tiene constancia de toda su orografía, pero quedan cientos de miles de cavidades sin explorar: "Se dice que no se conocen ni la mitad de las existentes en el mundo".

El club de espeleología, un deporte-ciencia, como lo define Gordillo, cuenta con 35 socios de toda la comarca de Cuencas Mineras, incluido algún miembro procedente de Zaragoza. Todos ellos son voluntarios que, además de dar rienda suelta a su afición, se dedican al estudio y topografía de las cuevas. "Con todo el bagaje que habíamos acumulado –explicaba el espeleólogo– decidimos hace 11 años crear la revista anual ‘Cija de Teruel’".

Esta publicación viene a engrosar la abultada biblioteca que dispone el club en el edificio Ìtaca, un centro surgido al calor del Miner ­–programa que garantiza compensaciones económicas a los pueblos afectados por el cierre de las minas de carbón– que acoge a parte del importante tejido asociativo que hay en Montalbán. Figuran la Asociación Cuatrineros, que se encarga de la gestión del observatorio astronómico, una gran cúpula instalada en su último piso, pero también destacan las asociaciones de guías turísticos y de las amas de casa.

La biblioteca está abierta a todos los interesados en la materia. Hay libros monográficos, entre los que tienen un papel relevante las publicaciones realizadas por el espeloclub Farallón: ‘Guía de cavidades y arte rupestre del Parque Cultural del Río Martín’, ‘Cavidades de Teruel’ y ‘Guía de cavidades de la Comarca Cuencas Mineras’. En sus vitrinas se exhiben equipos de espeleología de los años sesenta, como los usados por Eustaquio Castellano, autor del primer catálogo de espeleología de la provincia, y por Francesc Subils, un pionero de mediados del siglo pasado y descubridor de la Cueva de las Graderas, en Molinos.

El declive de la minería ha hecho estragos en el pueblo, empezando por su población, que de los 3.600 habitantes con que contaba hace veinte años ha pasado ahora a 1.335. El esqueleto de un hotel cuyas obras quedaron paralizadas en 2008 o la fachada a punto de desmoronarse del mítico cine ‘Las Vegas’, muestran una situación de regresión difícil de subsanar. Existen, no obstante, once bares, que nadie se explica cómo subsisten.

El deterioro se extiende al barrio judío o a la calle Mayor, algunas de cuyas hermosas casas deshabitadas han sido adquiridas por peñas festivas. Entre todo, se proyecta con un futuro más prometedor el Centro de Interpretación de Geología y Espeleología, un espacio turístico habilitado en una antigua bodega de elaboración de vino, que, por sus dimensiones, se cree perteneció a la Iglesia. En el recinto se muestran maquetas de las cuevas más emblemática de la comarca, como las simas de SanPedro, de Oliete, y del Portillo de Torre de las Arcas.

La antigua bodega, en la que se han rescatado las estructuras más importantes en la elaboración del vino, profundiza en la tradición vitivinícola de Montalbán, remontada al siglo XVII.

La iglesia-fortaleza mudéjar, sede aragonesa de la Encomienda de la Orden de Santiago

Por encima de todo el conjunto patrimonial de Montalbán destaca el impresionante templo dedicado a Santiago el Mayor, uno de los pocos ejemplos de iglesia-fortaleza de Aragón.

Construida entre los siglos XIII y XIV en una ladera del Monte Albano, reproduce un modelo de planta gótica levantina. La iglesia fue levantada tras ser constituida en la villa durante el primer cuarto de siglo XIII la sede de la Encomienda de la Orden de Santiago de la Corona de Aragón. Se caracteriza por haber sido construida con dos materiales: piedra de sillar y ladrillo, este último utilizado, según los estudiosos, debido con toda probabilidad a la escasez de material en las canteras de la zona. La torre es el elemento más interesante de la fábrica gótica y destaca la estructura de doble torre de las típicas construcciones mudéjares.

Fue declarada en 1931 Bien de Interés Cultural Nacional, y entre 1984 y 2010 se llevó a cabo un plan de restauración del exterior del templo. Cerrada al culto, actualmente está pendiente de financiación de la reforma interior para su aprovechamiento turístico.

La ferretería de Aquilino, una tienda de los años cuarenta inalterable al paso del tiempo

Es todo un clásico y una visita obligada para todo aquel que viaje a Montalbán. La ferretería de Aquilino, nombre con el que todo el mundo conoce a este establecimiento inalterable al paso del tiempo, es una tienda como las de antes, con estantes repletos de objetos diversos, apilados dentro de viejas cajas de cartón y hojalata.

Los intentos de Agustín Benedicto, su propietario, por que los vecinos le llamen por su nombre han sido inútiles. La tienda siempre será la de Aquilino, su tío, del que heredó el negocio abierto en 1940 y en el que permanece desde los 16 años.

Desde entonces, no ha cambiado prácticamente nada y conserva como verdaderas reliquias del pasado la antigua balanza, el medidor de aceite a granel y el molinillo de café. Es probablemente el único vecino de la provincia que aún conserva un teléfono de góndola para comunicarse con el exterior. Por supuesto no dispone de internet ni de ordenador o caja registradora. Toda la contabilidad la realiza manualmente.

En el establecimiento se pueden encontrar bobinas de hilo, clavos, pero también juguetes, flores de plástico y semillas y abonos.

 

LOS IMPRESCINDIBLES

Observatorio en el edificio Ítaca

Estas instalaciones, que cuentan con un telescopio y sala de proyecciones en el planetario, están disponibles desde el año 2007 para visitas turísticas, grupos de escolares y aficionados a la astronomía.

Restos de muralla

En lo alto del Monte Albano se conservan las ruinas del complejo formado por castillo medieval y convento, destruido durante la primera Guerra Carlista. En el siglo XIIpertenecía al señor de Albarracín.

Barrio de Peñarroyas

A 6 kilómetros de Montalbán, ese barrio pedáneo conserva el encanto de la arquitectura tradicional y un paisaje espectacular. Destacan El Portillo, una senda de herradura, así como el mirador y el pozo Boyetes.

-Ir al especial 'Aragón, pueblo a pueblo'.

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