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Ariño

Ariño: El juez de paz que se llevó un susto de muerte

José Antonio Oliete ha simultaneado la innovación hostelera en el Bahía con el servicio público en diferentes entidades.

Imágenes de Ariño en 'Aragón, pueblo a pueblo'

José Antonio Oliete está al frente del bar−restaurante Bahía en Ariño desde 1981, pero a lo largo de esa trayectoria ha ejercido muchas otras actividades. La más señalada, sin duda, es la de juez de paz durante doce años, amén de una concejalía municipal y el puesto de consejero de turismo en la comarca. Recién entrado en la sesentena, disfruta de su negocio y sigue empeñado en aportar su granito de arena al mejoramiento de Ariño en el plano socioeconómico.

Su historia en el mundo de la hostelería se remonta a la década de los setenta. "Nací aquí −explica José Antonio− y me fui a Barcelona a los 16 años a trabajar en los hoteles. Luego estuve en Zaragoza e hice la mili en la Escuela del Estado Mayor de Madrid. Volví a Zaragoza y cuando llevaba apenas tres meses, surgió la posibilidad de coger este bar".

José Antonio ha ido más allá de los afanes hosteleros, aunque el deseo de mejorar su negocio nunca haya menguado. "Me he dedicado mucho al servicio público. Como juez de paz he visto cosas de las que te hacen fuerte para afrontar los reveses de la vida, como el levantamiento de cadáveres; no llegué a hacer juicios de faltas con sanciones, porque la ley me facultaba para ello pero no me parecía responsable hacerlo sin una formación legal adecuada. Fui concejal cuatro años con Joaquín Noé, que sigue de alcalde, y pasé ocho como consejero de turismo en la comarca".

Debut macabro

Como juez de paz, las anécdotas recordadas por José Antonio son legión, pero hay una que recuerda de un modo especial. En su día casi le cuesta un infarto. "Casar a la gente era bonito, también los actos de conciliación, pero cuando tuve que asistir a mi primer levantamiento de cadáver... en fin. Fue de noche, mataron a un señor que vendía chucherías en el pueblo. La juez no podía venir y delegaron en mí. Lo pusimos en una sala del cementerio, estábamos dos personas: mi compañero se puso a acondicionarla mientras yo me quedaba fuera con el muerto, que estaba sobre una camilla. Entonces sentí que me tocaban la pierna; la camilla estaba un poco en pendiente, y el brazo del muerto me había golpeado. por si fuera poco, al día siguiente, en la autopsia, me desmayé".

Para José Antonio, encontrar eco para su espíritu renovador en el Bahía ha sido una satisfacción. "Este era un bar clásico de pueblo, donde no se movía la decoración. Hice varias reformas para dejarlo a mi gusto, aunque algunas fueron a la fuerza, porque me destrozaban cosas cuando la fiesta se iba de las manos o la gente se desahogaba de sus problemas; hasta la cisterna de un baño me arrancaron una vez. Ahora cuento con el respeto de los clientes, y trato de ofrecer el mejor servicio tanto en el bar como en la zona del restaurante".

En el área política José Antonio plantea matices fundamentales. "Aquí no se manejan las cosas como en las ciudades. Había una serie de metas, como terminar una torre a medio hacer, agrandar el cementerio, ejecutar la tercera y cuarta fase de las obras del Balneario hasta completar las habitaciones actuales, a las que ahora se suman bungalows, mejorar y ampliar la residencia hasta las 58 plazas... no fue una legislatura de innovar, como hubiéramos querido, pero acabamos cosas que estaban a medias y manejamos el pequeño presupuesto disponible lo mejor que pudimos".

LOS IMPRESCINDIBLES

El balneario

Se trata de un poderoso reclamo para el turismo local. El agua mineromedicinal del balneario de Ariño ha sido declarada de utilidad pública para el tratamiento de diversas patologías.

Movimientos mineros

El 31 de diciembre de 2016 se cerró la mina subterránea de Ariño. Los 15 trabajadores que laboraban en ella se incorporaron a la plantilla de la mina a cielo abierto que opera Samca en la localidad.

Joaquín y Javier Macipe

El escultor y el director de cine son hijos de ariñenses. La obra de Joaquín está presente en el pueblo, mientras que Javier −candidato al Goya hace dos años− rodó su primer corto en el municipio

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