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Tarazona y Moncayo

Viaje en globo sobre el Moncayo: Un paseo entre nubes y garnachas a vista de pájaro

La Ruta de la Garnacha organizó este miércoles un viaje en globo sobrevolando el monasterio de Veruela, Vera o el Parque Natural del Moncayo para promocionar una de las alternativas de turismo de ocio que potencia la ruta.


Volando a un mínimo de cien metros sobre el suelo y en una burbuja de aire caliente, todo se ve diferente. El paisaje se transforma en un auténtico espectáculo bajo los pies, donde las garnachas -que dan nombre a todo un imperio- comparten protagonismo con el Parque Natural del Moncayo, el monasterio cisterciense de Veruela o las panorámicas de los cascos urbanos de Vera, Trasmoz o Lituénigo. Otra forma de "dar la cara y no la espalda" al paisaje de una zona declarada Espacio de Interés Turístico de Aragón –la segunda que consigue esta declaración en la Comunidad–. Esta vez, eso sí, a vista de pájaro.

La Ruta de la Garnacha organizó este miércoles un viaje en globo aerostático para dar a conocer los tesoros paisajísticos, naturales y patrimoniales del entorno. La asociación para la promoción turística que impulsa el enoturismo en la Denominación de Origen Campo de Borja, aprovechó la proximidad con el Día Internacional de la Garnacha –que se celebrará este viernes, coincidiendo también en esta ocasión con la Fiesta de la Vendimia de Campo de Borja– para dar a conocer otra de las posibilidades de turismo activo que se ofrecen.

"El objetivo de actividades como los paseos en globo, el ‘mushing’ entre viñedos o las rutas a caballo es tratar de acercar la cultura del vino al turismo joven", explica Roberto Regueiro, gerente de la Ruta de la Garnacha, entidad que nació en 2009 con el objetivo de promocionar el turismo en la zona.

Tras comprobar el estado del viento -lanzando un globo de helio negro y viendo que iba rápido hacia arriba-, hinchar el globo -primero con aire frío y luego caliente- y dejar de tocar tierra, en apenas unos segundos se pueden disfrutar ya de las primeras visitas aéreas del monasterio que inspiró a Bécquer. Rodeado de viñedos, este es uno de los lugares más turísticos de la zona, en el que también está el museo del vino -que recibe más de 50.000 visitas al año-.

Desde lo alto, las uvas apenas se distinguen en las cepas, y eso que en esta zona más próxima al Moncayo apenas se ha empezado a recoger la cosecha. La Denominación de Origen cuenta con 6.500 hectáreas de viñedos en la que están los 18 pueblos de la comarca Campo de Borja (Agón, Ainzón, Alberite de San Juan, Albeta, Ambel, Bisimbre, Borja, Bulbuente, Bureta, El Fuendejalón, Magallón, Maleján, Pozuelo de Aragón y Tabuenca) y dos de la de Tarazona y el Moncayo (Vera y El Buste). De estas, 5.000 hectáreas de superficie son de la variedad de uva garnacha.

A merced del viento

Las imágenes a vista de pájaro permiten contemplar también el casco urbano de Vera de Moncayo, tan próximo al monasterio. Pero en el globo no existe volante y quien manda –además de su piloto, Álvaro Ron– es el viento. Los molinos que se divisan en el horizonte no están encendidos y eso da cuenta de que apenas hay movimiento. Los calentadores permiten controlar el ascenso y el descenso, pero el viento lleva, inevitablemente, a sobrevolar muy cerca de los pueblos de Trasmoz -con su castillo en lo alto- y Lituénigo.

Al patrimonio cultural de la zona, se suma la belleza natural. El Moncayo sirve en todo momento de fondo para captar las mejores fotografías. En las faldas del monte, los campos de viñedos y almendros se convierten en el escenario por el que corren los corzos. Y que, desde lo alto, parecen del tamaño de liebres.

Vivir de cara al paisaje

"Hay que vivir de cara al paisaje y no de espaldas, como hasta ahora se ha hecho", cuenta Regueiro. De hecho, el paisaje es también el protagonista de un plan de trabajo a diez años.

Tras celebrar un proceso de participación ciudadana en el que recopilaron 179 propuestas, la comarca de Campo de Borja aprobó el pasado junio una ‘Declaración de Paisaje’, "con el que se compromete a trazar una hoja de ruta para seguir trabajando en la conservación del patrimonio natural", según detallan desde la Ruta de la Garnacha. Ahora, cada pueblo deberá aprobar en sus plenos esta misma declaración que dará un nuevo impulso al plan de gestión del paisaje de la ruta entre 2017 y 2027.

"Tengo la sensación de que las garnachas están a nuestros pies", comentan algunos de los pasajeros de este vuelo especial para unos pocos medios de comunicación, con despegue y aterrizaje en el término municipal de Vera de Moncayo. Tras tocar tierra, con los calentadores apagados, la lona empieza a desinflarse. La cesta se vacía. El viaje ha terminado, pero esta es una experiencia de altura de la que puede disfrutarse en la Ruta de la Garnacha.

 

De los preparativos al despegue

La premisa está clara y José Manuel Cutando, vecino de Mallén y que lleva más de 80 vuelos en globo a sus espaldas, la recuerda: "Más vale estar abajo, queriendo estar arriba que estar arriba queriendo estar abajo". Elpequeño globo de helio negro que lanza Álvaro Ron, el experto piloto encargado de tripular el vuelo, indica que el viento está perfecto para volar. "Si hay más de veinte kilómetros por hora de viento, no se puede salir", explica Álvaro. "Después de 17 años volando, si veo que puede haber cualquier dificultad, no salimos", añade. Pero antes del despegue, aún queda mucho trabajo por hacer.

Un potente ventilador se encargará de hinchar con aire frío la enorme lona roja, gris y verde, que está enganchada a la cesta -esta, a su vez, sujeta al enganche delantero de un todoterreno-. Una vez hinchado, se encienden los quemadores. Y es el momento de subir a bordo. Hay que darse prisa porque, a partir de ahí, el ascenso es rápido.

La cesta tiene capacidad para ocho personas, aunque solo viajan seis. Está dividida en tres habitáculos: en dos de ellos se reparten los pasajeros y en el tercero, el piloto comparte espacio con cuatro bombonas de propano. Como en los aviones hacen las azafatas, en este caso, el piloto informa de algunos detalles importantes para el aterrizaje y explica cómo hay que colocarse.

Empieza el ascenso, tranquilo y perfecto para disfrutar de las vistas. El monasterio de Veruela, el parque natural del Moncayo o el castillo de Trasmoz son algunos de los lugares que pueden fotografiarse y filmarse desde lo alto. La altitud de vuelo varía para poder disfrutar más cerca y más lejos de los distintos elementos del entorno. Cuando se planea se vuela a unos cuatro kilómetros por hora. La sensación de vértigo no existe.

Abajo, José Manuel y Francis Lores -dueño de una conservera con sede en Bureta que es miembro de la Ruta de la Garnacha- se convierten en rescatadores y acuden con su coche hasta donde aterriza el globo.

Sin sobresaltos, una vez en tierra, el piloto explica por qué es necesario madrugar para poder volar en globo: "En toda Europa se vuela por la mañana porque a primera hora es cuando la atmósfera está más fría. Hay que huir del viento térmico -explica Álvaro- que, sin embargo, es el que buscan aves como las grullas o los buitres para ahorrar energías". Este detalla también que en invierno se vuela mucho mejor que en verano. Una botella de cava (de Ainzón) sirve para brindar por un perfecto fin de vuelo.

 





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