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Deportes

“La petanca no es un juego de abuelos”

Según la Federación Aragonesa de Petanca, el número de licencias aumentaba en un 25% en 2016 alcanzando las 200 fichas.

08/04/2017 a las 06:00

Cada vez más gente y, sobre todo, más joven. Estas son muy buenas nuevas para los amantes y seguidores de este deporte tradicional que, reivindican, no es tan solo cosa de abuelos. “Si bien es cierto que son las generaciones más mayores las que han permitido que no se pierda la práctica de la petanca en nuestra tierra, cada vez contamos con gente más joven interesada”, explica Manuel Franco, presidente de la Federación Aragonesa de Petanca.

Precisamente este es un de los ‘falsos mitos’ contra los que tienen que batallar día tras día. Lejos de esta creencia popular, desde la Federación aseguran que el pasado 2016 se alcanzaron las 200 fichas, “la mejor cifra en los últimos 15 años en los que veníamos perdiendo federados paulatinamente”, explica Manuel Franco.

 

En esto momentos la media de edad en Aragón se sitúa en los 40 o 45 años, aunque cada vez hay gente más joven y más mujeres. En la práctica, cuentan con 12 federados infantiles en activo –el más pequeño tiene 9 años- mientras que el más mayor reside en Huesca y tiene 86.

En cuanto a la sección juvenil, hasta hace muy poco completamente vacía, cuentan con 30 aragoneses y con 40 fichas en la selección femenina. También han logrado crecer a nivel territorial, ya que Aragón cuenta con 10 clubes, seis en Zaragoza, tres en Huesca y uno en Teruel. “Es la primera vez en la historia de la federación en la que contamos con representación en la provincia turolense”, admite Franco.

“La petanca es un deporte muy duro que requiere de mucho esfuerzo y de una técnica depurada basada en la precisión y la concentración, además hay que pasar muchas horas de pie a la intemperie y agachándose todo el tiempo”, reivindica Franco. Tan solo un torneo puede prolongarse durante más de 8 horas por jornada, durante dos días.

Existen tres modalidades, uno contra uno, dos contra dos o tres contra tres. “Consiste en lanzar una bola de metal –de hierro o acero inoxidable y de un peso aproximado de 700 gramos- lo más cerca posible de otra más pequeña y en este caso de madera”, explica Franco. Gana el participante –o equipo- que, logrando quedar más cerca un mayor número de veces de esta segunda bola, logra hacer 13 puntos.

Además, cuenta con su propia y peculiar jerga, en la que tirar se denomina ‘rimar’; ‘el arrimador’ sería algo así como el defensa en un campo de fútbol, ‘un tirador’ se correspondería con la figura del defensa, y ‘el medio’ serviría para ambos roles.

La mayor dificultad de este deporte es, sin duda, el factor clima. “En España no existen pistas como en otros países con más seguidores como Francia, y el 99% de las partidas se desarrollan a la intemperie sobre terrenos totalmente diferentes unos de otros, no te puedes preparar”, asevera Franco.

Para empezar a practicarlo tan solo hace falta adquirir un juego de tres bolas, que puede costar entre 60 y 300 euros. “Pueden llegar a durarte hasta 15 años si las cuidas bien”, añade Franco. En cuanto a la licencia, su precio oscila entre los 0 y los 40 euros, dependiendo de la edad del jugador. “Para menores es gratuito, 30 euros para mayores de 65 y nuevos federados y 40 para el resto”, informa el presidente.

Este fin de semana finaliza el ‘Campeonato Autonómico Individual’ que se desarrolla en los terrenos ubicados en la parte posterior de la Estación del Norte de Zaragoza. En esta cita se eligen a los representantes de Aragón en el campeonato europeo. El seleccionado para representarnos en la selección juvenil es Jesús Antonio Escacho Alarcón, de 15 años. “Llegué a este deporte gracias a mi hermano cuando tenía 13. Me dijo que fuese a entrenar con él y me enganché, en cuanto pruebas ya no te olvidas”, explica el joven que practica diariamente dos horas y media.

Como tantos otros compañeros, reconoce que muy a menudo le preguntan por qué practica un deporte de abuelos. “Siempre les respondo que prueben y me digan entonces si siguen pensando lo mismo”, resume.

Vuelta a las 4.000 licencias

A sus 57 años, Orencio Muñoz lleva toda la vida jugando a la petanca, desde que adquirió su ficha federativa con tan solo 12 en el Stadium Casablanca. “Empezó como un juego, hasta que ganamos el campeonato juvenil y viajamos a Palma de Mallorca. Por aquel entonces éramos unos 50 chavales, hoy tan solo sigo yo”, recuerda el actual presidente del Club Petanca Zaragoza.

En su caso, se ha convertido en una actividad familiar. “Desde que nacieron mis hijos los federé, y mi nieto, con tres años, ya tiene su propio juego de bolas”, reconoce. Y recuerda, con nostalgia, cuando en los años 70 u 80 en Aragón había entre 4.000 y 5000 licencias. “La mayoría de esa gente se ha ido haciendo mayor y es por eso que cayeron tanto los seguidores de la petanca, una tendencia que parece que empieza a cambiar”, admite Muñoz. En su opinión, lograr que se convierta en deporte olímpico en 2022 podría suponer el fin de este peligro de extinción.

Nerea Bes, de 28 años, comenzó a jugar a la petanca con su abuelo en el camping como una actividad de verano. “Un día nos propusieron federarnos y nos apuntamos mis padres mi hermano y yo, de eso han pasado ya 11 años”, recuerda. Gracias a este deporte ha recorrido varias ciudades, e incluso representó a Aragón en un campeonato de España hacen 5 años. “Somos pocas mujeres, deberían de animarse más. Parece que no haces ejercicio pero se nota”, recalca.





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