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Tratado de libre comercio

​Aragón y EE. UU.: 390 millones en relaciones económicas pendientes del TTIP

El sector agrario y las organizaciones de consumidores tienen “serias dudas” sobre este tratado de libre comercio que negocian la UE y EE.UU., un país cuya relación comercial con Aragón ha crecido considerablemente en los últimos años.

Víctor Millán. Zaragoza Actualizada 06/05/2016 a las 17:57
Vista de los documentos del Tratado Trasanlántico para el Comercio y la Inversión filtrados por Greenpeace.Efe

Las siglas TTIP han pasado en poco tiempo de ser unas completas desconocidas para la mayor parte de la ciudadanía a colarse cada vez en más conversaciones a pie de calle. Con ellas se hace referencia al Tratado Trasanlántico para el Comercio y la Inversión, una propuesta para impulsar las relaciones económicas y el libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea que lleva tratándose varios años, aunque solo comenzara a conocerse su existencia allá por 2013.

Su secretismo -hasta hace poco solo se permitía conocer el estado de las negociaciones a los eurodiputados que lo solicitaban, y que debían hacerlo manteniendo un acuerdo de confidencialidad- también ha hecho que muchas organizaciones y colectivos desconfíen de este futurible acuerdo entre cuyas bases principales está limitar las imposiciones arancelarias y fomentar los intercambios económicos a uno y otro lado del Atlántico.

Una confidencialidad que precisamente fue alterada este primero de mayo después de que Greenpeace Holanda publicara varios documentos sobre el estado de las negociaciones donde se dejan ver, aunque sin demasiados puntos concluyentes, las diferencias que mantienen las dos partes negociadoras en campos como la agricultura y la ganadería, la entrada de nuevos productos hasta ahora prohibidos en Europa, o la protección de los consumidores.

En la actualidad, EE.UU. y la Unión están celebrando la decimotercera ronda de negociaciones sobre el TTIP, que para sus defensores puede suponer un impulso histórico a la relación económica de los dos bloques pero que para sus detractores puede poner en peligro buena parte de las normas de sanidad alimentaria y ambiental que mantiene Europa en sus Estados miembros. Ahora bien, de aprobarse en algún momento, ¿cómo afectaría directamente a Aragón?

El sector porcino puede ser uno de los principales afectados


La agricultura y la ganadería han sido algunos de los sectores que más han debatido desde hace ya un par de años los posibles efectos que podría tener la rubrica de este acuerdo. Un debate que se está viviendo con dos vertientes, porque algunos productos de Aragón que poco a poco van entrando en el mercado americano podrían verse favorecidos de ofrecerse facilidades, pero que desde el punto de vista productivo genera muchas dudas.


“La ganadería en general y el sector porcino en particular podrían verse seriamente afectados”, señala José Manuel Roche, secretario general de Unión de Pequeños Agricultores en Aragón y representante de esta organización en Bruselas. En su opinión, las diferentes regulaciones que se dan en Estados Unidos y Europa ponen “muy complicado” que hubiera un acuerdo del que todo el mundo saliera indemne al tener que equiparar las regulaciones de ambos bloques.


Las dudas vienen en gran parte por los estándares de bienestar animal que impone la UE en las granjas del viejo continente y también por el uso de tratamientos hormonales en la producción de carne y de piensos estimulantes para el crecimiento que se permiten en Estados Unidos, pero que están completamente prohibidos en Europa.

El sector porcino es el más pujante del sector primario aragonés. Su nivel de negocio equivale aproximadamente a un 3% del PIB de la Comunidad y da trabajo a unas 10.000 personas cuyo modelo de producción sin embargo es muy distinto al de Estados Unidos, donde estos procedimientos reducen los costes de producción.

En líneas generales, todas la organizaciones agrarias -Coag, Uaga, Asaja o UPA- han mostrado sus reticencias de forma más o menos directa, en ocasiones señalando directamente al tratado como algo perjudicial, y en otras por la “incertidumbre” que podría traer al sector, donde parece claro que habría que aplicar cambios de aprobarse.

Otro de los grandes puntos de debate se encuentra en los transgénicos, aplicados de forma mucho más discrecional al otro lado del Atlántico y que las organizaciones ecologistas temen que, con el tratado, se comiencen a implantar también en Europa, donde solo se ha instalado en la práctica el maíz MON810, del que Aragón es la región con más producción del continente mientras otros estados como Francia lo han vetado de forma propia.

Cambios para los consumidores


Pero sin duda alguna el punto más comentado -y que ha sido ya tratado incluso por el Parlamento Europeo- es la posibilidad de introducir tribunales independientes de carácter privado que medien en conflictos que se puedan dar entre Estados y empresas. Este mecanismo, utilizado en algunas ocasiones cuando se realizan potentes inversiones en países en vías de desarrollo, podría suponer “hacer borrón y cuenta nueva en todas las regulaciones de protección del consumidor por las que se ha peleado tanto en España y Europa”, en opinión de José Ángel Oliván, presidente de la Unión de Consumidores de Aragón, quien cree que aspectos como este no serán buenos para el consumidor.

Esta fórmula ya supuso un freno importante el pasado verano cuando el Parlamento Europeo aprobó la líneas rojas de la negociación, dando al final luz verde pero incluyendo peticiones a la Comisión para que se garantizara los actuales estándares en derechos laborales y las medidas de protección social que tiene Europa.

En opinión de Oliván, “no todo hay que verlo desde el punto de vista de que sería Europa la que perdería derechos. Los Estados Unidos también lo harían porque sería adoptar una posibilidad de arbitraje por encima de la jurissdicción nacional o de cada bloque”, poniendo como ejemplo que en América la regulación sobre los carburantes diesel es más estricta que en Europa -el escándalo Volkswagen fue una prueba de ello-, o que en el país norteamericano cuentan con mecanismos para resarcir a los consumidores damnificados que en ocasiones puede ser más efectivos que los europeos.

Un trampolín para las exportaciones


Para sus defensores, el TTIP puede dinamizar en gran medida los intercambios económico a uno y otro lado del charco. La reducción de aranceles y las facilidades a las empresas podrían ser un potente impulso para sectores exportadores, como lo son en Aragón el textil o la automoción y la maquinaria.

Todo ello en un marco donde además Estados Unidos lleva años consolidándose como un gran cliente para las empresas aragonesas. Solo en 2015 se exportaron productos de la Comunidad rumbo a Norteamérica por valor 235 millones de euros, un 50% más que hace solo tres años, y cuyo cómputo es mayor incluso de lo que llega desde Washington a Aragón, donde las importaciones tienen una cifra total de 154 millones.

¿Y cuál es la posición política?


En el Parlamento Europeo, donde el verano pasado se aprobó el informe sobre las negociaciones, la votación salió adelante con los votos mayoritarios de los populares (grupo al que pertenece el PP), liberales (Ciudadanos y UpyD) y socialistas, donde los eurodiputados del PSOE votaron a favor a pesar de que algunos de sus compañeros franceses, austríacos o ingleses no lo hicieron. Por su parte, el grupo de izquierda en el que se engloban Podemos e Izquierda Unida votó en contra.

En el plano local, el pleno del Ayuntamiento de Zaragoza aprobó declararse contrario al TTIP “en sus términos actuales” el pasado mes de abril, con el único voto en contra del PP que tildó de “poco serio” emitir un juicio de un tratado que aún seguía en negociación. Además, las Cortes de Aragón también aprobaron una proposición no de Ley impulsada por Podemos con el apoyo de PSOE, CHA e Izquierda Unida para posicionarse en contra del tratado.

De vuelta al marco europeo, en la actualidad, y tras los documentos filtrados por Greenpeace, gobiernos como el francés han declarado que lo mejor sería “abandonar las negociaciones”, lo que ha hecho que muchos vean el TTIP más lejano que nunca. Sin embargo, los ejecutivos de Alemania y Estados Unidos volvieron a poner encima de la mesa la necesidad de llegar a un acuerdo la semana pasada en una cumbre bilateral, una postura común que en parte se achaca a que el proceso se podría ralentizar aún más si las conversaciones prosiguen después de que estos dos Estados celebren sus respectivas elecciones en los próximos meses.







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