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Aragón

"Interior cifra en más de 1.500 los puntos de radicalización islamista en Aragón"

El periodista Ignacio Cembrero publica libro 'La España de Alá': "Ese riesgo de radicalización no equivale a riesgo de atentado", matiza.

A. Maluenda. Zaragoza 29/04/2016 a las 06:00
Cembrero ha sido corresponsal en el Magreb, Oriente Próximo y BruselasMokhtar Atitar

Los últimos golpes del yihadismo en suelo europeo han hecho que el miedo al terrorismo internacional se cuele entre las principales preocupaciones de los españoles, tal y como reflejan los barómetros más recientes del CIS. Existe un claro temor a los ataques procedentes del exterior, que a su vez convive con cierto recelo a la radicalización que se puede llevar a cabo dentro de las propias fronteras.

El periodista Ignacio Cembrero, que ha trabajado durante más de 30 años como corresponsal en Oriente Próximo, el Magreb y Bruselas para el diario 'El País' (así como una breve etapa para 'El Mundo'), acaba de publicar 'La España de Alá' (editorial La Esfera de los libros), en el que plasma una foto fija de la situación de la comunidad musulmana en España y analiza los problemas y retos a los que se enfrenta el conjunto de la población. Uno de los temas que aborda es la enseñanza desviada de las escrituras coránicas, que conduce al integrismo religioso.

La publicación aporta datos interesantes, como el número de puntos de radicalización presentes en cada provincia. "Estos son lugares donde Interior detecta que, por el ambiente que hay, se puede propiciar un proceso de radicalización. Pueden ser locutorios, teterías, carnicerías halal...", explica Cembrero, quien matiza que "ese riesgo de radicalización no equivale a riesgo de atentado".

El mapa que dibuja el libro ubica "hasta 1.514 puntos de este tipo en Aragón", de los que más de la mitad, hasta 844, se localizan en Zaragoza. Teruel tiene 499 y Huesca, 171. Las cifras, indica el periodista, proceden del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (Citco), organismo que depende del Ministerio del Interior, y corresponden al cierre del curso pasado.

Estas ubicaciones, que van cambiando periódicamente y que el Citco actualiza en sus informes mensuales, no tienen una vigilancia permanente. "Es materialmente imposible mantener esa supervisión continuada, por eso Interior procura mantener una colaboración estrecha con las policías locales y con confidentes. A estos últimos es fácil captarlos por las fuertes rivalidades que hay dentro de la propia comunidad musulmana, lo cual complica que el Estado encuentre un interlocutor claro", abunda Cembrero.

El análisis que Interior hace de los focos de extremismo, indica el autor del libro, alcanza cada calle española: "El mapa que maneja el Citco se guía por los distritos censales, es decir, el problema se controla casi manzana por manzana". El grueso del extremismo ligado a la religión musulmana en España se encuentra en Cataluña, Madrid y toda la costa levantina, así como en Ceuta y Melilla.

El periodista sostiene que la antesala de los puntos de captación se encuentra en Internet: "Hay cuentas de Twitter y páginas de Facebook a las que se accede con mucha facilidad y que introducen ideas peligrosas. A través de ellas, y tras pasar una criba, se llega a otros portales más secretos, para pasar finalmente a un cara a cara en los citados puntos de radicalización. Este es el proceso de captación más importante a día de hoy, mucho más que a través de los oratorios y mezquitas, donde hay vigilancia, y las cárceles, en las que se ha logrado atajar el problema a través de planes específicos".
 

Sin modelo de integración ni profesores

Ignacio Cembrero lamenta la falta de planificación para conseguir una integración plena de la población musulmana: "No hay un modelo claro y se ha dejado que vaya de la mano del mercado laboral. Durante la crisis se ha visto cómo se han ido desplazando a las comunidades con menor tasa de paro. También es determinante el nivel de educación que alcanza la persona y si está o no empleada".

Además, destaca que "no se respetan algunos derechos, como el que tienen a dar clases de su religión". "Solo hay 45 profesores (en Aragón son 3) para un total de 275.000 alumnos y están pagados por el Ministerio de Educación en lugar de por las autonomías, que tienen la competencia. El País Vasco es la única que se hace cargo, desde 2015, de los profesores, aunque apenas hay dos, a todas luces insuficientes. Lo que el niño o el joven no aprende en el colegio lo aprende fuera, y ahí aparece el peligro de que caiga en el islam radical", concluye.







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