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A Buñuel "le trae sin cuidado" el Óscar

Documentación 26/03/2016 a las 06:00
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El 27 de marzo de 1973 se celebró la gala de entrega de los Óscar. Quedará en el imaginario colectivo la imagen de la joven india que subió al escenario para rechazar, en nombre de Marlon Brando, el Óscar a mejor actor. No fue el único desplante: días después el cineasta aragonés Luis Buñuel, director de la película ganadora del Óscar a la mejor película extranjera (‘El discreto encanto de la burguesía)’, declaraba en Madrid que el Óscar "le traía sin cuidado".

Buñuel está en Madrid y sale a pasear por la plaza de España mientras en Hollywood le han concedido el Óscar por ‘El discreto encanto de la burguesía’. Buñuel ha dicho: "Me trae sin cuidado el Óscar". Se desentiende de las pompas y vanidades, del dulce encanto de los premios burgueses y sale a tomar unos vinos por el viejo Madrid. Otro de los protagonistas, Marión Brando, estará seguramente en su isla privada del Pacífico con su esposa, Tarita. Habrá sorprendido a algunos su mensaje de rechazo al Óscar. Pero no sin duda a los que conocían el texto de su reciente telegrama al Jurado de los Globos de Oro. Brando —el bravo Brando, como algunos le llaman—, dijo en su telegrama que rechazaba el premio porque "hay una singular falta de honor en este país y porque su Gobierno convierte en objetos a sus ciudadanos". Añadía que se habían perdido los ideales sobre los que se basó la nación, y echaba en cara al Gobierno su trato a los indios, a los negros y a la prensa. Era obvio, por tanto, que Brando renunciara al tan codiciado Óscar. Ya en su momento sentó mal en Hollywood esta postura inconformista y hubo quien le acusó de antiamericano y de oportunista e hipócrita, ya que había cobrado un millón y medio de dólares por ‘El Padrino’.
[…]

‘El Padrino’, de Ford Coppola, arrancó tres de los más codiciados premios que anualmente concede la Academia: los Óscar a la mejor película, al mejor actor del año (Marlon Brando) y al mejor guion. Sin embargo, estos tres premios son una derrota moral para ‘El Padrino’, que antes de iniciarse las votaciones de la academia era favorito para conseguir victorias en once de las categorías premiadas, mientras que ‘Cabaret’ la seguía con diez selecciones. Sin embargo, ‘Cabaret’, de Bob Fosse, ha resultado la gran triunfadora: ocho Premios Óscar, entre ellos dos de los más ambicionados: al mejor director y a la mejor actriz, Lizza Minelli.


La tercera película triunfadora en Hollywood ha sido la francesa ‘El discreto encanto de la burguesía’, dirigida por el español Luis Buñuel, que ha ganado el premio a la mejor película extranjera y consigue el tercer Óscar concedido al cine francés en las 45 ediciones.

Show en Hollywood


Nunca, quizás, desde que Luis B. Meyer tuvo la idea de crear la Academia que premiase la mejor película en la temporada de 1927-28, tuvo tanto interés la concesión de los Óscar como en esta su 45ª edición. Y nunca —eso es definitivo— se gastaron tanto dinero las productoras norteamericanas en promocionar su producto para convencer a los 3.128 miembros de la Academia de la calidad, los valores y la originalidad de sus películas. Más de un millón de dólares han sido invertidos en promocionar, mediante todos los sistemas publicitarios, las producciones con posibilidades de hacerse con algún premio. Por eso en los EE. UU. se decía en vísperas de la concesión de los premios que cada voto había costado no menos de 3.000 dólares.

La cantidad parece elevada. Sin embargo, la conquista de un Óscar es siempre rentable de cara a la promoción de los films, los directores y los actores que lo consigan. Se calcula, por ejemplo, que los Premios Óscar concedidos en 1972 a la producción ‘The French Conection’ incrementaron en cinco millones de dólares el taquillaje previsto por la productora y el éxito aún sigue. Por otra parte, la cotización del protagonista de ese film, Gene Hackman, subió de 200.000 dólares por película a 500.000.

Otra justificación al interés por los Óscar de este año y a la fuerte inversión publicitaria es la nueva prosperidad del cine norteamericano. 1972 ha sido un año de vacas gordas: siete de las grandes productoras norteamericanas tuvieron el pasado año un superávit de 58 millones de dólares, mientras que en 1971 debieron enjugar un déficit de 46 millones. Los ingresos en las taquillas de las salas cinematográficas norteamericanas en 1972 fueron de 1.580 millones de dólares, 300 millones más que en 1971. 820 millones de espectadores acudieron a los cines en 1971, mientras que en 1972 lo hicieron 934 millones. Esa nueva prosperidad ha animado a los empresarios cinematográficos, que en la primera mitad del pasado año habían inaugurado 117 nuevos cines a lo largo de los EE. UU.

Claro que no es oro todo lo que reluce. Hollywood ha dejado de ser la capital del cine mundial. Las fusiones de casas productoras, la reducción de las producciones para la televisión y la búsqueda de nuevos escenarios para las películas —buscando reducción en los impuestos y mano de obra más barata— han creado un auténtico problema de trabajo. Así la agrupación del sindicato del cine y la televisión enviaba el pasado día 20 un telegrama al presidente Nixon para que declare Hollywood ‘zona de desastre’, como si hubiera sido asolada por un terremoto, y algo así ha sucedido, por lo menos para los electricistas, los atrecistas, los decoradores y los extras, que están en paro en un 80% de los casos.

Pero esta pequeña tragedia no ha quitado esplendor al ‘show’ montado en Hollywood para la concesión de los Óscar, para cuya presentación y entrega se reunieron una docena de los más cotizados actores del cine. Como maestros de ceremonias estuvieron Carol Burnett, Rock Hudson, Charlton Heston y Michael Caine, y para la entrega de premios subieron al escenario Clint Eastwood, Julie Andrews, Elke Sommer, Liv Ullman, George Stevens...

Triunfo y decepción


Cinco eran las películas que se disputaban el honor de ser elegidas como mejor film del año: ‘El Padrino’, ‘Cabaret’. ‘Deliverance’, ‘Sounder’ y ‘Los emigrantes’. Las dos primeras parecían tener las mayores posibilidades de hacerse con el galardón y no porque su calidad cinematográfica excediese a las restantes, sino por haberse mostrado mucho más taquilleras, sin meterse en consideraciones de los motivos originarios de este fenómeno: violencia, folletín, crudeza, interés sostenido, aunque sea conseguido degradando la belleza o falseando las situaciones.

Sea como fuese, ‘El Padrino’ había conseguido presentarse a la final con opción a once Premios Óscar, y "Cabaret", con opción a diez. Pronto comenzaron las decepciones al irse desgranando los vencedores en los premios menos codiciados, y también pronto se inició la triunfal escalada de ‘Cabaret’, que barrió hacia sí seis de los premios secundarios y seguía amenazando con acaparar, también, los Óscar más golosos.

Al llegar éstos, ‘El Padrino’ conseguía su primer gran triunfo: Marlon Brando lograba el Óscar al mejor actor del año. Pero en este punto surgió el desplante: Marlon Brando, a quien en los EE. UU. se comienza a llamar "Marlon Tango", lograba el segundo Óscar de su vida 18 años después de que la academia le galardonase con el mismo premio por su interpretación en la ‘Ley del Silencio’. Pues bien, al anunciarse su victoria por los altavoces, una joven india subió, como saben, hasta el escenario anunciando que el protagonista de ‘El Padrino’ renunciaba al Óscar para protestar contra el trato que las indios reciben en el cine y televisión norteamericana y para apoyar las reivindicaciones de los indios de Wounded Knee. La decisión del actor, que no se hallaba presente, causó sensación, enmudeció la sala y terminó en salva de aplausos cuando la joven India abandonó los micrófonos.

Minutos más tarde, Lizza Minelli, hija del director cinematográfico Vincenzo Minelli y de la actriz Judy Garland, era galardonada con el Óscar a la mejor actriz del año por su interpretación protagonista de ‘Cabaret’. Y este filme alcanzaba su octavo y más preciado Óscar cuando su director, Bob Fosse, lograba el destinado al mejor director del año. 

Por fin apareció el premio a la mejor película del año, el Óscar más prestigioso, y ese lo consiguió ‘El Padrino’, curándose de anteriores decepciones, aunque no del apabullamiento que le ha ocasionado la enorme victoria de ‘Cabaret’.

Las mayores decepciones han corrido, sin embargo, por cuenta de ‘Los emigrantes’ y ‘Sounder’, películas que optaban a los cuatro grandes premios y no consiguieron ninguno.

Éxito español


Notable ha sido el triunfo logrado por los españoles en esta 45 edición de los Óscar. Entre los cinco films seleccionados para la final estaba una producción española, ‘Mi querida señorita’, interpretada por José Luis López Vázquez, y otra francesa, ‘El discreto encanto de la burguesía’, con gran presencia española, pues estaba dirigida por el aragonés Luis Buñuel —considerado como uno de los diez mejores de la historia del cine— y protagonizada por Fernando Rey. 

‘Mi querida señorita’ obtuvo un éxito notable, llegando al final entre las más cotizadas, pero la victoria fue conseguida por ‘El discreto encanto de la burguesía’, el film francés de Buñuel y Fernando Rey, siendo ésta la primera vez que una película dirigida por un español consigue un Óscar; en cuanto a Fernando Rey, el éxito no es nuevo para él, ya que en 1972 estaba metido en el reparto de ‘The French Connection’.

George Silberman, productor de la película francesa premiada, manifestó minutos después de recoger el Óscar que "para mí es un honor haber sido colaborador de Luis Buñuel, con quien estoy preparando una nueva película: ‘El fantasma de la libertad’. Elke Sommer, presente en el escenario, dijo al respecto: "Creo que el premio concedido a ‘El discreto encanto de la burguesía’ es un honor concedido de forma muy personal al señor Buñuel. Luis Buñuel es un verdadero orgullo para el país donde tengo mi residencia, España."

Díez Zubieta


Recopilado por Elena de la Riva y Mapi Rodríguez. Documentación de Heraldo de Aragón







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