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Cómo terminar una procesión sin rozaduras

Unos consejos sencillos ayudan a que los pies de los cofrades no sufran demasiado tras las largas horas de procesión.

Cristina Delgado. Zaragoza 24/03/2016 a las 06:00
Los pies descalzos de un cofrade, en una procesión en Ávila.Efe

Horas de caminata a paso controlado. Parones. Esperas. Las procesiones de Semana Santa son una mezcla de tradición, devoción y, sobre todo, sacrificio, que sufren sobre todo los pies de los cofrades, obligados a esfuerzos fuera de lo normal. Los costaleros y los encargados de tocar bombos y tambores tienen molestias físicas añadidas –sufren sus espaldas, sus manos…-, pero si algo une a todas las personas que participan en una procesión es… el dolor de pies.

Por eso, y para suavizar en lo posible las molestias, los expertos creen que hay algunos trucos sencillos que pueden reducir las molestias de los cofrades. Antonio Gómez, podólogo de la empresa oscense Podoactiva, recuerda que es fundamental no estrenar zapatos en las procesiones. “El calzado nuevo suele producir alguna rozadura, hasta que cede y se adapta al pie –explica-, por eso no es buena idea llevar zapatos nuevos cuando se está obligado a caminar tantas horas”. Asimismo, desaconseja el uso de tacones, por muy elegantes que resulten. “No más de 4 o 5 cm de altura, o habrá molestias”.

Gómez también destaca la importancia de las medias o los calcetines. Hay que buscarlos suaves, con las costuras poco marcadas, para evitar que se claven en la piel y hagan rozaduras. Y a ser posible, de fibras naturales, especialmente de algodón, que deja ‘respirar’ al pie.

No son muchos, pero hay algunos cofrades que optan por procesionar descalzos. En su caso, señala el podólogo, hay que tomar medidas especiales para evitar que, a posteriori, la caminata traiga molestas consecuencias. “Pisar el suelo descalzo puede provocar infecciones, hongos, verrugas”, dice. Por eso, recomienda lavar muy bien los pies con agua y jabón tras la procesión, e incluso emplear algún antiséptico. En este caso, hay que dejarlo actuar unos minutos y aclárarlo después con abundante agua.

Por muchas precauciones que se tomen, a veces son inevitables las ampollas. Si aparecen, Gómez alerta de los riesgos de un ‘tratamiento’ muy popular, pero poco recomendable: pinchar la lesión con aguja e hilo y dejar este último para que drene el líquido del interior. “Eso solo es un foco de infección”, asegura. Lo mejor, según el experto, es no hacer nada y dejar que la ampolla se cure sola o, en caso de mucha molestia, acudir a un especialista que sabrá cómo curarla lo antes posible.

Si solo hay cansancio y e hinchazón, los pies también agradecerán unos mimos después de la procesión: poner las piernas en alto, una buena hidratación y un masaje desde los dedos a los talones para que la sangre fluya y mejore el retorno venoso. Puede hacérselo uno mismo, claro, pero si el cofrade cuenta con alguien que se anime a masajear sus sufridos pies, mejor que mejor. Palabra de experto.







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