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Matarnos o devorarnos, he ahí la cuestión

HERALDO publicó en 1966, que en el año 2500 los hombres tendrían que elegir entre matarse o devorarse unos a otros.

Documentación Actualizada 02/03/2016 a las 14:32

Culpan de esta catástrofe a la ‘explosión demográfica’. Demoledoras estadísticas de la ONU: cada día la Tierra tiene ciento sesenta mil pobladores nuevos; en 2566 corresponderá a cada hombre un metro cuadrado de espacio para vivir; en el año 3500 la población humana pesará lo mismo que el planeta que la sustenta. Los países más inmediatamente amenazados son la India, Pakistán y la China comunista; el hambre les invadirá el año 1970.

¿Matarse o devorarse unos a otros?
Esta será la elección
que se presentará a los hombres del año 2500 si no se toman medidas desde hoy mismo para frenar la ‘explosión’ demográfica.

Este grito de alarma acaba de ser lanzado por un Premio Nobel de Medicina, el norteamericano Albert Szent-Gyorgo, ante una comisión subsenatorial, en apoyo de un proyecto de ley presentado por el senador demócrata Ernest Gruening, para «dos servicios encargados de los problemas de la población».

3.900 millones para 1976:

«Si es cierto que la vida es sagrada y que matar es pecado -ha declarado el doctor Szent Gyorgyo-, ¿no es acaso un pecado mayor poner en el mundo a un ser humano sin que tenga medios de proporcionarse lo que necesita para vivir?».


Otras voces autorizadas se han unido a la del Premio Nobel de Medicina de 1937, por ejemplo, la del físico Polycarp Kusch, Premio Nobel 1955, que ha afirmado ante la Comisión citada: «Es hora de ejercer un control sobre el crecimiento de la población: retrasarle equivaldría a hacer que ulteriormente se haga necesario un acto impensable: la antropofagia».


Han pasado siete meses desde que el senador Gruening presentó su proyecto de ley sobre el control de nacimientos. Desde entonces, la población mundial ha aumentado en unos 35 millones de habitantes, ya que según las estadísticas de la ONU el crecimiento anual de la población del globo es del orden de los 60 millones de habitantes, es decir, 160.000 por día.


Si la tasa de nacimiento actual se mantiene, la Tierra, habitada hoy por 3.300 millones de personas, albergará 3.900 millones dentro de diez años.

Continuando los cálculos se comprueba que ese ritmo supondrá que dentro de seis siglos cada hombre disponga, como espacio individual, de solo un metro cuadrado. Otra estadística revela que el año 3.500 el peso de los seres humanos será igual al de la tierra que pisan.

Los científicos, y en especial los médicos, no pueden dejar de sentirse impresionados por estas cifras, desgarrados por la situación paradójicas que han contribuido a crear, ya que la causa de que la población acuse este aumento, causa muy principal, son el fruto de sus Investigaciones médicas que han reducido la tasa de mortalidad y han prolongado la vida humana.

En los Estados Unidos, como en otras naciones avanzadas, los hombres de Estado empiezan a tomar conciencia de las desmesuradas dimensiones de un problema que es urgente resolver en el curso del próximo decenio: el control de la población mundial.

El proyecto de ley presentado por el senador norteamericano Gruening debería jugar un papel importante en ese cometido, pero han sido los organismos privados, entre los cuales figuran la Ford Foundation, la Rockefeller Foundation y el Population Council», las que han demostrado ser mucho más emprendedoras que el Gobierno federal en materia de investigaciones relativas a los nacimientos.

En realidad, el Gobierno de Washington se ha preocupado menos de la tarea a realizar en los Estados Unidos que de lo que hay que hacer en otros países, especialmente en las zonas menos desarrolladas de la Tierra.

Es conocido que la política de los Estados Unidos tiende a contribuir a la reducción del ritmo de nacimientos en todo el mundo, lo cual le ha valido que sea acusado de propagar el 'Birth Control' en los países pobres para fortalecer la potencia del mundo Occidental.

Estas acusaciones no podrían sostenerse el día en que el Congreso norteamericano dote a su país de una legislación que suprima toda contradicción sobre su problema de población y la posición que mantiene a este respecto en el terreno internacional, puesto que así probarán su sinceridad y podrán convencer a todo el mundo de la amenaza real que constituye el que dos tercios de la población de la Tierra no estén sometidos a ninguna forma de control de nacimientos.

Los países subdesarrollados no pueden permitirse más tiempo para reflexionar puesto que, como ha dicho el doctor Eweldl, experto norteamericano en las cuestiones de alimentación: «Si continúa la tendencia actual, el hambre alcanzará graves proporciones en la India, Pakistán, Indonesia y China comunista; en Irán, Turquía y Brasil unos años más tarde (da como, fecha para los primeros el año 1970), y la mayoría de los demás países de Asia, África y América ibérica seguirán el mismo camino para 1980.

«Los historiadores del futuro -concluye el doctor Eweldl- se preguntarán si lo que los hombres del año 60 se gastaron en enviar un ser humano a la Luna, no hubiera sido mejor que emplearan estos recursos en evitar el hambre mundial que se avecina para 1970».

René Centassi

Recopilado por Elena de la Riva y Mapi Rodríguez. Documentación de Heraldo de Aragón.







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