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Exclusión social

Ocho mil aragoneses reconocen que viven sin familia ni amigos en los que apoyarse

Los expertos alertan de que la pérdida del sentido de comunidad agrava estos casos de aislamiento.

I.M. Zaragoza 27/10/2015 a las 06:00

Sin familia y sin amigos. Así viven hoy unos 8.000 aragoneses. Lo dice la última Encuesta Europea de Salud y lo corroboran entidades sociales como Cáritas o Cruz Roja. Una realidad que, más allá de los problemas psicológicos y sociales que pueda acarrear este estado de soledad, implica un riesgo evidente para su salud y seguridad personal.

Hay que tener en cuenta que ya hay más de 144.700 hogares unipersonales en Aragón -hace tres años esa cifra no superaba los cinco dígitos-, y que más de la mitad de ellos tiene más de 65 años. Según la citada encuesta, el 20% de quienes superan esa barrera de edad necesita ayuda diaria para tareas cotidianas, como alimentarse, asearse, vestirse, sentarse o levantarse.

La dependencia funcional no es igual para hombres y para mujeres, ya que afecta al 15% de los primeros, frente al 25,2% en el caso de ellas. Lo más difícil para este sector de la población es asearse, una labor que el 17,3% no puede hacer sin ayuda, seguida de vestirse (14%) y de sentarse o levantarse (13,8%), lo que pone de manifiesto la importancia de un círculo de ayuda cercano.

Así lo entienden en Cáritas. Desde su Fundación de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada (Foessa) aseguran que Aragón destaca por una buena relación entre los hogares gracias a "la red familiar y el entorno vecinal”, lo que consigue “amortiguar los efectos de la crisis, siendo un soporte para las personas”.

Sin embargo, también alertan de que “mientras el apoyo social, personal y familiar constituye uno de los factores de protección e inserción más importantes, un 6% de las personas que viven solas (unas 8.000) carecen de este pilar”.

De ahí que la labor de las entidades sociales y sus voluntarios sea fundamental. María José Montero, de Cruz Roja Teruel, relata que muchas de estas personas -la mayoría ancianos que están solos “por circunstancias de la vida”- tienen problemas con las actividades diarias. “Les acompañamos a hacer la compra o al médico, con servicio de transporte adaptado si es necesario, o les ayudamos con el papeleo”, explica.

Y el apoyo psicológico no es menor. “Con la teleasistencia cubrimos este tipo de atención. Si tienen algún momento de angustia o tristeza, nos llaman y el operador les escucha, les hace compañía y les anima”, apunta Montero.

Por su parte, el Instituto Aragonés de Servicios Sociales (IASS) ofrece todos sus recursos para mitigar estas situaciones. Desde hogares o centros sociales, hasta ayuda a domicilio, teleasistencia o estancias temporales en centros residenciales, pasando por talleres de psicomotricidad y habilidades sociales.

Además, existen prestaciones económicas para los gastos de determinados servicios sociales o para sufragar la contratación de asistentes personales que les ayuden en el día a día.
 

El valor de la comunidad

Para Marta Gil, doctora en Psicología y Sociología por la Universidad de Zaragoza, y especializada en 'sistemas sanitarios y comunidad', el apoyo social en estos casos es “fundamental” para evitar situaciones de riesgo: “Mejora la salud, fomenta la vida sana, los cuidados, y permite afrontar los problemas con mejores estrategias”, explica.

Gil ha desarrollado buena parte de su trabajo tomando como ejemplo el zaragozano barrio de Casablanca, “tradicional y diverso”, donde gracias a la labor de los voluntarios, la parroquia, los vecinos o los comerciantes, “las personas en riesgo de exclusión social que viven en él están mucho más protegidos que, por ejemplo, en Arcosur o Valdespartera”, donde este tipo de relaciones de cercanía todavía no se han desarrollado por completo.

Además, la falta de personas cercanas provoca directamente problemas de salud, según la comunidad científica. “El aislamiento lleva al estrés y a una bajada del sistema inmunológico. Por ello la soledad no deseada perjudica la salud”, defiende Gil.

Las investigaciones en esta materia son coincidentes. Según un reciente estudio del doctor John Cacioppo, profesor de Psicología en la Universidad de Chicago, sentir una soledad extrema puede aumentar en un 14% las posibilidades de muerte prematura. A su juicio, sentirse aislado de los demás puede interrumpir el sueño, elevar la presión arterial, incrementar la tasa de la hormona del estrés cortisol por la mañana, alterar la expresión génica en las células inmunes y aumentar la depresión y disminuir el bienestar subjetivo general.
 

Las relaciones sociales son “básicas”

Para el psicólogo aragonés Jesús Cuadra, “la necesidad de relación con los demás es básica” ya que “todos necesitamos algo de reconocimiento social”. Según este experto, un círculo familiar o de amigos “es fundamental para el desarrollo evolutivo del individuo, para su estructuración personal: saber quiénes somos por el reflejo que nos transmiten los demás”, explica.

Cuando esto falla, aparecen problemas como la depresión, la desesperación o incluso, los pensamientos suicidas. “Muchas de las llamadas que atendemos en el teléfono de la esperanza tienen que ver con estos casos”, reconoce.







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