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Energías Renovables

La biomasa crece un 50% pero Aragón sigue "muy lejos de aprovechar su potencial"

Desde este incipiente sector se hace hincapié en que la Comunidad se está quedando atrás en el aprovechamiento de sus recursos forestales, aunque cada vez hay más proyectos en el mundo rural.

V. Millán. Zaragoza 19/10/2015 a las 06:00
La venta de madera lleva dos años de crecimiento gracias a la biomasa y a la industria del tablero.Mario Tejedor


Pese a que en los últimos años se ha hablado de ella como fuente de empleo y de energía verde y barata, la biomasa sigue siendo la hermana pequeña de las energías renovables en Aragón. A pesar de que el año pasado la electricidad generada por esta método, que aprovecha residuos forestales y madera para crear calor y energía, creció más de un 50% hasta los 350 gigavatios hora según los datos de Red Eléctrica Española, desde el sector se atisba que Aragón ha entrado en un punto de bloqueo que lo ha dejado “bastantes años por detrás” de otras comunidades cercanas.

Y todo ello a pesar de que la Comunidad, con 2,6 millones de superficie forestal, partía como gran aventajada en este mercado emergente. Hace poco más de un año, el presidente del incipiente Clúster de la Biomasa y la Bionergía en Aragón, Francisco Javier de Miguel, comparecía ante las Cortes de Aragón para solicitar apoyo institucional y facilidades a un negocio que según dijo entonces “podría crear veinte veces más empleo que la eólica en la Comunidad pero que estaba paralizado”. Ahora, casi año y medio después, su discurso no ha cambiado: “Los últimos meses para el sector de la biomasa en Aragón han sido como si no hubieran pasado. Las empresas que comenzaron a comercializar pellets y calderas han perdido rentabilidad, principalmente porque las existencias de madera no son suficientes y su precio se ha encarecido”, señala De Miguel.

¿Pero cómo se explica que Aragón, concentrando semejantes recursos forestales, no cree un caldo de cultivo propicio para la bioenergía? Las cuestiones son diversas pero las empresas dedicadas a su explotación siguen encontrando el principal factor en que no se habilitan suficientes lotes de madera para ser explotados. Según las estimaciones que daba el Gobierno de Aragón el año pasado, Aragón podía ofrecer un potencial de 600.000 toneladas de madera destinadas a la biomasa, que, sin embargo, nunca han llegado a ser tales. La realidad es que de hecho en 2014, pese a quintuplicar los aprovechamientos de madera que había cinco años atrás, de los bosques aragoneses apenas se extrajeron 160.000 toneladas.

La otra pata de este bloqueo radica, según explican, en una herencia de casi tres décadas en las que Aragón ha dejado de trabajar sus bosques, lo que ha reducido prácticamente hasta la extinción industrias como aserraderos y puntos logísticos para distribuir su fuente principal de alimentación. “Se debe tener en cuenta que Aragón genera al año casi dos millones de toneladas de materia forestal seca de la que no se aprovecha ni un 10%. Los rastrojos se siguen quemando en el campo mientras los bosques siguen acumulando capas de material que pueden incidir en incendios. Por no hablar que, desde el punto de vista laboral, la mayoría de estos puestos de trabajo se crearían en el medio rural”, asevera el presidente del Clúster, que este viernes tuvo una primera reunión con los nuevos responsables de la DGA para empezar a abrir de nuevo vías de explotación.

Aún así, no todo ha pintado bastos para la biomasa a lo largo de los últimos tiempos. La aprobación de la nueva Ley de Montes abrió el camino para simplificar los trámites administrativos a los que se enfrenta cualquier iniciativa de este tipo, que antes debían pasar cerca de una veintena de instancias, mientras que desde los municipios y las comarcas se han comenzado a desarrollar proyectos propios para generar empleo.

Pueblos y sectores como la agroindustria se suman a su uso


Un ejemplo de este tipo se da en la comarca del Matarraña, donde gracias a los fondos Feader la institución comarcal ha licitado un cambio de calderas en varios edificios públicos de sus municipios para instalar calderas de biomasa. Un proyecto al que respalda de forma paralela una investigación que está comenzando a llevar a cabo el grupo de acción local Omezyma junto a la Fundación CIRCE para saber cuánta cantidad de residuos del monte y del campo podrían recogerse y utilizarse en la zona para crear empleo y reducir su dependencia energética. “Ahora estamos en una fase de aproximación gracias a un proyecto de la Unión Europea que compartimos con otras zonas de Italia y Alemania. El objetivo es cuantificar cuántos residuos susceptibles de ser utilizados como biomasa se podrían recoger en el territorio para ser empleados aquí mismo en los sistemas que ya tenemos instalados y conocer cuánto costaría gestionarlos”, explica Joaquín Lorenzo, miembro del grupo de acción local del Bajo Aragón y el Matarraña.


Y es que, si bien el desarrollo de la biomasa en Aragón no está tan avanzado como en otras autonomías como Castilla y León, Galicia o Andalucía, lo cierto es que de unos años a esta parte han sido varias las granjas -sobre todo del sector porcino- y las deshidratadoras de alfalfa, cultivo del que Aragón es el principal productos nacional, las que han implementado sistemas de este tipo para obtener calor. “Ahora mismo cerca del 50% de las deshidratadoras de alfalfa funcionan ya con sistemas de biomasa, y la previsión es que sigan aumentando”, explica Joaquín Capistros, directos de AEFA, la asociación que aglutina a estos productores, que usan principalmente cáscara de almendra para obtener calor, un residuo que hasta hace bien poco era desechado.

Varios proyectos continúan en tramitación


Del crecimiento final de la biomasa en los próximos años dependerá cómo evolucionen varias iniciativas que, en distintas fases, están comenzado a tomar forma en la Comunidad. Sin ir más lejos, en los últimos meses se está avanzando en el aprovechamiento del sarmiento de vid en la zona de Cariñena para su aprovechamiento como combustible calorífico.

Eso en lo que respecta a la biomasa en su vertiente térmica, porque en su aspecto como generador de electricidad -también aprovechando la quema de residuos- la DGA analiza varios proyectos con una importante inversión en Andorra, Zuera, Erla y Monzón. En la capital del Cinca Medio es donde radica el que está más avanzado. Una planta de 170 megavatios térmicos cuya construcción fue declarada de Interés Público por el anterior Ejecutivo debido a que podría crear cerca de 240 empleos entre directos e indirectos. El Inaga concedió hace dos semanas el visto bueno tras pasar la declaración de impacto ambiental. Una industria que, no obstante, ha vuelto a abrir un debate que siempre ha recaído con mayor o menor fuerza sobre la biomasa. Y es que, a pesar de suponerse una energía verde, ecologistas y otros sectores tienen dudas sobre esta tecnología debido a su uso de los recursos forestales y los residuos que genera su combustión, especialmente cerca de un casco urbano como el de Monzón.







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