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Aragón

Más de un centenar de delincuentes menores reinciden cada año en Aragón

El pasado año se adoptaron 530 medidas disciplinarias contra aragoneses menores de edad.

A. M. B. Zaragoza 03/10/2015 a las 06:00
Varios chicos del centro de menores San Jorge reciben una medalla por su deportividad en una imagen de archivo

Más de un centenar de chicos y chicas menores de edad reinciden cada año en Aragón. Son jóvenes que han pasado por delante del juez en al menos dos ocasiones y que han abandonado los juzgados con -minimo- dos sentencias condenatorias firmes. El año pasado fueron 116 los chavales bajo estas circunstancias, una cifra cercana a la de los últimos cursos, según los datos del Instituto Nacional de Estadística.

En total, el pasado año se adoptaron 530 medidas disciplinarias contra menores de edad, de las que 205 fueron para jóvenes de nacionalidad extranjera. Se internó a 70 aragoneses en centros especiales y se mantuvo a 237 bajo libertad vigilada (de estos, un buen puñado arrastraban penas de cursos anteriores).

Además, un total de 117 realizaron servicios en beneficio de la comunidad para resarcir los daños ocasionados -en muchos casos, derivados de actos vandálicos en la vía pública- y otra veintena realizaron tareas socioeducativas para facilitar su reinserción (como cursos de preparación para el empleo o clases especiales).

¿Cuál es su perfil?

Un reciente estudio de la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo de la Universidad de Zaragoza valora varios factores que determinan la conducta de los chicos y chicas que pasan en más de una ocasión por el Centro Educativo de Internamiento (CEIMJ) de Juslibol como consecuencia de haber delinquido de forma reiterada.

En las conclusiones del informe se determina que "los menores que ingresan en más de una ocasión tienen una estructura familiar débil, careciendo del apoyo necesario para su resocialización". Además, el estudio apunta que se trata de "menores con una tipología delictiva similar", que "ingresan entre dos y cinco veces", pero "no con delitos excesivamente graves, ya que suelen ser robos e incumplimientos de libertad vigilada".

Que la libertad vigilada aparezca como una de las causas de internamiento "deja entrever que el menor carece de personas de referencia que le controlen y ofrezcan pautas rígidas que eviten que vuelva a reincidir", continúa el estudio del centro universitario.

En el momento de la salida, en el reformatorio se estructura un plan de actuación con miras a que se ejecute una vez el menor esté en puesto libertad. Pero a partir de su marcha no recibe ningún apoyo por parte del centro -pues ya no es su función-, y la única figura institucional de ayuda a la que el menor recurre son los educadores del programa Medio Abierto, de la DGA. Este controla la actividad del menor que tenga una medida de libertad vigilada tras el internamiento.

El tutor que haya sido asignado de Medio Abierto y el menor deben pactar un itinerario de resocialización con una serie de actividades que se consideran favorables, tales como acudir regularmente al instituto, actividades extraescolares, participar en una asociación y otros parecidos.







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