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Aragón

Los osos, cada vez con menos miedo al ser humano

El pasado fin de semana se pudo ver a una osa junto a su cría por la zona del Valle de Benasque.

M. S. Z. Zaragoza Actualizada 02/07/2015 a las 18:47
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Avistamiento de un oso

Ver un oso en el Pirineo aragonés es casi un hito. La presencia de solo dos ejemplares hace que sea algo excepcional. Neré es un macho que regularmente habita en Francia pero que realiza escapadas a los valles de Ansó y Hecho, y Sarousse, una hembra que vive en el entorno del Turbón. Estos son los únicos osos pardos que se pueden ver por la zona, sin embargo, el aumento de la población del Pirineo Central, con unos 30 ejemplares, ha permitido que  hace unos días se avistara una osa y su cría en la zona del Valle de Benasque, “presumiblemente, con procedencia del Valle de Arán”, según las informaciones facilitadas por el Gobierno de Aragón.

“Lo normal es que en los próximos años aumente el número de osos que paseen por las zonas cercanas a Cataluña, de hecho, no sería de extrañar que alguno decidiera asentarse en Aragón”, sostiene Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo. Además, cuanto mejor es la relación entre osos y humanos, más se atreven a acercarse a los núcleos rurales. “Los osos siempre han ido a zonas humanas porque les gusta la miel y las cerezas, pero mientras que antes lo hacían por la noche, para que no les vieran, ahora acuden al atardecer, ya que han perdido el miedo al ser humano”, sostiene Palomero.

No obstante, esta situación solo se da en la Cordillera Cantábrica, donde existe una población que supera los 200 ejemplares. “Como ya no se les persigue, están más tranquilos y se permiten hacer estos ligeros cambios”, asegura. Al mismo tiempo especifica que no hay que perder el control de la situación. “Los oseznos que no han conocido las persecuciones pueden tener demasiada familiaridad con los humanos, es el llamado oso familiar, por lo que hay que enseñarles a mantener las distancias”, recalca.

Por el contrario, en Argón, los ganaderos y agricultores del Valle de Ansó y de Hecho todavía se muestran reacios ante los osos. Al menos, así lo explican desde el Gobierno autonómico. Los ataques al ganado es uno de los mayores problemas que achacan a esta especie. "Intentamos paliarlo con la puesta en marcha de sistemas como vallados electrificados, dotación de perros de guarda, mejora de algunas infraestructuras ganaderas o la contratación de pastores”, señalan desde el Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente.

Esta prevención se complementa con el pago por los daños causados. Por ejemplo, el pasado año se abrieron 24 expedientes con 15 reses afectadas y 74 colmenas por los que la DGA abonó un total de 19.739,32 euros. El último acontecimiento de este estilo vivido en Aragón fue este lunes, cuando un ganadero aseguró que un oso atacó a un rebaño de ovejas en la localidad de Bonansa, ocasionando dos muertes. Sin embargo, finalmente, los expertos del Gobierno de Aragón aseguraron que las características del incidente no son compatibles con los osos. 

Para intentar mejorar esta situación, un grupo de geógrafos de la Universidad de Zaragoza logró una beca Félix de Azara y trata de buscar mecanismos de actuación que favorezcan la convivencia entre la actividad ganadera y los osos.

“Vamos a analizar qué zonas son las más habituales, qué mecanismos de gestión hay, cuáles se pueden aplicar, etc. Todo con la intención de mejorar las relaciones y evitar las pérdidas económicas”, subraya Alberto Longares, director del estudio y especialista en Biogeografía. Para ello están trabajando en colaboración con el Servicio de Biodiversidad del Gobierno de Aragón, que es el que coordina las patrullas que realizan un seguimiento de los osos que habitan en la comunidad.

A pesar de que obtuvieron la beca en diciembre, el trabajo de campo ha comenzado recientemente porque es ahora y durante todo el verano cuando los osos se desplazan tranquilamente por el monte aragonés. De los resultados que se obtengan, se podrá evaluar la posibilidad o no de poder ampliar la población osera. “Ahora mismo el territorio aragonés no está preparado y por eso, es importante realizar estos estudios para conseguir que los ganaderos sean favorables a la convivencia con el oso”, recalca Longares.

De hecho, según subraya el director de la Fundación Oso Pardo, “los gobiernos de Aragón y Navarra tienen la obligación, por una directriz de la Unión Europea, de rescatar a esta especie en el Pirineo occidental”. No obstante, no hay unos límites de tiempo, por lo que será el nuevo gobierno el que tendrá que decidir qué opciones elige. “Como en esta zona hay dos machos (Neré y Canelito), lo que se debería hacer es introducir hembras para que la raza se expandiera”, puntualiza.
 

Cataluña, cada vez más poblada

Camille fue el último oso autóctono. Vivía habitualmente en la zona occidental y perdió la vida en 2011. Ahora, todos son eslovenos debido al programa de reintroducción iniciado en Francia en 1996. Gracias a ellos, Cataluña ha visto cómo su población osera ha crecido de manera considerable. Además, está previsto que el próximo año, un nuevo macho entre a formar parte de la manada.

“Al haber solo un macho en ese espacio, la gran mayoría de los nuevos oseznos son suyos, lo que está provocando problemas de genética”, destaca. De este modo, Cataluña consiguió ser beneficiaria de un programa financiado por la Unión Europea -al que también se les propuso entrar a Aragón y Navarra- para mejorar el hábitat, sensibilizar a la población y traer a este oso.
 

Turismo de avistamiento

Gracias a los innumerables avances que está haciendo Cataluña, la relación entre osos y humanos ha mejorado, llegando a producirse solo dos ataques en el último año. “Realmente el 80% de lo que come un oso son vegetales como frutas carnosos, bellotas y hierbas finas, el resto se alimentan de insectos, hormigas y, de vez en cuando, ovejas”, especifica Palomero.

Esta buena convivencia se va acercando cada día más a la que existe en la zona norte española, donde el turismo de avistamiento se está convirtiendo una gran fuente de ingresos. De momento, solo se da en la Cordillera Cantábrica, “puesto que es donde más osos hay y los paisajes permiten verlos”. Es un turismo nuevo, que ha crecido de manera exponencial en los dos últimos años y todavía no está regulado. “Tenemos que organizarlo para no molestar a los osos y para que tampoco se habitúen. Hay que elegir bien los sitios y las distancias”, asegura.
 

Ataques de osos

Aunque los altercados de oso con seres humanos son casi imposibles, hace un mes, un hombre fue agredido por un ejemplar de esta especie en el pueblo cántabro de Villaescusa. E.V.D.P., presentó heridas leves en la cara y el cuello por mordeduras, que también tenía en el brazo derecho, que estaba fracturado y con desgarros de los músculos. No obstante, este hecho es el primero que se daba en los últimos 25 años. 







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