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Aragón

Los yacimientos arqueológicos aragoneses languidecen por los recortes presupuestarios

El trabajo de los estudiantes y pequeñas ayudas de ayuntamientos y comarcas evitan el abandono total.

A. Maluenda. Zaragoza 03/05/2015 a las 06:00
7 Comentarios
Tareas de limpieza en Los Bañales, a cargo del Ayuntamiento de Layana

Ruina en las ruinas. Los yacimientos arqueológicos aragoneses viven su particular crisis con el recorte en las ayudas públicas (en 2012 desapareció la partida para investigaciones arqueológicas) y buscan sobrevivir con aportaciones puntuales de los ayuntamientos, proyectos europeos, el trabajo desinteresado de investigadores e, incluso, el capital de fundaciones privadas. Todo es poco para evitar el abandono total que sufren algunos de ellos, como las ruinas islámicas de Zaragoza o la necrópolis de San Grimén, ambas en la lista roja del Patrimonio, que evidencia las carencias de las administraciones a la hora de mantener su legado cultural.

"Son momentos duros, los recortes han afectado directamente al trabajo en los yacimientos arqueológicos y llevamos ya varios años casi sin subvenciones de la DGA", explica el doctor y profesor de Arqueología de la Universidad de Zaragoza Jesús Sáenz Preciado. Ahora, el dinero para acometer estos trabajos e investigaciones procede mayoritariamente de otras fuentes: "Avanzamos con pequeñas partidas presupuestarias de las comarcas y ayuntamientos, que ven en los yacimientos un polo de atracción turística, y también con lo que se aporta desde los grupos de investigación de la Universidad y ayudas que llegan de Europa o del Gobierno central".

El problema de la falta de inversiones es que las investigaciones avanzan a un ritmo mucho más lento. "Profundizamos mucho menos que en los años anteriores a la crisis y en muchos casos se dedican los proyectos a no paralizar lo avanzado anteriormente, con menos personas participando en las excavaciones y menos días de trabajo", apunta Sáenz. Los presupuestos del Ejecutivo aragonés para este 2015 arrojan una inversión de algo más de 1.200.000 euros para protección y difusión del patrimonio, de los que apenas 30.000 euros figuran en la partida de mantenimiento de yacimientos, otros 30.000 para actuaciones de emergencia y 45.000 para el yacimiento de Lépida Celsa, en Velilla de Ebro.

"La situación de abandono en la que nos han dejado en los últimos años es alarmante", alerta el profesor Manuel Martín-Bueno, catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza y responsable de los trabajos en Bílbilis, que ya el año pasado 'sobrevivieron' gracias a una pequeña partida del Ayuntamiento de Calatayud. Este año intervendrán en la ciudad zaragozana 15 becarios, en lugar de los 30 que participaban hasta hace no mucho; y los trabajos durarán apenas dos semanas, frente a los dos meses que se prolongaban antes de la crisis.

Desde la dirección de la excavación se critica "la dejación de funciones dolosa" del Gobierno de Aragón y no se comprende que se haya cerrado el grifo de las ayudas y la supresión hace tres años del plan específico, una medida que "puede echar a perder el trabajo de años".

Largo listado

Bílbilis es un ejemplo reciente, pero el listado de yacimientos a los que se ha condenado al ostracismo es inabarcable. Las 127 goteras que ponen en riesgo las ruinas romanas de Villa Fortunatus, en Fraga (siglo II), y cuya cubierta no está previsto que se reemplace a corto plazo, es el último caso en ver la luz. Aratikos, en Aranda de Moncayo, es uno de los más sonados: está sin proteger y los ladrones lo saquearon para llevarse sus valiosísimos cascos celtíberos.

La lista sigue: Velilla de Ebro, Valdeherrera, El Palao, La cueva de Chaves... Punto y aparte merecen la situación de otros valiosos yacimientos, como el de Contrebia Belaisca, en la localidad zaragozana de Botorrita. Según explican fuentes municipales "resulta imposible visitarlo, ya que la DGA lo valló hace años y no hay partida presupuestaria para pagar a un guía que se encargue de enseñarlo y además de vigilarlo". En el yacimiento se cuelan de vez en cuando jóvenes y está lleno de botellas de plástico y vidrio y otros desechos.

Igual que el de Contrebia, el perímetro de otros yacimientos ha sido vallado "para evitar que tengan visitas con un componente ilícito de personas que van con detectores de metales a ver qué encuentran", asegura Jesús Sáenz.

Financiación privada

Una fórmula diferente de financiación es la que se está dando en el yacimiento de Los Bañales, en Uncastillo, en el que más de la mitad del presupuesto actual procede de dos patrocinadores privados -la Fundación ACS y General Eólica Aragonesa-. De la limpieza, desbroce y aplicación de herbicidas se hacen cargo los ayuntamientos de Biota, Uncastillo, Sádaba y Layana, que también hacen pequeñas aportaciones, y el dinero restante llega de la Comarca de las Cinco Villas y ayudas puntuales de la Dirección General de Patrimonio.

El trabajo altruista es, al igual que en otras excavaciones, un pilar básico en Los Bañales. "Cuando ocurre algo extraordinario como una tormenta, vamos con estudiantes a realizar tareas de limpieza de manera desinteresada", explica Javier Andreu, profesor de Historia en la Universidad de Navarra y la UNED y director científico de Los Bañales.

Pero el espónsor privado es fundamental. "Han entendido la filosofía de nuestro proyecto cultural, que no se reduce sólo a la época estival ya que hacemos actividades durante todo el año, y además han visto que ayuda a generar riqueza en el medio rural, ya que los visitantes comen en los restaurantes del entorno, se quedan a pernoctar... Gracias a la ampliación de las ayudas privadas este año vamos a poder mantenernos un mes más", comenta Andreu.


  • Álex04/05/15 09:45
    Las ruinas, por supuesto, ruinas son. ¿Necesidades más urgentes?. Las hubo, las hay y las habrá siempre. Como el desinterés por la cultura, que también es imperecedero. El problema de las "ruinas" es que parecen y se aprecian por lo que son, ruinas, restos, fantasmas y catafalcos, no por lo que pueden llegar a ser, atractivos turísticos y dinamizadores de primer orden de zonas, habitualmente rurales, faltas de otro tipo de incentivos.
  • Kika03/05/15 21:35
    Solo hay que echar la vista en otras comunidades y ver la inversión que se hace en conservación, estudio y divulgación del patrimonio arqueológico. ¡Qué envidia!  Forme parte de varias campañas arqueológicas en algunos de estos yacimientos y da tanta lástima ver lo que fueron en plena "ebullición" de su estudio y en lo que están quedando... Ruinas sí, pero ahora además ruinas abandonadas.
  • JOSEFA03/05/15 15:07
    Están muy bien los pleitos por el patrimonio exiliado, pero ¿y el que tenemos en casa?. Parece que como hacen los críos con los juguetes, valoramos más las cosas cuando los de fuera las aprecian. ¡Despierta ferro!
  • muerte a la cultura03/05/15 14:51
    ¿Para qué queremos bibliotecas? ¿Quién lee hoy a Cervantes? ¿Para qué queremos museos? ¿A quién le interesa ver los cuadros de Velázquez o Goya? ¡¡¡ Cerremos los museos y las bibliotecas!!! ¡¡¡ Sólo son fantasmas y catafalcos!!! ¡¡¡Viva el fútbol y Fernando Alonso!!!
  • Zaragozano03/05/15 14:02
    Una pena que nuestros gestores políticos no sepan sacar el partido que tienen esas ruinas como dice Infrajubilado #1, claro que en ese estado no apetece mucho visitar "piedras", pero bien gestionado esas "piedras" pueden ser una fuente de riqueza, pero claro a nuestras cabezas ¿pensantes? no les da para diversificar la oferta y en cada destino ofrecer varias alternativas, en Aragón tenemos mucha oferta, restos celtíberos, romanos, islámicos, medievales, modernos e incluso de nuestra última guerra incivil, si a esto le unimos otro tipo de recursos, menuda mina sin explotar que tenemos.
  • enfin03/05/15 10:41
    las necesidades vivas son subvencionar los toros, por ejemplo...? así nos va.
  • infrajubilado03/05/15 08:48
    Es normal en las ruinas y están así porque su tiempo pasó. Como en una casa decente es lógico atender antes a las necesidades vivas que mantener catafalcos y suspirar por fantasmas. Como dijo un antiguo asesor, el muerto al hoyo y el vivo al bollo.





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