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Un zaragozano en Costa de Marfil

"Hay tradiciones muy difíciles de erradicar"

 El misionero Ramón Bernad explica el temor que hay en este país a que el ébola cruce sus fronteras

Elena Rodríguez 28/08/2014 a las 06:00
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El misionero zaragozano Ramón Bernad lleva viviendo en Costa de Marfil desde 1970.Heraldo

La muerte del religioso Miguel Pajares, víctima del virus del ébola, ha puesto en el foco la labor de los misioneros que dedican su vida a ayudar a los más desfavorecidos por todo el mundo, sin importarles la situación de los países en los que ejercen su ministerio. Hambre, enfermedades, guerras, violencia, dibujan el paisaje al que se enfrentan a diario, por voluntad propia. Según las cifras de las Obras Misioneras Pontificias, hay unos 14.000 misioneros españoles ejerciendo su labor en las zonas más olvidadas. 

Uno de ellos es Ramón Bernad, sacerdote zaragozano, miembro de la Sociedad de Misiones Africanas, que lleva desde 1970 viviendo en Costa de Marfil, un país al que la enfermedad no ha llegado aunque comparte "unas fronteras muy porosas" con otros en los que el mortífero virus se ha cebado cruelmente, como Liberia o Guinea Conakry. La Organización Mundial de la Salud cifró este viernes en 1.427 los muertos por el brote en África Occidental, de un total de 2.615 casos posibles.

El padre Bernad viajó el sábado de vuelta a Abiyán tras pasar un par de meses en España. Cuenta que en junio, cuando salió del país, ya había mucha información en las calles y en el aeropuerto sobre cómo combatir la enfermedad. "Las autoridades tratan de concienciar a la población de que tome las imprescindibles precauciones sanitarias, como lavarse las manos a menudo, y lo cierto es que la gente se está dando cuenta de que la situación es grave", afirma el sacerdote. Él lo veía a diario, durante las misas –"la gente evita darse la paz estrechándose la mano"–, e incluso por la calle, donde los saludos entre conocidos ya no conllevaban este internacional gesto de afecto. Y es que, cuenta, ha cundido la alarma entre los ciudadanos, que devoran con preocupación las noticias sobre las tragedias cotidianas que se desarrollan al otro lado de las fronteras. De modo que el personal de los bancos trabaja con mascarillas y guantes, los guardias de seguridad reparten líquido desinfectante para las manos a todo aquel que lo solicita y las autoridades sanitarias llevan a cabo inspecciones en los restaurantes y prohíben alimentos muy comunes y apreciados por esos lares, como la carne de murciélago.

Aun así, cuenta el religioso zaragozano, la tradiciones son las tradiciones, y los protocolos no se respetan siempre. "Hay una cultura muy arraigada de velar y lavar en casa a los muertos, de atender a los enfermos, y eso es muy difícil de erradicar", explica. El virus encuentra así un caldo de cultivo excelente para seguir propagándose, ya que el contacto con los fluidos corporales del infectado es el método más rápido de contagio que existe. 

¿Está preparado, entonces, Costa de Marfil para hacer frente a un hipotético brote de ébola? La respuesta de Ramón Bernad es tajante, y pesimista. "El país está un poco mejor preparado que sus vecinos, hay más medios y más infraestructuras; también están muy mentalizados en la gravedad del asunto. Pero si el virus llegara, yo creo que la desbandada sería total".








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