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Aragón

Obligados a dormir en la calle

El blindaje policial del Gancho alteró ayer por completo la vida de muchos residentes. El miedo 
a que pudiera escaparse algún disparo obligó a extremar la precaución, pero también generó situaciones inverosímiles 

M. A. Coloma/M.Garú 23/08/2014 a las 06:00
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Decenas de curiosos se agolparon junto a los numerosos periodistas congregados en la calle de Santa Lucía tras el cordón policial.Asier Alcorta

El zaragozano barrio del Gancho, y la calle de La Salina, en particular, consiguieron atraer ayer la atención de media España. Porque la inexplicable y sorprendente acción de Luis Pedro Rocaful traspasó desde muy temprano las fronteras informativas de la Comunidad, hasta hacerse un hueco en la programación de todas y cada una de las cadenas de televisión y emisoras de radio nacionales. Pero como se está haciendo habitual, la exclusiva saltó ya a última hora del lunes en las redes sociales. En concreto, en Twitter, donde la joven camarera del bar Cereros, situado a escasos 100 metros del Maxi 2, colgó los primeros datos. «Acabábamos de cerrar y nos dirigíamos a casa cuando vimos llegar un montón de coches patrulla. Preguntamos y nos enteramos de que había un hombre armado que no quería salir del local», recordaba ayer esta vecina del Gancho mientras despachaba desayunos.

En cuestión de minutos, la calle La Salina y adyacentes –Cereros, Santa Inés, Santa Lucía y Calatorao– estaban completamente blindadas por la Policía Nacional, lo que causó más de un quebradero de cabeza a los residentes. Sobre todo a aquellos que tienen su domicilio junto al bar Maxi 2, a los que ya no se les permitió ni salir ni entrar a casa. La tensión era todavía máxima y el temor a que pudiera escaparse algún disparo llevó a los agentes a impedir a una pareja acceder a su propia vivienda. «¿Pero dónde vamos a dormir?», preguntaron a los funcionarios apostados junto al cordón de seguridad. Y la única respuesta que pudieron darles fue que se refugiaran en el coche. Pero ni eso pudieron, ya que no tenían vehículo.

 La escena se repitió a lo largo de la jornada de ayer una y otra vez. «Yo he salido de casa sobre las nueve, pero ya no me han dejado volver y me parece que hoy me va a tocar comer de gorra», manifestaba otro vecino a mediodía, confesando que esperaba que le pusieran un cubierto en el domicilio de su sobrina. Pero no fueron únicamente los residentes quienes resultaron afectados por tamaño dispositivo de seguridad, ya que en alguna entidad bancaria apenas vieron entrar ningún cliente en toda la mañana. Lo mismo ocurrió con otros negocios de la calle de La Salina, a la que fue literalmente imposible acceder hasta última hora de la tarde.

Los más beneficiados, los bares

Sin pretenderlo, quienes más tajada sacaron de este triste suceso fueron los bares. Sobre todo los establecimientos de la calle de Santa Lucía, en los que las terrazas estuvieron prácticamente llenas durante toda la mañana. El ir y venir de periodistas y curiosos era constante. Y, como no podía ser de otra manera, cada uno elucubraba y sacaba sus propias conclusiones. Tanto es así, que se llegó a hablar hasta de que había rehenes y que el atrincherado iba armado con una ametralladora, lo que enseguida se encargaron de desmentir los medios de comunicación.

Constantes cambios de dueño

Si por algo se conoce en el barrio del Gancho al bar Maxi 2 es por los continuos cambios de dueño que ha tenido. Según algunos vecinos, lo que más les ha llamado la atención en esta última etapa –desde que lo regenta Fátima, la excompañera sentimental del fallecido– han sido los horarios, ya que, al parecer, no son fijos. En cualquier caso, tampoco nadie se quejaba ayer de las molestias o problemas generados por este local.

«Yo hace tiempo que no entro, pero recuerdo que desde la planta calle hay unas escaleras que conducen al altillo, y allí hay un billar, una especie de salón y un pequeño dormitorio», explicaba el conserje de una de las fincas del entorno. Fue precisamente en esta segunda planta donde se parapetó ayer LuisPedro Rocaful durante casi un día entero. Para evitar que nadie pudiera llegar hasta él, parece que habilitó una especie de barrera con distinto mobiliario. 

Y eso fue lo que le permitió percatarse de que, sobre las tres menos cuarto de la tarde, los Grupos de Operaciones Especiales (GOES) de la Policía Nacional habían hecho una primera incursión en el establecimiento tratando de cogerle desprevenido. Alguno de los funcionarios hizo ruido y eso, sumado a que en ese preciso momento saltó la alarma de un coche aparcado en la calle, sacaron del duermevela al atrincherado. Los GOES retrocedieron y no volvieron a entrar hasta las seis, cuando se desencadenó el asalto.
 







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