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Aragón

El asalto al bar Maxi 2 acaba con el suicidio del hombre atrincherado durante 20 horas

M. A. Coloma/ M. Garú 23/08/2014 a las 06:00
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Escena durante los sucesos.Begoña Casas

 El de Luis Pedro Rocaful Gutiérrez, de 63 años y vecino de Miralbueno, se recordará como un final triste e inesperado. Pero fue el que él mismo eligió, porque, tras atrincherarse armado durante casi 20 horas en el bar que regentaba su expareja en la calle de La Salina de Zaragoza, poniendo en vilo a medio barrio del Gancho y movilizando a decenas de policías, no encontró otro final para su incomprensible acción que quitarse la vida. De nada sirvió que un inspector jefe de la Jefatura Superior, actuando de mediador, dedicara toda la madrugada y prácticamente un día entero a intentar convencerle de que entregara su revolver y depusiera su actitud.

«Esto se puede arreglar», le repitieron una y otra vez hasta la saciedad. Pero Luis Pedro no atendió ni siquiera los consejos de su propia familia -hermano, hermana y dos hijos-, con la que él mismo pidió hablar y a la que hizo sufrir una angustiosa e incierta espera en la calle. Finalmente, en torno a las 18.30, tras resistir durante casi media hora el asalto de los Grupos de Operaciones Especiales (GOES), que usaron gases lacrimógenos y bombas aturdidoras pero no hicieron ni un solo disparo, el atrincherado hizo lo que prácticamente nadie podía prever. Parapetado en un pequeño habitáculo del altillo del bar Maxi 2, oculto a los agentes, apretó el gatillo de su propio revolver y puso fin a sus días. Un médico accedió enseguida al local para intentar socorrerle, pero tan solo pudo confirmar su fallecimiento.

La interminable espera permitió que ayer se escucharan un sinfín de elucubraciones sobre los motivos que llevaron al fallecido a protagonizar un suceso de esta magnitud. Desde que acudió al bar a reclamar a su expareja los 30.000 euros que supuestamente le prestó para abrir el establecimiento, hasta que el hombre no había encajado la ruptura sentimental con esta mujer de nacionalidad angoleña. Pero lo cierto es que ni la propia Policía se atrevía ayer a aventurar cuál fue la razón por la que Luis Pedro Rocaful hizo lo que hizo. «En ningún momento nos ha pedido nada: un cigarrillo y poco más», manifestaba Pilar Forniés, portavoz de la Jefatura Superior de Aragón tras conocerse el fatal desenlace. «No ha existido nunca ninguna reivindicación por su parte. Simplemente, este hombre se ha empeñado en no salir y, pese a todos nuestros esfuerzos, ha decidido acabar con su vida», apuntaba. Pero lo cierto es que el atrincherado sí pidió algo: que entrara a hablar con él su expareja, a lo que no accedieron los responsables del operativo, puesto que el hombre no quería entregar antes su pistola.

Nunca hubo rehenes

Fue sobre las 23.00 del lunes cuando el 091 recibió la llamada de Fátima, la dueña del bar, informando de que su exnovio se había encerrado en el local y estaba armado. De hecho, momentos antes, en un calentón, Luis Pedro Rocaful había exhibido el revolver –que había adquirido hacía un par de meses– Rocaf que a esa hora se hallaban en el establecimiento. La propietaria intentó hacer entrar en razón al hombre, pero no lo consiguió y tuvo que recurrir a la Policía Nacional, que a partir de ese momento cortó todas las calles de alrededor y puso en marcha un dispositivo al que se sumaron la Policía Local y el 061.

Según fuentes oficiales, desde el principio se tuvo la certeza de que el arma que portaba el atrincherado era buena –como a la postre se comprobó–, de ahí que se optara por esperar y tratar de que el hombre se viera vencido por el cansancio. Al ver que pasaban las horas y no se obtenían resultados, se solicitó incluso apoyo de la Comisaría Central de Policía Judicial, que envío otro equipo de mediadores. El objetivo era evitar que un empecinamiento acabara con un derramamiento de sangre. Algo que desgraciadamente no se logró.
 







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