Discute el cineasta Carlos Sorín si Argentina es un país de mitómanos. Que si Evita, que si el Che, que si -por supuesto- la mano de Dios de Maradona. También, ¿por qué no?, que si las formas de hacer de Borges o Cortázar. Queda claro que mitos populares los hay, y que gentes dispuestas a creer en ellos, también. Andrés Calamaro, su música, sus letras y su esfuerzo por ahondar en el folclore albiceleste se ha descubierto también como un buen depósito de la esperanza: el cantante ocupa ya un hueco por derecho propio en la iconografía argentina. El prolífico autor curtido en Los Rodríguez y hecho hombre -y deshecho, en ocasiones, también- como impecable creador en solitario tiene en común con sus citados compatriotas esa habilidad certera para hurgar en la herida y ofrecer después el bálsamo que alivia. En esta gira de “La lengua popular”, Calamaro acerca la yaga al dedo, que no al revés, escuece, y ofrece una cura tan sencilla que desarma a su desprovista víctima.
Si nada se tuerce esta noche, el Calamaro que se verá sobre el Anfiteatro (23.00) será la versión más rockera y genuina del genio creador. A juzgar por lo que ha venido ofreciendo en la presente gira y si sigue el mismo guión, no faltará ni uno de sus grandes éxitos -“Flaca”, “Estadio Azteca”, “Paloma”- e, incluso, cantará temas prestados de otros autores como Gardel, Armando Manzanero o el mismísimo Bob Marley. El recital será de larga duración y de alto voltaje, porque cuentan que Andrés se ha vuelto a enfundar sus gafas negras, su pose chulesca y ha afilado sus guitarras. “Ya no es la versión descafeinada de sí mismo, sino la versión pura”, han escrito los expertos. Calamaro es artista de excesos, de extremos, de disfrutar de los placeres al máximo y de descolgarse con una sensibilidad exacerbada. Un corazón a prueba de bombas, que puede ceder al más mínimo roce. Por eso, a ratos se pone tremendista, y por eso, en otros tantos casos, juguetea con melodías tan lúdicas como “Maradona” o “Te quiero igual”. El concierto de hoy, que se presume multitudinario, tendrá su parte de espinas y su parte de rosal. Si anoche Antony Hegarty ofreció sus pequeñas piezas de belleza atroz, hoy, Calamaro brindará sus grandes temas de crudelísima beldad.