Cinco años de guerra en Iraq

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Bagdad, 28 de marzo de 2008


 11,00 (hora iraquí)

Tengo amigos militares que odian la guerra. La odian más desde que han visto sus consecuencias directas durante sus misiones en el extranjero. En los Balcanes pudieron comprobar que en las academias militares se explican conceptos teóricos que poco sirven cuando hay que enfrentarse al delirio de los asesinos.

En junio de 1993 visité la Academia General de Zaragoza. Había un centenar de alumnos a punto de licenciarse. Algunos se iban directamente a Bosnia. Pedí que cerrasen las luces y les puse una grabación de varios minutos de bombardeos sobre Sarajevo. A continuación les pasé un centenar de fotografías sobre las consecuencias de la lluvia de acero. Cuando encendieron las luces observé sus rostros. Estaban marchitos. Habían preparado bien sus preguntas y me bombardearon con sus dudas. Pero eran demasiado teóricas.

Les expliqué que la guerra es el gran fracaso del Hombre. Que los muertos pesan en la historia y la conciencia de la humanidad tanto tiempo que sus gritos se siguen escuchando décadas después. Un soldado me comentó que son los políticos los que suelen llevar a los pueblos a la guerra. Que ellos no son responsables, que cumplen órdenes. Les comenté que los Balcanes cambiarían su visión del mundo con total seguridad.

Les expliqué mi viaje a un campamento de la guerrilla con un oficial español en enero de 1992 en El Salvador cuando la guerra finalizaba después de de 12 años, decenas de miles de muertos y millones de desplazados. En el camino el capitán de paracaidistas, que llevaba el pelo cortado al uno, me comentó muy excitado: “Por primera vez voy a ver guerrilleros comunistas. No sé como voy a reaccionar”. Eran los tiempos posteriores al fin del comunismo en la Unión Soviética. Le dije que los guerrilleros eran grandes combatientes y que pronto haría buenas migas con ellos. “Dudo que yo me lleve bien con un comunista”, me contestó.

Al llegar a la base guerrillera, los comandantes ordenaron formar a la tropa y presentar armas a los militares españoles. Eran muy jóvenes, pero pertenecían a una unidad especial que había combatido cuerpo a cuerpo con los soldados regulares. Había varias chicas entre ellos. El capitán se sorprendió del alto nivel de disciplina. “Parecen paracas”, le dije con recochineo.

El oficial viajaba para quedarse en el campamento unas semanas y preparar la entrega de armas de los guerrilleros. Diez días después viajé de nuevo al mismo lugar y me lo encontré jugando al fútbol. Estaba entusiasmado y no paraba de hablar. Me dijo: “Son muy buena gente con historias muy dramáticas. He aprendido mucho sobre táctica y estrategia militar. Ellos sí saben lo que es combatir”.

¿Síndrome de Estocolmo? O simplemente dejar a un lado los prejuicios y ponerse en el lugar del Otro. Aquellos muchachos no habían conocido otra cosa que la guerra. Cuando cogieron por primera vez el fúsil ni siquiera conocían las razones por las que su país estaba en guerra. Igual que la inmensa mayoría de los soldados regulares. El capitán era testigo de un nuevo salto mortal en sus vidas: iba a incorporarse por primera vez a la vida civil.

12,30 (hora iraquí)


Bagdad es un remanso de paz y tranquilidad. El ruido ha desaparecido de las calles. Los hombres armados gandulean detrás de paredes de hormigón y alambradas. Los niños ocupan las calles, señalan las porterías con montañitas de piedras y persiguen balones de goma. El panadero cuece el pan como todos los días. Algunos hombres conversan y saborean vasitos de te azucarado. El almuédano llama a la oración desde alminar. Pero su clientela es escasa. ¿Qué tendrá el toque de queda que permite sentir el espejismo de la vida normal?

Han empezado las negociaciones entre las facciones chiís. Los parlamentarios están reunidos. El gobierno ha extendido el ultimátum dado a los rebeldes chiíes para que se rindan y entreguen las armas hasta el 6 de abril. Los estadounidenses han bajado el tono de sus acusaciones.


Es evidente que todos pierden con los combates. Muestra la debilidad de un gobierno que sufre un gran desgaste. Presenta a las milicias como vulgares saqueadores y destructores de oleoductos. Echa por tierra los informes exitosos de Estados Unidos sobre el descenso de la violencia.

Pierde Iraq porque no exporta el número de barriles suficiente para pagar los gastos del Estado. Pierden las compañías de petróleo porque descienden sus dividendos. Pierden los ciudadanos asqueados por cinco años de guerras y fracasos.


El petróleo juega un papel estelar en la enésima crisis. Basora es la ciudad más importante del país, el pulmón de la debilitada economía iraquí. Hay ciudades en el sur tan influidas por las milicias como la ciudad del petróleo, pero hay una gran permisividad por parte de las fuerzas de seguridad.

Con el petróleo no se juega. Fue la causa de la invasión de hace cinco años y de la subversión del orden internacional. Fue la causa de la invasión frustrada (los estadounidenses dejaron el trabajo a medias de forma intencionada) de 1991. Fue la causa de la guerra entre Irán e Iraq de los años ochenta.


El gran periodista polaco Ryszard Kapuscinski escribió que “el petróleo suscita grandes emociones y pasiones. Es una tentación de enormes sumas de dinero fácil, de riqueza y fuerza, de fortuna y poder. Es un líquido apestoso que brota alegre hacia lo alto para luego caer sobre la tierra en forma de lluvia de hermosos billetes”.

El petróleo provocó la gran guerra contra Sadam Hussein y también las pequeñas batallas entre los iraquíes. El líquido apestoso es el gran poder de Oriente Medio desde hace décadas. Todo ocurre porque hay petróleo. Y todo dejará de ocurrir cuando se sequen los depósitos subterráneos.

 

14,30 (hora iraquí)

Gervasio Sánchez

Tres cohetes se han estrellado contra la Zona Verde de Bagdad en los últimos minutos. A pesar del toque de queda los milicianos siguen bombardeando con cohetes katiusha y morteros la zona más protegida del mundo donde están las instalaciones del gobierno iraquí y las embajadas estadounidense y británica. La calma sigue en toda la ciudad. Es irónico que sea más peligroso transitar por la Zona Verde que por la Zona Roja donde vive la población iraquí normal y corriente.

19,00 (hora iraquí)

Carga de caballería. Así llama el gobierno iraquí a su campaña de persecución contra los milicianos radicales. Un título grandilocuente y pomposo. En el vocabulario imitan al anterior dictador. Sadam Hussein bautizó Botín de guerra (Anfal en árabe) su cruzada contra los kurdos que costó miles de muertos y desaparecidos en los años ochenta.
Los estadounidenses son los mejores cuando se trata de buscar títulos fatuos para sus grandes obras (de caridad) bélicas. Sus Operaciones de las últimas décadas son buenos ejemplos: Furia Urgente (Granada 1983), Causa Justa (Panamá 1989), Tormenta del Desierto (Iraq 1991), Zorro del Desierto (Iraq 1997), Libertad Duradera (Afganistán 2001), Libertad Iraquí (Iraq 2003), Conmoción y Pavor (segunda fase Iraq 2003).


Hacer la guerra es su especialidad. Pero son incapaces de imponer la paz allí donde intervienen militarmente. Les ocurrió en Vietnam o Líbano. Les está ocurriendo en Iraq. Tardaron tres semanas en ocupar todo un país y conquistar su capital. Tardaron unos días, entre el 9 y el 12 de abril de 2003, en tirar por la borda el prestigio que les significó acabar con uno de los regímenes más brutales de la historia.
Unas decenas de carros de combate bien posicionados ante los edificios públicos e históricos, algunos centenares de policías vigilando hospitales, escuelas y universidades, un riguroso toque de queda nocturno con la orden de disparar contra los saqueadores.


Pero hicieron lo contrario. El propio Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Estados Unidos y máximo responsable del desastre junto al presidente George W.Bush, encontró una frase sórdida para explicar el caos: "La libertad implica desorden".
Rajiv Chandrasekaran, enviado especial del Washington Post a Iraq, asegura en su notable libro Vida imperial en la ciudad esmeralda que "el pillaje causó muchos más daños a la infraestructura iraquí que la campaña de bombardeos y la incapacidad de restaurar el orden creó un clima de total impunidad". Para llegar a esta desoladora conclusión no tuvo que hablar con representantes de los contubernios pacífistas o los críticos furibundos de la política estadounidense sino preguntar a responsables de Estados Unidos que vinieron a trabajar a Iraq poco después de la caída de Sadam Husein.


En su libro relata lo que le contó Barbara Bodine, una veterana diplomática estadounidense, que hablaba árabe y que iba a convertirse en la alcaldesa provisional de Bagdad, cuando le avisaron de que los saqueadores estaban a punto de entrar en una de las cámaras acorazadas del Banco Central que guardaba una valiosa colección de objetos de oro asirios. Envió un correo electrónico al mando central estadounidense y mantuvo un diálogo electrónico surrealista:
Bodine: La cámara acorazada subterránea que guarda el legado asirio corre el peligro inminente de ser saqueada. Hemos de hacer algo al respecto.
Mando Central: ¿Qué es el legado asirio?
Bodine (pensando que la pregunta era como la frase de Groucho "¿Quién está enterrado en la tumba de Grant"): Tesoros asirios.
Mando Central: ¿Qué es un tesoro asirio?
Bodine: Léete los primeros capítulos de la Biblia. Es material muy antiguo y valioso. Hemos de salvarlo.
Mando Central: De acuerdo. Veré qué se puede hace.


 
 

Comentarios de los lectores
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Hola Gervasio,

Tus cartas de hoy me tocan particularmente. Ayer estuve con un amigo francés que me monstro el cuaderno de guerra de su abuelo. Su abuelo recibio la legion de honor por haber combatido en la primera guerra mundial, fue herido en la cara (fue un de los "gueules cassées" carras quebradas de esta guerra) y en otra occasion fué herido en la pierna.
Termino su cuaderno justamente por decir que odia a la guerra.
Despues de la guerra, el escribio al Ministerio de los Antiguos Combatientes preocupandose de que fueron bien tratados los prisoneros alemanes de guerra en Francia. Vi la carta de respuesta que le mando este Ministerio. Es un ejemplo de lo que dices en tu carta: " dejar a un lado los prejuicios y ponerse en el lugar del Otro."
Su nieto que me monstraba estos documentos esta paraplejico desde que, hace algunos anos, fué herido por bala en una embuscada en Erythrea.El trabajaba alla por Medicos Sin Fronteras y sigue trabajando con ellos.

El autor frances Michel Quint, hablando de su padre que fué resistente en la segunda guerra mundial dice que su padre lo hico estudiar el aleman "porque entendio que no hay lugar para el maniqueismo en historia".

Gervasio, sigue dandonos "comida para el pensamiento"

Edith Hesse

Cuando tuve el honor de charlar contigo hace tan sólo unas semanas en Madrid, y más aún cuando me quedo enganchada con tus crónicas, tus libros y fotografías, me siento identificada con esos soldados de la Academia de Zaragoza apunto de licenciarse: un ser amaestrado a conciencia para escribir correcto, pero sin capacidad de pensar con independencia, y con una percepción borrosa de lo que es la profesión. A los cientos de periodistas que nos licenciamos cada año, tu forma de trabajar, sólo con un par de páginas y alguna ilustración, nos enseña mucho más que lo que nos aportan cinco años rodeados de ratones de biblioteca. Leerte, escucharte, lo deja a uno exhausto, deprimido al ver lo lejos que se encuentran de uno mismo los reporteros de verdad, con la misma cara que a esos soldados maños. Pero unas horas después, arrancas con más fuerza, con más ganas de acortar la distancia entre el becario y el gran periodista. Felicidades, Gervasio, por tu extraodinario trabajo y gracias por transmitirme a diario estas ganas de intentar parecerme, aunque sea un poco, a vuestra tribu.

Inma Maldonado, estudiante de la Universidad Complutense de Madrid.

Gerva, cómo reconozco en esta crónica el espíritu de todos los corresponsales de guerra. La gente cree que adoramos las guerras, que somos como los incendiarios que disfrutan viendo el fuego destruir una casa. La primera vez que ves un muerto acribillado a balazos o un horcado por traidor, sientes un pinchazo en el estómago. ¿Tendrá mujer e hijos? ¿Lo recordarán? ¿Crecerán sin odio? Y pensar que no acabamos con las guerras porque unos ambiciosos dirigentes engañan a su gente diciendo que el otro es su enemigo y responsable de todos sus males. En la carretera de Abu Zaabal (Egipto), en 1956, un grupo de periodistas en tres vehículos, nos vimos sorprendidos por un ataque de la aviación británica. Ametrallaron nuestro convoy y se dispusieron a seguir después de describir un círculo detrás de nosotros. Salimos de los vehículos y tras franquear un canalillo de barro de un metro de anchura, nos protegimos detrás de los árboles que bordeaban la carretera. Uno colega alemán, en su precipitación cayó de bruces en el barro. Nos reímos de su torpeza desde nuestros troncos. Sobre todo Aldo de Quarto, italiano de Il Giorno de Milán. El hombre nos explicó, posteriormente que había sido piloto de guerra durante la mundial y desconocía el miedo: "Bombardeé Coventry, en Inglaterra hasta arrasar la ciudad y, desde mi Junker nunca sentí el miedo que hre sentido ahora viendo las ráfagas de ametralladoras pasar rozándonos". Y es que la guerra no es un juego de marcianitos. El resultado del ataque fué la destrucción de un orfelinato lleno de niños pequeños. Querían destruir la emisora de Sout el Arab , la Voz de los Árabes. Ni la tocaron.  ¡Animo y suerte, hermano y vuelve a casa antes de Navidad!


Enrique Meneses

No se llega a entender bien que algunos medios de prensa, así como destacados políticos de la derecha nacional e internacional insistan en justificar la guerra de Iraq. Por ningún concepto ético que conlleve violencia y muerte indiscriminada se puede permitir una guerra o que tales medios justifique un fin, más en este caso que pretende desviar la atención mundial para que no vea los intereses que han llevado a la Administración Bush dicha masacre en aquel país.

Aseguro que si Iraq hubiese tenido armas de destrucción masiva, EE UU no habría atacado, pues no lo ha hecho con países donde sí existen desde ha tiempo esas armas que infructuosamente dijo buscar en Iraq. Para mi opinión, se buscaba garantizar unos ingresos espureos con las reservas de petróleo. Desde la Administración yanqui se sabía el costo que iba a tener en cosas que les interesa (de momento 4.000 soldados estadounidenses muertos y una subida desproporcionada del brent), pues las muertes civiles y de militares, así como el éxodo de millones de iraquies, les importa un bledo.

De esta forma, el gasto militar es absorbido por ese petróleo que roban para las arcas de empresas de las que tienen titularidad destacados miembros del gabinete de Bush, quien junto con Cheney, Rice..., así como adláteres de la política mundial, Blair, Aznar y otros, deberían ser juzgados por genocidio. No es entendible que se ahorque a Sadam y estos personajes citados vivan con tanta holgura como vivió Pinochet hasta sus últimos días..
Es hora en la que no se puede ser neutral, callar por temor o comodidad es tan canalla como lavarse las manos al estilo Pilatos, al quien cito por el mero hecho de que estamos en Semana Santa.

Muy bien vuestros artículos sobre Iraq en el Heraldo de Aragón.

Yo soy periodista que me acabo de jubilar, por esa estupidez de medir a las personas cuando llegan a una cierta edad, pero mi cerebro siga en dirección opuesta a la misma y sigo trabajando sin resquemores y sin descanso, aunque sin tantos agobios, por mor de representar con 65 años reales unos 50 años virtuales.

Saludos

Vicente Montejano Conejero, ex redactor de FARO DE VIGO


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