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Comentarios de los lectores
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------------------------------------ Hola Gervasio,
Tus cartas de hoy me tocan particularmente. Ayer estuve con un amigo francés que me monstro el cuaderno de guerra de su abuelo. Su abuelo recibio la legion de honor por haber combatido en la primera guerra mundial, fue herido en la cara (fue un de los "gueules cassées" carras quebradas de esta guerra) y en otra occasion fué herido en la pierna.
Termino su cuaderno justamente por decir que odia a la guerra.
Despues de la guerra, el escribio al Ministerio de los Antiguos Combatientes preocupandose de que fueron bien tratados los prisoneros alemanes de guerra en Francia. Vi la carta de respuesta que le mando este Ministerio. Es un ejemplo de lo que dices en tu carta: " dejar a un lado los prejuicios y ponerse en el lugar del Otro."
Su nieto que me monstraba estos documentos esta paraplejico desde que, hace algunos anos, fué herido por bala en una embuscada en Erythrea.El trabajaba alla por Medicos Sin Fronteras y sigue trabajando con ellos.
El autor frances Michel Quint, hablando de su padre que fué resistente en la segunda guerra mundial dice que su padre lo hico estudiar el aleman "porque entendio que no hay lugar para el maniqueismo en historia".
Gervasio, sigue dandonos "comida para el pensamiento"
Edith Hesse
Cuando tuve el honor de charlar contigo hace tan sólo unas semanas en Madrid, y más aún cuando me quedo enganchada con tus crónicas, tus libros y fotografías, me siento identificada con esos soldados de la Academia de Zaragoza apunto de licenciarse: un ser amaestrado a conciencia para escribir correcto, pero sin capacidad de pensar con independencia, y con una percepción borrosa de lo que es la profesión. A los cientos de periodistas que nos licenciamos cada año, tu forma de trabajar, sólo con un par de páginas y alguna ilustración, nos enseña mucho más que lo que nos aportan cinco años rodeados de ratones de biblioteca. Leerte, escucharte, lo deja a uno exhausto, deprimido al ver lo lejos que se encuentran de uno mismo los reporteros de verdad, con la misma cara que a esos soldados maños. Pero unas horas después, arrancas con más fuerza, con más ganas de acortar la distancia entre el becario y el gran periodista. Felicidades, Gervasio, por tu extraodinario trabajo y gracias por transmitirme a diario estas ganas de intentar parecerme, aunque sea un poco, a vuestra tribu.
Inma Maldonado, estudiante de la Universidad Complutense de Madrid.
Gerva, cómo reconozco en esta crónica el espíritu de todos los corresponsales de guerra. La gente cree que adoramos las guerras, que somos como los incendiarios que disfrutan viendo el fuego destruir una casa. La primera vez que ves un muerto acribillado a balazos o un horcado por traidor, sientes un pinchazo en el estómago. ¿Tendrá mujer e hijos? ¿Lo recordarán? ¿Crecerán sin odio? Y pensar que no acabamos con las guerras porque unos ambiciosos dirigentes engañan a su gente diciendo que el otro es su enemigo y responsable de todos sus males. En la carretera de Abu Zaabal (Egipto), en 1956, un grupo de periodistas en tres vehículos, nos vimos sorprendidos por un ataque de la aviación británica. Ametrallaron nuestro convoy y se dispusieron a seguir después de describir un círculo detrás de nosotros. Salimos de los vehículos y tras franquear un canalillo de barro de un metro de anchura, nos protegimos detrás de los árboles que bordeaban la carretera. Uno colega alemán, en su precipitación cayó de bruces en el barro. Nos reímos de su torpeza desde nuestros troncos. Sobre todo Aldo de Quarto, italiano de Il Giorno de Milán. El hombre nos explicó, posteriormente que había sido piloto de guerra durante la mundial y desconocía el miedo: "Bombardeé Coventry, en Inglaterra hasta arrasar la ciudad y, desde mi Junker nunca sentí el miedo que hre sentido ahora viendo las ráfagas de ametralladoras pasar rozándonos". Y es que la guerra no es un juego de marcianitos. El resultado del ataque fué la destrucción de un orfelinato lleno de niños pequeños. Querían destruir la emisora de Sout el Arab , la Voz de los Árabes. Ni la tocaron. ¡Animo y suerte, hermano y vuelve a casa antes de Navidad!
Enrique Meneses
No se llega a entender bien que algunos medios de prensa, así como destacados políticos de la derecha nacional e internacional insistan en justificar la guerra de Iraq. Por ningún concepto ético que conlleve violencia y muerte indiscriminada se puede permitir una guerra o que tales medios justifique un fin, más en este caso que pretende desviar la atención mundial para que no vea los intereses que han llevado a la Administración Bush dicha masacre en aquel país.
Aseguro que si Iraq hubiese tenido armas de destrucción masiva, EE UU no habría atacado, pues no lo ha hecho con países donde sí existen desde ha tiempo esas armas que infructuosamente dijo buscar en Iraq. Para mi opinión, se buscaba garantizar unos ingresos espureos con las reservas de petróleo. Desde la Administración yanqui se sabía el costo que iba a tener en cosas que les interesa (de momento 4.000 soldados estadounidenses muertos y una subida desproporcionada del brent), pues las muertes civiles y de militares, así como el éxodo de millones de iraquies, les importa un bledo.
De esta forma, el gasto militar es absorbido por ese petróleo que roban para las arcas de empresas de las que tienen titularidad destacados miembros del gabinete de Bush, quien junto con Cheney, Rice..., así como adláteres de la política mundial, Blair, Aznar y otros, deberían ser juzgados por genocidio. No es entendible que se ahorque a Sadam y estos personajes citados vivan con tanta holgura como vivió Pinochet hasta sus últimos días..
Es hora en la que no se puede ser neutral, callar por temor o comodidad es tan canalla como lavarse las manos al estilo Pilatos, al quien cito por el mero hecho de que estamos en Semana Santa.
Muy bien vuestros artículos sobre Iraq en el Heraldo de Aragón.
Yo soy periodista que me acabo de jubilar, por esa estupidez de medir a las personas cuando llegan a una cierta edad, pero mi cerebro siga en dirección opuesta a la misma y sigo trabajando sin resquemores y sin descanso, aunque sin tantos agobios, por mor de representar con 65 años reales unos 50 años virtuales.
Saludos
Vicente Montejano Conejero, ex redactor de FARO DE VIGO
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