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Bagdad, 25 de marzo de 2008
9,00 (hora iraquí)
Iraq quiere recompensar a todos los
prisioneros políticos de la época de Sadam
Hussein. Es una tarea ingente porque se calcula que
un millón de personas pasaron por las mazmorras
de aquel atroz régimen. Decenas de miles fueron
ejecutados y sus restos enterrados en lugares desconocidos.
Sus familias los siguen buscando.
El Parlamento aprobó por consenso
una ley de compensaciones morales y económicas
en 2006 y creo una Fundación de Prisioneros Políticos
cuyo presidente, Harem K.Al Mayahee, tiene categoría
de ministro sin cartera.
Un vicepresidente y 11 directores generales
le acompañan en la junta directiva y tienen el
encargo de establecer una lista rigurosa con los auténticos
ex prisioneros e impedir las falsificaciones. 2.500
trabajadores, incluido el personal de seguridad, trabajan
en esta institución. Todos son ex prisioneros
políticos.
“En nuestros primeros seis meses ya
tenemos una lista de 1.500 personas en todo el país.
Un juez de la más alta estancia judicial y miembros
de cinco ministerios han revisado los expedientes y
los han aprobado”, explica Al Mayahee.
Los elegidos reciben una compensación
económica mensual de 500.000 dinares iraquíes
(unos 300 euros) como paga de emergencia hasta que se
tramita una ley de jubilados.
Muchos prisioneros sufrieron el embargo
de sus propiedades y la persecución de su familia.
Cuando Al Mayahee salió de la cárcel en
1986 decidió marcharse clandestinamente del país.
Como represalia la policía política de
Hussein detuvo a su padre en varias ocasiones. Las condiciones
execrables y los malos tratos provocaron su muerte en
una prisión. Uno de sus hermanos, que hoy es
juez, también fue encarcelado durante varios
años. Pero él mismo reconoce que su historia
no es tan terrible si se compara con las de familias
que fueron completamente exterminadas.
17,00 (hora iraquí)
Familias enteras fueron exterminadas en Iraq. Sus cuerpos enterrados en fosas comunes en el desierto. Es fácil encontrar ciudadanos con una decena de desaparecidos. Algunos alcanzan la veintena.
En Kurdistán la violencia duró años. Uno de los episodios más brutales ocurrió en el valle de Barzan la madrugada del 31 de julio de 1983 cuando miles de soldados de las fuerzas especiales de Sadam Hussein entraron en las aldeas, detuvieron a todos los varones mayores de 12 años y los trasladaron al sur del país para ejecutarlos y enterrarlos en fosas comunes.
8.000 varones, incluidos 315 niños, sufrieron la deportación forzosa y una muerte atroz. Madres como Bayez Brahim, Hama Hakim, Kahma Hakeem, Lala Muhamed perdieron a siete, cinco o cuatro hijos varones, además del esposo y todos los hermanos. Sólo en dos aldeas minúsculas, Barzan y Bele, hubo 192 y 162 desaparecidos respectivamente.
Kamel Taher salvó la vida porque estaba haciendo el servicio militar. Pero su padre y sus tres hermanos fueron cazados. Igual que todos sus sobrinos varones, incluidos los hijos de sus hermanas. Y los primos hermanos y los primos lejanos. Y los hermanos de su padre y su madre. Y los hermanos de sus tías. La cascada de muertes se detuvo cuando alcanzó los 70 individuos.
Sólo se encontró una fosa común con los restos de 512 desaparecidos pero todavía no se han identificado los restos de forma individual. Otros miles de kurdos fueron exterminados y desaparecidos durante la campaña Anfal en 1987 y 1988.
La Fundación de Prisioneros Políticos ha ordenado los expedientes de 1.082 ejecutados políticos entre los que hay once mujeres. Los cuerpos de 693 fueron entregados después de la ejecución o fueron encontrados los meses posteriores a la caída del régimen de Hussein en cementerios o fosas comunes. 389 siguen sin aparecer.
15 ejecutados eran menores de 13 años y otros 74 no pasaban de los 18. El 86% de los ejecutados pertenecían al segmento situado entre los 19 y los 45 años. Tres ancianos mayores de 70 años también fueron ahorcados.
Los años más horribles
para los chiies fueron 1982 y 1991. Decenas de miles
de chiíes fueron ejecutados por su oposición
frontal a la guerra contra Irán o durante el
levantamiento contra el régimen debilitado después
de la invasión de Kuwait y los bombardeos estadounidenses.
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