Cinco años de guerra en Iraq

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Bagdad, 22 de marzo de 2008





9,00 (hora iraquí)

Viernes Santo en Bagdad. El padre Manuel Hernández, el único español que vive en la capital iraquí de forma permanente desde hace cuatro años, se dispone a iniciar el paseíllo hasta el altar mayor de la iglesia de Fátima. Está pletórico y emocionado: el templo está a rebosar. Unos minutos antes ha confesado: “En España apenas vienen 8 ó 10 feligreses a mis misas y aquí puedo poner el cartel de completo”.

La misa comienza con el canto de una hermosa plegaria llamada “Mis ojos nunca verán a un Dios como tú”. Unos 200 feligreses de distintos ritos han desafiado el miedo y han llegado de manera discreta a la iglesia desde diferentes barrios minutos antes de empezar el acto.

Muchas parroquias han tenido que echar el cierre ante la ola de violencia sectaria que sufre el país desde hace dos años. Los cristianos siguen conmocionado por la muerte en cautividad hace diez días del arzobispo caldeo de Mosul, Paulos Faraj Rahho, después de que fuese secuestrado por un grupo armado el último día de febrero.

“No tengo miedo. Me da seguridad mi creencia en Dios”, ha comentado antes de empezar la ceremonia la sirio-católica Ragade, una hermosa joven de 20 años que se ha desplazado desde el barrio Al Banuk, situado a varios kilómetros de distancia.

Jamil Louis Al Qads, un caldeo-católico de avanzada edad, ha afirmado que “ni las explosiones me quitan las ganas de asistir al culto”. También ha venido desde un barrio lejano. Su iglesia está cerrada porque “el cura responsable tiene miedo”.

Más de un centenar de cristianos caldeos y asirios han sido asesinados desde 2003. También han sido atacadas decenas de iglesias con coches bombas en diferentes zonas del país. Apenas quedan unos 600.000 cristianos en Irak de los dos millones que había durante la época de Sadam Husein.

El padre Manuel comenta que “los cristianos iraquíes viven en la actualidad la pasión de Cristo como una extensión de su propia pasión ante la violencia y la muerte diarias”. Asegura que “nunca se han escondido y su presencia aquí es testimonio de su gran fe”.

Sorprende el número elevado de jóvenes que asisten al acto litúrgico. El padre Manuel tiene una explicación: “Las dificultades crean jóvenes más firmes e intrépidos. En cambio, las comodidades que se viven en Occidente los vuelven más débiles y acaban refugiándose en lo más fácil y cómodo”.

20,30 (hora iraquí)

Los ciudadanos de Bagdad son incapaces de entender por qué cinco años después de la invasión las autoridades iraquíes y las fuerzas de ocupación han sido incapaces de normalizar el suministro eléctrico. Con temperaturas que ya superan los 30 grados en las horas punta del día los iraquíes son conscientes de que los cortes serán más regulares a medida que el calendario se acerque a los meses del verano.

En junio y julio los termómetros suelen rebasar con facilidad los 40 grados a la sombra y en agosto los 50 grados. En agosto de 2003 este enviado especial sufrió temperaturas superiores a los 50 grados a la sombra durante diez días seguidos. En plena madrugada el termómetro rondaba los 40 grados.

El ingeniero Raed Abed, de 30 años trabaja en una de las diez centrales eléctricas que suministran a toda la capital. El descalabro eléctrico se debe a varios factores, según su opinión. Las centrales fueron construidas en los años sesenta y ya han concluido su ciclo lógico de vida. El sistema de transporte de la electricidad está muy dañado después de casi tres décadas de guerras y bombardeos. Las centrales utilizan combustibles pesados, trabajan a destajo y apenas realizan mantenimiento. Los atentados contra la red eléctrica perjudican el suministro regular. Pero se suele exagerar su impacto para disimular la mala gestión y la corrupción de los responsables gubernamentales del sector.

Lo sorprendente es que el régimen de Sadam Hussein, asfixiado por el bloqueo económico internacional durante más de una década, aseguraba un suministro mayor que el gobierno actual, que cuenta con la ayuda económica de la principal potencial mundial.

El ingeniero Abed asegura que es necesario jubilar todas las centrales eléctricas y sustituir el cien por cien del tendido eléctrico para mejorar el suministro. Pero la violencia cotidiana impide formalizar contratos con empresas internacionales expertas en el sector eléctrico. Y aunque comenzaran las inversiones mañana mismo se necesitaría entre cinco años y una década para alcanzar una normalidad lógica.

El gobierno asegura que suministra a los hogares una media de diez horas de electricidad al día. Pero los ciudadanos saben que se trata de pura propaganda y se tienen que conformar con cuatro horas al día en los meses más calidos y dos horas en los más calurosos.

 


 
 

Comentarios de los lectores
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Nos conocemos desde hace un par de años cuando recabaste en casa, en Huambo, en busca de quienes mostraste al mundo en tu trabajo de Vidas Minadas. Ya entonces pusiste cara, expresión y sentimientos a la inmensa tragedia de las minas antipersona. Ahora haces lo mismo con "LA guerra olvidada" que a base de aparecer dia tras dia en las crónicas de sucesos de periódicos y telediarios, nos ha creado una coraza de lejanía e indiferencia. Gracias por tu labor necesaria.

Un abrazo y cuidate mucho:
Ramón Sales. Huambo (Angola)


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Hola Gervasio. Tu última carta, describiendo el ambiente en la ciudad, despierta en mi una emocion ligada a lo que vivi en Grozny en principio de 1995. Veo las calles con poca gente caminando apurada, con la mirada preocupada; recuerdo una niña caminando la cabeza agachada, clavada a su madre y apretando su mano. Recuerdo los numerosos check points que se deben pasar en una corta distancia y la tension de los militares. Veo los vehiculos del ejercito siempre en grupo pasando por las calles muy rapidamente con militares sin cara, con el antifaz de sus cascos.  Me acuerdo de haberme enfrentado varias veces directamente a los dramas humanos. Todo esto en medio de ruinas y de vehiculos calcinados. Era en la nieve, en otro contexto, pero al final debes sentir la misma impresión de apocalipsis que parece irreal al ser tan extrema. Talvez, tú tambien te sientes con un dilema entre las ganas impulsivas de huir y las ganas mas razonadas y la empatica de quedarte para testimoniar y mantener el vínculo entre esta gente y el resto del mundo. No hay serenidad para la mente en estos contextos. Sé tambien que no es facil trabajar como periodista allí. Tus movimientos deben estar bastante limitados por razones de securidad....  Y por supuesto, para poder analizar esta locura en Bagdad se necesita colocar esta realidad en su contexto internacional. Lo uno no puede pasar sin lo otro.   Cuídate! Edith Hesse, desde Belgica

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Nada más que desearte suerte y que sigas haciéndolo con ese espíritu, hacía falta ya alguien que contara las cosas en primera persona y desde el mismo lugar donde están ocurriendo.
Gracias. J.H.





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