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Bagdad, 20 de marzo de 2008
9,00 (hora iraquí)
Los habitantes de la calle Zuya tienen la desgracia de vivir entre uno de los puentes sobre el río Tigris que permite la entrada en la amurallada Ciudad de los Privilegios (Zona Verde) que defiende la integridad física de los gobernantes iraquíes y las principales autoridades ocupantes, y la gran Plaza del Puente que enlaza con el antiguo barrio de las huestes de Sadam Husein, hoy reconvertido en zona de oficinas y habitacionales de funcionarios del estado, que algunos consideran una especie de Zona Verde bis.
Los vuelos rasantes de helicópteros son continuos. Las explosiones de coches bombas en el barrio comercial de Karrada o el paso de los convoys de blindados estadounidenses provocan temblores de las paredes de las humildes casas. Algunos proyectiles lanzados por los insurgentes del barrio de Doha contra la Ciudad de los Privilegios (sólo para invitados especiales) se quedan cortos y estallan en los alrededores. Pero lo más insoportable son los cortes de tráfico que se producen cada vez que la caravana de una alta autoridad se desplaza de la Ciudad de los Privilegios a la Zona Verde bis.
Minuto 1. Llegan decenas de vehículos blindados repletos de miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes y soldados estadounidenses. Cierran varias calles adyacentes con alambradas y prohíben el cruce de la calle a los peatones. El tráfico se paraliza. Minuto 5. Helicópteros artillados Apaches comienzan a sobrevolar la zona en círculos cada vez más cerrados. Minuto 10. Un soldado estadounidense grita a un muchacho mientras le señala con su M16. El adolescente camina por el lugar equivocado. Minuto 15. Dos señoras son autorizadas a atravesar la calle. El acompañante masculino debe dar la vuelta. Minuto 20. “Algunas veces cierran nuestros lugares de trabajo y nos impiden salir durante horas”, comenta Bilal Hassan. Minuto 25. Las niñas de una escuela son obligadas a esperar al otro lado del cordón de seguridad. Las más pequeñas se refugian bajo las faldas de su madre.
Minuto 30. Ni rastro de la personalidad que ha provocado la paralización de la vida en un barrio completo. Minuto 35. “¿Qué tipo de huéspedes son aquellos que provocan tantas molestias a los ciudadanos del país que visitan (una alta autoridad estadounidense está en la ciudad)?”, se pregunta un viandante. Minuto 45. Va a comenzar el espectáculo. Silencio total. Todos en sus puestos. El desfile de vehículos empieza con cuatro blindados ligeros de las fuerzas ocupantes, continua con una docena de Suburban Chevrolet blindados, dos furgones con periodistas acreditados en la Ciudad de los Privilegios y otros cuatro blindados estadounidenses. Minuto 50. Brota la vida. Centenares de personas, incluidas las decenas de escolares, atraviesan la calle. Dos horas después todavía no se habrá restablecido la normalidad en el tráfico y continuará un atasco monumental.
16,00 (hora iraquí)
Dice el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, que la guerra de Iraq es justa y necesaria. Veamos que piensan algunos ciudadanos iraquíes de esta versión idílica.
Murtda Hassan, de 30 años, casado con dos hijos. Su padre, su abuelo, un tío paterno y un primo fueron detenidos en 1980. Todos fueron ejecutados en 1983 y nunca les entregaron los cuerpos. “Una guerra que nos ha hecho sufrir tanto no puede ser justa. Estados Unidos ha venido a este país a defender sus propios intereses no los del pueblo iraquí. Pudieron acabar con Sadam Husein en marzo de 1991 y no lo hicieron porque les servía mejor en el poder reprimiendo a sus ciudadanos”.
Ani Taher Gardan, de 45 años, casado con 4 hijos. Vivió en el barrio de Dora hasta principios de 2006. Dos de sus sobrinos fueron asesinados. La casa de su hermano fue volada y él amenazado de muerte. Radicales suníes vinculados a grupos terroristas provocaron el éxodo de la población chií. “Sería una guerra justa si se hubiesen retirado tras derrocar al dictador. Pero no invadieron Iraq por motivos humanitarios sino para instalar sus bases militares, controlar sus riquezas en hidrocarburos y saquearlas”
Qais Kamel, de 42 años, casado con 5 hijos. Su hermano fue asesinado en abril de 2006 por milicianos mientras trabajaba en la reparación del tendido eléctrico. “La guerra sólo sirvió para derrocar a Sadam Husein. Quizá fue necesaria porque estábamos bajo el yugo de la dictadura, pero ni ha sido ni es justa. Seguimos viviendo bajo la misma opresión que durante la época de Sadam Husein. Entonces había matanzas y hoy también”.
20.30 (hora iraquí)
La organización Reporteros sin Fronteras afirma que 210 profesionales de la información han muerto en Iraq desde el 19 de marzo de 2003.
Esta es la lista fúnebre: 193 iraquíes, 2 españoles, 2 británicos, 2 japoneses y 1 periodista de cada uno de estos países: Rusia, Arabia Saudí, Italia, Argelia, Polonia, Ucrania, Jordania, Alemania, Irán, Australia.
Además otros 87 han sido secuestrados por motivos políticos o económicos. 15 de ellos continúan retenidos en la actualidad. 350 periodistas han huido del país por miedo a ejercer su profesión, un número mayor a los 212 que se tuvieron que exiliar durante al época de Sadam Husein.
El Sindicato de Periodistas Iraquíes, que agrupa a 9.000 periodistas en activo y jubilados, amplia hasta 275 (14 mujeres) el número de muertos, incluidos aquellas personas que, sin realizar una labor meramente informativa, trabajan en los medios de comunicación como electricistas, conductores, administrativos, secretarias.
Nueve colaboradores iraquíes de medios estadounidenses fueron asesinados durante el 2007.
Es el precio por la palabra o la imagen en la guerra más letal para la prensa en toda su historia.
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