Chicas que ofrecen sus cuerpos a los ídolos, las grupis

Las he visto a pie de escenario o rondando los camerinos a la caza del músico famoso. En una ocasión, incluso, llegué a oír a una de ellas vanagloriarse de sus aventuras sexuales con un rockero local ¡en un cementerio! Las grupis. Chicas jóvenes, muchas de ellas fascinadas por la fama, el alma y los cuerpos de tipos indeseables, moralmente putrefactos, desde el mismo momento en que se aprovechan de la superioridad que –creen- que les da su celebridad para tirárselas, dicho en plata y no acudir al eufemismo que, como recuerda Vargas Llosa, se usa actualmente en los medios norteamericanos de ‘conducta impropia’. Y ello, por muy buscada y consentida que sea la relación.

Es de tesis doctoral el papel de las jóvenes en la música pop a lo largo de la historia. Chicos y chicas, ante una canción, un disco, un grupo o un artista de rango sienten emociones iguales, se conmueven, cantan, viven. Y, sin embargo, mientras ellos cogen una guitarra o un micro, ellas se quedan en la pasividad ensoñadora, forrando sus carpetas escolares con fotos de sus ídolos, chillando en sus conciertos o, elevando el nivel de adoración, ofreciéndoles sus cuerpos, haciendo de grupis. Sinatra, Elvis, los Beatles y los Rolling Stones fueron los primeros y mayores causantes de esta pintura de trazo grueso pero con ciertos visos de realidad.

Afortunadamente desde hace muchos años esta pintura se ha desteñido. Las chicas, aunque tímidamente, no solo hicieron irrupción en los escenarios del primer rock’n’roll (Brenda Lee, Wanda Jackson), sino que en los sesenta se desataron en solitario o formando parte de grupos, y en algunos casos copándolos al completo: The Supremes, Shangri-Las, Ronettes, Crystals… En los setenta explotaron las primeras que conectaron con el rock macho: The Runaways, primitivas y salvajes, dueñas de unas vidas tan turbulentas que acabaron hasta en el celuloide. Igualdad de género mal llevada. Beaches son unas de las últimas: naturales de Nueva Zelanda, practican una neo psicodelia más que recomendable, como comentaba en una entrada anterior.

En medio queda un surtido inagotable de grupos exclusivamente femeninos: The Slits, The Donnas, Kittie, L7, Babes In Toyland, Vixen, Girlschool, Bangles, Go-Go’s, Crucified Barbara, Sleater Kinney, Warpaint… Muchos, es cierto, aunque todavía a distancia sideral del cómputo global de los masculinos. El rock sigue siendo todavía territorio macho (y quién sabe si de la manada, a tenor de las fiestas salvajes que habitan en las biografías), un espacio donde se producen grandes maravillas artísticas pero también sucias ‘conductas impropias’, que como algún día les dé por ‘cantarlas’ a sus víctimas anónimas, tal cual han hecho las actrices, atronarán los decibelios de la desvergüenza, y con ello –me temo- la falta de autoestima femenina de las grupis, cuando no de las agallas que hay que tener para ejercer como tal, según confesó en uno de sus tres libros Pamela Des Barres, que siguió a Mick Jagger, Jim Morrison, Hendrix y Keith Moon, entre otros. ¡Qué imán más poderoso (y nocivo) es la fama!

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9 respuestas a Chicas que ofrecen sus cuerpos a los ídolos, las grupis

  1. Woodyalle dijo:

    Aquí, querido Matías, siendo disentir contigo en tu crítica o condena de estas actitudes que yo las veo como parte de la vida. Recorre hoy en día por el planeta una corriente moralista (hipócrita, como casi todas ellas), de caza de brujas de pérfidos abusadores sexuales, los cuales merecen que les caiga encima todo el peso de la justicia. Pero hay que hacer una salvedad importante, y que tú citas en tu artículo. Si la relación es mutuamente consentida, ¿dónde está el abuso? ¿Deben los músicos, actores o deportistas esconder su privilegiada posición para poder echar un polvo y que no le caigan encima los Torquemada de turno, adalides de la moral humana? Todos hemos sido jóvenes y hemos tenido nuestra testosterona a tope, y nos hemos sentido deslumbrados por la chulaza o chulazo de bar, por el gracioso de la clase o por la madre de un amigo, que el mito de la edad es tan cegador como el de la fama. Siempre que las relaciones sean consentidas, no veo inmoralidad ni oprobio alguno.
    Hoy en día, si enfatizas la belleza de una mujer, y ya no digamos si te quedas anonadado mirando su escote, te tildan de machista, depravado y enfermo sexual… Creo que estamos meando un poco fuera de tiesto. El hombre y la mujer no pueden esconder su naturaleza animal, y cuando las hormonas actúan, que todo fluya. Eso sí, siempre con consentimiento mutuo.

  2. el malvado Joker dijo:

    Esta entrada me ha hecho recordar la maravillosa película “Almost famous”.

    Lennon en algún momento relataba “pasajes tremendos” que ocurrían con las groupies/fans en las giras de los Beatles, quienes por lo visto tenían a la prensa de cómplices. Supongo que hay mucho “cerdo” por ahí que se aprovecha de algunas pobres chicas, cegadas por el halo de “superstars”. Pero no creo que, en el fondo y por desgracia, sean situaciones muy diferentes a las que puedan ocurrir en otros ámbitos de la vida. No creo por tanto que los músicos sean en esto muy distintos a los demás. Supongo que forma parte de nuestra naturaleza: nuestra manía de hacer tonterías y complicarnos la vida, y el no saber calibrar el daño que se hace a las personas. A veces el consentimiento mutuo puede que no sea suficiente, pero ¡quién se pone a divagar cuando se dan “esas situaciones”!

    Perdón, que no quiero sermonear! A otro nivel, claro, y sin querer llamarlas groupies, debo decir que he sido testigo, con envidia, como hace ya muchos años, en cenas con cantautores amigos éstos se llevaban de calle a la chicas cuando en los postres aparecían las guitarras. Reconozco que aquello fue un acicate para mejorar mi técnica guitarrística! 😀

    • Matías Uribe dijo:

      Y con la técnica guitarrística, ¿llegó también la mejora con las chicas?… Ufff, qué morboso soy. Es broma Joker. Olvídalo. Lo que no es broma es que ‘Almost famous’ no es maravillosa, como dices. Me aburrió mucho cuando la ví. Aún la conservo como una de las peores inversiones que he hecho comprando deuvedés. No la he vuelto a ver más. Igual me pilló aquella noche con la neurona cambiada, pero la vi tan artificial y tan escasamente creíble, pese a basarse en hechos autobiográficos de su director Cameron Crowe, o eso decía él, que me cansó mucho. Por lo demás, suscribo todo lo que dices en tu brillante texto. No eres tan perverso como sugiere tu ‘nick’. A ver si hay suerte y despiertas a Megg. Detroit ya lo ha hecho.

      • el malvado Joker dijo:

        Ser músico, tocar medianamente bien… da mucho sex appeal, funciona con las chicas. Pero ser malvado le hace a uno ser aún más irresistible, te lo puedo asegurar, Matías. 😀

        • Matías Uribe dijo:

          Caramba, no puedo creer eso de la eficacia del malvado ante las chicas, pero es cierto, ¿cuántas veces no se han visto parejas de dulces chicas emparejadas con avernos vivientes? Nunca lo he entendido, siempre me han dado repelús las femme fatales, pero la realidad es la que es. Imagino que habrá mucha literatura al respecto. Bueno, y si además de malvado eres músico, ya debe ser la releche. No, si lo de las grupis tiene su base…

          • el malvado Joker dijo:

            Quizá he exagerado un poquito, jeje. Me ha gustado lo de “averno viviente”: alguna “damnificada” me calificaría así o cosas aún peores, estoy considerando usarlo como próximo “nick”.

      • Megg dijo:

        Jajajajajajaja!! Sí, ha surtido efecto, morboso Matías. Del Malvado ya me lo esperaba, pero de tí, quin desatre!!!!

        En serio, leyéndoos he recordado unas declaraciones que hicieron los Eagles, en concreto creo que Glenn Frey, recostado en una chaise longue de la suite de un lujoso hotel, donde se les entrevistaba en pleno apogeo del grupo, donde decía que desde que triunfaban podían tener las chicas a docenas, y no solo a los pies del escenario, extasiadas ante la visión de esas melenas, esos bigotes tan sexys, bajando la mirada para percibir el movimiento sutil de las caderas meciendo sus guitarras, enloquecidas, sí, pensando en cómo “sería” estar entre los brazos de un hombre que toca así la guitarra y que es capaz de componer Hotel California…Whoooow!!!
        Sí, las tenían cuando y como querían, y varias en una misma noche…tenían sexo, drogas y rock&roll, nunca mejor dicho. Los Eagles por poner un ejemplo… y ojo, no lo explicaban vanagloriándose, más bien recuerdo que con cierto hartazgo.

        Pero ¿qué queréis que os diga? Pues que en mis tiempos mozos me habría ido con Ariel Roth al fin del Mundo (ahora también, eh?) o con Bryan Ferry, (ahora también, eh?) y de haber estado en Largo la noche de aquel memorable concierto, y haber sobrevivido al caos músico-emocional de estar en primerísima fila (ya no sé estar en otro lugar en un directo, y habría hecho cola tres semanas de haber sido necesario) igual habría hecho una incursión con mis amigas para colarnos lo más cerca de ellos…que sí, que como dice Woodyalle, cuando las hormonas se disparan…

        • Megg dijo:

          Ariel Rot, sin “h”…y la lista de mis “deseados” es laaaarga…

        • Matías Uribe dijo:

          Vaya, vaya Megg, Joker te ha despertado. Welcome back. Y vaya refrendo que has hecho de las grupis… Mi pregunta es si esas escapadas al fin del mundo las hubieras hecho igualmente con un arquitecto, un albañil o un funcionario, o es el hecho diferencial de músico lo que dispara las hormonas. Me dejas con la duda.
          Por lo demás, estoy en plan amaralianno con el directo, que nada tiene que ver con lo que oímos en el Felipe, ahí ando con Juan polemizando. A ver esas oposiciones si salen con nota, que seguro que sí. Ánimo.

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