Cuando el punk llegó a Zaragoza

Desde Facebook, con motivo de los 40 años que se cumplen el próximo día 4 de diciembre del primer festival punk celebrado en Barcelona, en el Casal de la Alianza de Poble Nou, se me pide que ubique y evoque también el primer festival del género que se celebró en Zaragoza… Lo hace Oskar Aguilar, el voluntarioso jefe de la discográfica Bazofia Records, a raíz de un mensaje que envía una ‘facebookera’ (¿vale el palabro?) en el que evoca el citado primer festival barcelonés, con inserto incluido de un veterano punky catalán, el cantante de Mortimer, y a la vez pide información sobre el festival zaragozano del que tiene detalles e incluso aporta la crónica que yo mismo hice de él, pero no sabe ubicar. ¡Ay, la edad! Se nota que es más joven… Toca remover la hemeroteca y agitar la memoria.

En efecto, Zaragoza también tuvo su primer festival punk, aunque unos pocos meses más tarde que el de Barcelona, no muchos, en concreto, cuatro y unos días, toda vez que tuvo lugar el día 15 de abril del 78. Allí estuve. Lo seguí de cabo a rabo, desde la primera a la última actuación y entre bambalinas, entrevistando a los participantes: Mortimer, Rock and Roll Dam, French Dog y Basura.

Estaba en mis primerísimos balbuceos periodísticos, de hecho, era la octava semana que escribía la página de Discos en el Heraldo, es decir, un verdadero pipiolo del periodismo musical. Uff, leída hoy, hasta me produce un tanto de pudor, por no decir rubor: por el acartonado estilo periodístico y por la valoración precipitada que hice. En fin, pecado de novato y de una situación novedosa que vivida en directo resulta difícil calibrar en ese mismo instante. Más o menos, por poner un símil algo absurdo pero ilustrativo, como cuando alguien se está ahogando: en lo que menos piensa es en el porqué, y menos en filosofías, sino en cómo en salvarse cuanto antes.

Dicho lo cual, aquella noche fue fría en la calle, pero bien calentita en el escenario y aún en la misma puerta del local, los bajos del antiguo Mercado Central. El festival lo organizaba, espero que la memoria no falle, un emergente promotor, Jaime Borobia, en enlace con el mánager catalán de los cuatro grupos que actuaron. Borobia, que ya era un lince para sacar petróleo donde no había, se las ingenió para conseguir que el Ayuntamiento de Zaragoza le alquilara los bajos del Mercado, entonces en decadencia, y con apenas varios puestos abiertos en la planta superior, la principal. La baja estaba abandonada. Un lugar inhóspito, cutre y raro, en el que las comodidades brillaban por su ausencia. No había camerinos y el techo estaba tan bajo que los músicos casi lo tocaban con la cabeza al subirse al estrado. Pura penuria, aunque por otra parte cuadraba a la perfección con el marco cutre y barribajero en el que el punk había florecido.

También para situarse a tono con las circunstancias, el festival tuvo su ramalazo de protesta y hasta violencia. Un grupo no escaso de gente, siguiendo las consignas antisistema del movimiento, dijo que eso de pagar para oír música no era de recibo, así que en los inicios mismos del festival, se abalanzó sobre la puerta y, aun con la resistencia de los organizadores, haciendo de muro de contención, el grupúsculo logró entrar sin pasar por taquilla. Fueron momentos de tensión, acordes con los aires contestatarios, inconformistas y hasta violentos que llegaban de Inglaterra. Luego, la cosa se tranquilizó y ya no hubo más incidentes.

Los grupos se dedicaron a tocar ante probablemente unas 300 o 400 personas –el local estaba prácticamente lleno- y yo a escuchar y a entrevistar a unos y otros. Me sorprendieron las opiniones generalizadas de los mismos músicos, distanciándose del punk y de lo que este representaba: uno de ellos señalaba que lo suyo iba por los derroteros de Doctor Feelgood pero no por los de los Sex Pistols. Y bien pudiera ser, porque salvo Panotxa, cantante de Basura, con el pelo tintado de rubio, ninguno daba la imagen de aguerrido punk, al menos la de punk de cresta y alfileres que yo mismo había conocido un año antes en Inglaterra, en el famoso y crucial 77, en mi primera visita a Londres (daba casi miedo verlos deambular por Oxford Street en el año del Jubileo).

Musicalmente, aquellos cuatro grupos me produjeron cierta aversión. Su diletantismo instrumental y vocal, más en un tiempo donde todavía imperaban los ‘buenos modales’ rockeros y el virtuosismo, chirriaba, hacía daño estético y auditivo. También es verdad que los grupos estaban todavía muy verdes y yo personalmente aún no le había sacado el zumo al luego imprescindible y rabioso ‘Never Mind The Bollocks’, de los Pistols. Una situación, que, creo, no era única. Al menos, por algunas opiniones recogidas aquella noche y luego en el periódico, aunque lo cierto es que los más convencidos –aún no creo que pudiera hablarse de cofradía o tribu punk consolidada- fueron muchos y disfrutaron de lo lindo. El mismo mánager catalán se quedó sorprendido y admirado por el buen rollo de la gente.

El festival tuvo su eco más allá del mismo recinto en que se celebró. En el ambiente musical se habló mucho de él, para bien y para mal, y yo mismo en el Heraldo, en días siguientes, lo tomé como pieza de debate, abriendo la página semanal de Discos al fenómeno punk. El amigo Martín Muñoz, recién estrenado profesor de inglés tras su licenciatura en Filología Inglesa en la Universidad, donde nos conocimos, y un gran melómano, escribió un artículo reflexivo sobre el movimiento y otra semana después algunos de los popes de los medios y de la cultura pop –desde el institucional José Juan Chicón de Radio Zaragoza al profesor universitario Sánchez Vidal- emitieron opinión sobre el movimiento, por lo general negativa, viéndolo como moda pasajera, cuando no montaje de las discográficas. Me temo que ninguno estuvimos a la altura, ni acertamos el pronóstico, patinamos.

En fin, mejor que ahora yo no haga cábalas sobre lo que ocurrió y lo que unos y otros opinamos, y saque a relucir los respectivos recortes de la época, publicados en la página de Discos del Heraldo, y que cada cual saque sus conclusiones. Ahí van para gozo sobre todo –imagino- de la parroquia punky.

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3 respuestas a Cuando el punk llegó a Zaragoza

  1. gracias Matias
    yo soy la faceboockera que mencionas, y estuve presente en ese concierto, te agradezco que hayas escrito esto al respecto del punk, en aquella epoca, nadie vestido de punk reconocia ser punk, era una idea demasiado extravagante, tal vez yo era la unica en estar orgullosa de serlo, y por eso agrdezco tus palabras y los recortes de periodico.
    un abrazo
    SIL.

  2. Julio jendrix iglesias dijo:

    Estuve, estuve, con mi inseparable amigo J. Carlos Miñana, hoy boss del blog Rockliquias. Recuerdo calor, cutrez, ganas de diversión, música a todo volumen….demasiado, diría yo, porque los acoples y la ruidera eran constantes. Y me pitaron los oídos una semana. Más que “punks”, ( yo nunca lo he sido, aunque simpatizo con la causa, y cuanto más viejo, todavía más ) , allí había gente con ganas de “marcha”. Era lo que se pedía constantemente. Ahora un chaval tiene un concierto punk o heavy cada cinco minutos. Pero entonces era un acontecimiento a no perderse por nada. Muuuuchas ganas de pasarlo bien, fuera punk, rock’n’roll , heavy, blues….el cachondeo estaba en todos los saraos fueran de lo que fueran. Hasta me acuerdo de uno gordo en el “huevo” con un concierto de jazz de….Johnny Griffin!!!!

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