‘Arca’, ¿la nueva sensación? Eso ‘vende’ el Rock de Lux

¿El pop muerto? ¿La música de hoy sin anclajes de presente ni de futuro? No hay que preocuparse. Nuevamente el Rock de Lux ha dado con la tecla de la salvación, de la procreación del género para hoy y para los restos.

Los días de hospital se hacen largos. Así que uno rompió su estampida de hace meses de la revista más esnob y sectaria que se edita en este país y encargó el número extra del verano para hacer más llevadera la convalecencia con su vicio número uno, la música y las revistas musicales. En portada, un tipo con fajín negro en el abdomen, tanga y medias posaderas al aire. Atiende al nombre de Arca, nombre ignoto para mí, y supongo que para el 90% de los mismos lectores del fanzine de colorines. Mas en el interior se habla de que es la mano derecha de Björk, ¡oooh!, y no sé qué glorias más: nacido en Caracas como Alejandro Ghersi y afincado en Londres, ha trabajado con Kanye West, Kelela o Frank Ocean y “ningún productor de su generación puede medirse ante la potencia expresiva de su sonido inverosímil, tóxico y elástico”…

Spotify al canto para ver si tanta gloria se corresponde con la realidad y hasta merece una portada en una revista musical… Ufff, fraude. Una vez más la revista catalana comete fraude de ley al ensalzar la extravagancia, la mediocridad, la jeringonza, la insignificancia más absoluta. Un tipo sin voz que, en el álbum homónimo que le lleva a la portada, farfulla textos incomprensibles sobre fondos de teclado como el niño cuando se pone tontito ante una grabadora y la complacencia familiar. Inaguantable. Ni experimentación, ni ideas, ni novedad, ni gaitas. Fatigante, obtuso. Él mismo, Arca, afirma que le agota escuchar su propia música.

Dicho en plata: pufo. Una broma de mal gusto. Dentro de unos años no se acordará de Arca ni el mismo que escribió el artículo, un tal Juan Monge. No hay que echar la vista muy atrás en la hemeroteca del Rock de Lux para comprobar la hilera de encumbramientos fatuos y engañosos perpetrados por el fanzine. Es su línea.

Otro petardazo de esnobismo de una publicación musical cuyo misterio es cómo perdura en el mercado español, vendiendo la mercancía tan barata y escasa de interés que vende, con músicos y grupos artríticos, glaciales, indiferentes, un-todo-vale de medianías actuales, sin exigencia artística, sin nivel, sin filtros de calidad, sin firmas de fuste, con un director incapaz de ensartar un simple editorial y unos redactores, por lo general, parvularios, atados al snobismo más purulento y con escasa visión histórica.

No digamos cuando saltan a hacer periodismo ‘serio’, caso de los obituarios. Ozú, qué especial más infumable y mal escrito pergeñaron a raíz de la muerte de Leonard Cohen. Lo siento por Luis Lles, mucha modernidad, mucha periferia y mucho pirisur, pero qué planitud, qué estilo ‘wikipediano’ más extremadamente ramplón y simple, qué escasez de recursos e imaginación en la escritura, qué falta de análisis, derramó en el artículo ‘de fondo’ que abría aquel especial sobre el bardo canadiense. Y ello, sin las prisas que impone un obituario en un periódico diario. Lástima que estando por allí el gran Alberto Manzano, biógrafo, estudioso y amigo de Leonard Cohen, no se encargara de desentrañar y ubicar la vida y obra del gran poeta musical. Incomprensible.

Otros cinco euros tirados en el Rock de Lux, en un periodismo musical pueril en el que lo moderno por ser moderno se convierte en categoría máxima, en ideario y brújula de sus contenidos, obviando por lo general el pasado e incluso lo actual con poso e inteligencia. Un ‘arca’ o baúl, en fin, que cierro de nuevo. No estoy dispuesto a mantener extravagancias y esnobismos con falsos distintivos de modernidad y originalidad. No se me caerá ni una lágrima de pena el día que cierre tan falsario fanzine de fraudulentas actualidades.

Ah, y ahórrese cualquier disidente el epíteto de viejuno, desactualizado o cualquier otro similar. Sé muy bien dónde estoy y por dónde camino. Y a dónde voy.

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