The Cavern: viaje al inicio de la leyenda con The Vinylos (y III)

Llámale emoción más que morbo. Queda lo mejor: al día siguiente, lunes, The Vinilos tocan en el escenario original, el de toda la vida. Y ya sin prisas y sin los nervios del día anterior. La sesión empieza a las seis y cuarto de la tarde. Ellos tocan a las once menos cuarto de la noche. Y en la tanda están TBA Band (Florida), Lifeguard (UK), Paul McCann (Irlanda), Midland Railway (UK), Slyboots (Nueva York), Hijinx (Liverpool) y The Corridors (Londres). The Vinylos son los penúltimos.

La mañana la dedican a hacer las típicas compras de detalles beatlenianos y de ropa, que ellos cuidan mucho en el escenario. Esto es lo que palpan en su recorrido por calles y tiendas: “Se respira Beatles por todo Liverpool, pero también Hollies, Gerry and The Pacemakers, Animals, The Kinks, etc. Y grupos de los 80’s como China Crisis, OMD, A Flock of Seagulls (muy respetados allí porque son de Liverpool) y otros muchos artistas que han pasado por allí. Está muy explotado. The Beatles están por todos lados, y no es para menos. Pero la ciudad es muy bonita. La visita por los muelles, por el río…”.

En cuanto a la estrecha calle del Cavern, tan propalada en documentales y reportajes de época, aunque naturalmente hoy mucho más arreglada con respecto a la indigencia de hace sesenta años, explican: “Mathew St. es una calle pequeña y muy normal. Quizá hasta un poco cutre. Aunque la zona central de Liverpool, incluida esa calle, hoy en día es peatonal, muy turística y llena de comercios con ese fin orientados, el entorno tiene el glamour de ser lo que fue y nada más”. En uno de esos comercios, unos espectadores que la noche anterior han estado en el Cavern, los reconocen y les piden autógrafos.

Naturalmente hacen la típica ruta beatleniana por los lugares más unidos a la vida del cuarteto, un filón turístico que, al menos cuando yo mismo lo realicé en 1988, era bastante cutre: un autobús deteriorado y una casete en inglés sonando a lo largo del recorrido. Ellos tienen más suerte: “Antes del viaje, contactamos con una española, Carmen Villoria, que se dedica a hacer tours en Liverpool y nos preparó la ruta. Nos reservó un minibús en el que subimos siete personas y nos mostró en tres horas unos cuantos lugares importantes y significativos en la historia de The Beatles: las casas donde vivieron en aquella época, Penny Lane, Strawberry Field…, todo muy bien ilustrado”.

Al anochecer ya están de nuevo en The Cavern. Entran por la misma puerta del día anterior, que, por cierto, es la original. Un inciso: durante tiempo, quizá debido a una mala interpretación de una placa colocada en la fachada, como a mí me ocurrió, dio lugar a equívocos, colocándose la entrada original en la acera de enfrente, en el número donde se reconstruyó el segundo Cavern; pero, no, la entrada original es la del 10 de Mathew Street, la actual, quedando a la derecha viniendo de Johns St. A la izquierda, es decir, en la acera de enfrente, se ubica un pub, llamado The Cavern Pub, de los mismos dueños de Cavern Club, donde también dan conciertos más modestos aunque también funciona como restaurante, pero no tiene nada que ver con el Club, excepto el nombre y los dueños. Aclaración al margen para seguidores puntillosos de los Beatles.

Llegan con mayor tranquilidad y mucho más tiempo del marcado para poder inspeccionar todos los rincones de la vieja bodega y disfrutar de su glorioso pasado. Ahora hay más ilusión y morbo que nervios, aunque estos no faltan, debido al lugar donde van a actuar. La entrada tiene el mismo ritual de la noche anterior: acreditación, aunque más rápida porque ya les conocen, e inmersión escaleras abajo una noche más en la leyenda. Dan una vuelta por el local, observan con detenimiento la gran vitrina de memorabilia y el gran mural metálico. Se acercan también a una mesa en la que la organización expone discos y merchandising de los grupos participantes ese día.

La noche anterior, con las prisas, fue imposible hacerlo, pero hoy dejan unos discos a los encargados de la mesa que muestran su agrado al palpar el vinilo y ver su lustrosa portada. No caerá en saco roto: a lo largo de la noche venden todos los expuestos, algunos de ellos con sus firmas estampadas a petición de los compradores. Buena parte de la culpa de esta copiosa venta la tiene el mismo organizador, el ya familiar a estas alturas de la historia, David Bash, que, fascinado con el grupo, promociona el disco paseándose insistentemente por The Cavern con el LP en las manos, mostrándolo a los asistentes con una gran sonrisa de complicidad. La foto inferior habla por sí misma, con Bash exponiendo el disco.

Hecha la inspección por el viejo y nuevo Cavern, se dirigen a la nave lateral derecha del escenario principal. Dejan los instrumentos en el suelo y se colocan en la mesa más cercana al escenario, que divisan lateralmente a través de uno de los grandes arcos típicos, de medio punto y muy anchos, dado el gran peso que deben soportar, de The Cavern. En la pared, sobre la misma mesa que han ocupado, una placa y unas fotos recuerdan las 292 veces que tocaron los Beatles allí. La placa indica incluso que el día 3 de agosto de 1963 fue la última vez que el cuarteto, ya famosísimo en Inglaterra, tocó allí (véase el detalle en la foto).

Toman tranquilamente una cerveza mientras toca un veteranísimo cuarteto del mismo Mersyside, Hijinx. Detrás van ellos. Esperan que acaben, pero ya con cierto mariposeo en el estómago… Final de los paisanos de los Beatles, recogen y los canarios suben directamente al escenario. Aquí no hay camerino. ¡Por fin pisan el teatro de sus sueños! La sensación de pisar su suelo y de verse enmarcados en la conocida bóveda de ladrillos con la pared trasera llena de las pintadas con los nombres de los principales grupos que han pasado por allí, les llena de emoción. Sonia: “Subir allí, pisar donde pisaron todas aquellas leyendas, tener la misma visión que tuvieron, sentir todo eso, es indescriptible. Cada ladrillo de aquellos está lleno de las mejores vibraciones que la música del Mersey Beat ha dado. El escenario está acordonado, no dejando subir a nadie ni siquiera a hacerse fotos, a no ser que seas del grupo que va a tocar esa noche. Algo que se entiende, porque dada la afluencia de público que siempre tiene, y lo fanáticos que son muchos de ellos, se llevarían hasta los ladrillos…”.

Van vestidos elegantemente. Abren las fundas de los instrumentos y repiten los mismos preparativos de la noche anterior, con cierto nerviosismo y con celeridad porque saben que de un momento a otro el técnico les va a pedir acción. En efecto. ¡Tres minutos de prueba! El técnico de sonido es, aún si cabe, más profesional, según aprecian. Esta vez, Sebastián no tiene que pelearse con la afinación de cuerda alguna de su guitarra Rickenbacker roja, como la que usaba Harrison y Lennon. Suena perfecta. Como él, se ha acoplado a la ilusión que le depara Liverpool. Pero también llevan un bajo Hofner como el mítico de McCartney. Es un guiño a los Beatles en su cuna de nacimiento, sí, pero es el material instrumental que usan habitualmente. Aunque la cercanía al cuarteto lo proporciona y subraya aún más el propio equipo técnico de la sala. La batería es clavada a la de Ringo, y más significativo aún son los amplis: ¡‘Vox de válvulas, cables y colocados en la trasera de cada cual! Como en los viejos tiempos y como los mismos Beatles. Mantenimiento de esencias en su mayor pureza. Una borrachera de nostalgia.

“Nos gusta cuidar la imagen. Nos gusta la música de esa década maravillosa de los 60’s. Nos gusta tratar al público con respeto, no sólo en lo musical, sino en lo que es el espectáculo. Y aunque el rock es, por naturaleza, una trasgresión, y así nació, hoy en día y aunque parezca mentira, se trasgrede más yendo vestido con las normas estéticas de aquella época que con camiseta, pantalones cortos y chanclas… Por esa razón siempre nos presentamos así, no solo en The Cavern sino en cualquier escenario: Berlín, Barcelona, Madrid… Pero sí es cierto que también nos sirve de guiño a The Beatles en The Cavern. Ya lo creo que nos sirve”, apuntala Sebastián.

Sube David Bash al escenario. Los presenta diciendo que vienen de uno de los lugares más bonitos y cálidos del mundo y que suenan de maravilla. No miente en nada: de las bondades turísticas de Canarias para qué contar, y del sonido y las canciones ellos mismos se encargan de corroborarlo. Suenan de nuevo e impecablemente las canciones del LP, con sus canciones propias y el aire sixties que le imprimen y esas versiones del libro de oro del pop internacional. Esta vez no hay el menor desafine. “El concierto es un verdadero éxito”, afirman ellos mismos. “El público, con el anterior grupo, está más en el Back Stage que en este escenario, quizá por el tipo de música que hacían. Lo cierto es que empezamos a tocar y se llenó la sala. Se vació el otro escenario y se llenó el nuestro. Vemos entre el público a unas cuantas personas que nos han reconocido esa misma mañana en una tienda mientras comprábamos ropa, e incluso componentes de otros grupos que habían tocado a lo largo de la tarde, como el grupo femenino Slyboots, que luego vendrían a saludarnos, diciéndonos que nos seguían a través de las redes sociales y que le gusta mucho The Vinylos”.

Aun cuando el factor sixties cuenta mucho a la hora de que llegue una invitación del IPO y aun cuando el peso de los Beatles sea demoledor en un lugar donde nació la leyenda más grande la historia de la música pop, ningún grupo está obligado a tocar canciones de los Fab Four. Tiene libertad plena para acometer su repertorio. Es lo que hace The Vinylos, aunque para el final dejan la versión de la vigorosa ‘Run For Your Life’, que cerraba ‘Rubber Soul’ y también el álbum de los canarios. La canción, bien lo saben los beatlenianos, aunque compuesta básicamente por Lennon, era la más odiada por este de todo el repertorio del cuarteto. El explícito mensaje malvado y machista que destilaba, según manifestó el propio McCartney, que tampoco le tenía especial simpatía a la canción aunque Harrison, sin embargo, la adoraba, era la causa de ese odio. Cómo no, con lo que decía: “Well I’d rather see you dead, little girl / Than to be with another man”, empezaba, concluyendo con la estrofa mayor: “You better run for your life if you can, little girl / Hide your head in the sand little girl / Catch you with another man / That’s the end’a little girl”. (Prefiero verte muerta, pequeña a que estés con otro hombre… Mejor corre a salvar tu vida, pequeña, esconde tu cabeza en la arena, pequeña, te pillo con otro hombre y es el fin, pequeña). En estos tiempos hubiera sido objeto de repulsa y juicio sumarísimo.

“Allí puedes tocar lo que quieras”, comenta Sonia, “al menos en nuestro caso”. “Tocamos nuestro repertorio, prácticamente la presentación de nuestro último disco, pero de todas maneras nos curamos en salud tocando ‘Run For Your Life’. Hacerlo resultó muy gratificante tanto para nosotros como para el público”. No hay duda de esa gratificación y del éxito. Qué más elocuencia: el público pide más, y de nuevo mirada a David Bash, quien asiente. Pero en esta ocasión, en vez de un bis hacen dos, excediéndose unos cuantos minutos más de lo establecido. Sin problemas, al contrario: el mismo Bash también corea junto con el público ¡¡¡otra, otra, otra!!!!

El asombro es mayúsculo. “El público es muy caluroso”, sentencia Sonia. “Nos agasaja, nos aplaude, nos pide otra…, quién podía imaginarlo. Nosotros fuimos con eso de que “quizá no nos conocen mucho”, “no nos harán mucho caso”…, pero para nuestra sorpresa ocurre lo contrario. Incluso nos encontramos con que nos conocían y nos seguían por las redes… y hasta nos reconocen en una tienda y nos piden autógrafos y las clásicas fotos… Inimaginable”.

Sebastián, marido, por cierto, de Sonia, es partícipe de ese asombro. También de las vibrantes sensaciones que produce el subirse al escenario más emblemático e histórico que hoy existe en el mundo del pop. “En ese momento, mientras transcurre el concierto, mientras toco cada nota de mi guitarra, no quiero distraerme de saber dónde estoy pisando y quién había estado allí antes, observando cada ladrillo de los que me rodean, pensando cuánta música ha sonado allí y quienes han estado allí primero. El concierto es aún más satisfactorio que el anterior. Podría añadir más adjetivos a estas palabras, pero no serían precisos. No puedo decir nada más de lo que vivo allí. Sólo, y es una confesión muy personal, que estando allí me doy cuenta, soy consciente de que estamos haciendo algo importante. Y esto lo dice alguien que ya peina canas y que, como más de uno sabe, he hecho unas cuantas cosas importantes en la vida y he desempeñado varios trabajos…”.

Termina el concierto, recogen para que pase el último grupo, The Corridors, y se relajan. Brindan entre abrazos y felicitaciones mientras de vez en cuando se le acercan aficionados para que les firmen el disco, les den un autógrafo o se hagan una foto con ellos. Esperan a que acabe la actuación de los londinenses y se dan otro nuevo paseo ante la gran vitrina y las paredes con fotos y recuerdos de diversos grupos y artistas famosos que han pasado por The Cavern, mas ante la señal de que iban a cerrar comienza la retirada. Hacen las últimas fotos y con el alma plena de gozo por lo vivido, suben las escaleras negras, les saluda el encargado de las acreditaciones, les felicita un mismo encargado de seguridad, y con los instrumentos en mano ¡emergen a la realidad!

Se despiden de John, de la estatua de fuera, claro, se hacen unas fotos y le prometen que volverán. Sonia también se despide, con foto incluida, de la estatua de la gran Cilla Black, natural de Liverpool y fallecida en Estepona en 2015, tan unida a los Beatles y a The Cavern y tan famosa a raíz de su éxito mundial con ‘Anyone Who Had A Heart’. Cargan los instrumentos, van a comer algo, vuelven al hotel y al día siguiente emprenden el camino de vuelta a Tenerife.

El sueño se ha cumplido. Regresan cansados y con la cabeza bombardeándoles el cúmulo de sensaciones que han vivido. Piden tiempo mental para asimilarlo. No solo han pisado el templo donde se inició la leyenda sino que hasta han tenido la posibilidad de vivir las mismas sensaciones, durante poco más de media hora y en el mismo escenario donde las vivieron y se fajaron unos de sus mayores héroes musicales. Cualquiera no lo puede hacer. Incluso, ni pagando. La lista de espera es desesperante, dicen. Sebastián asegura que no despertó de este sueño días más tarde, si es que aún no sigue soñando. “El tiempo será el que dé la importancia y relevancia de este hecho en nuestras vidas, en nuestra música. Por mi parte ya lo está haciendo”. Volvamos a parafrasear a Paulo Coelho: sí, hay sueños que hacen la vida no solo interesante sino excelsa, incluso irrepetible y maravillosa.


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Una respuesta a The Cavern: viaje al inicio de la leyenda con The Vinylos (y III)

  1. Leucocito dijo:

    Muy bonito y educativo reportaje, seria bueno que pasaran estos Vinylos por Zaragoza para verlos en directo , pues el c.d. suena muy bien.

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