The Cavern: viaje al inicio de la leyenda beatle con The Vinylos (I)

Los Beatles, como a tantos jóvenes del mundo, alimentaron su infancia y su adolescencia musical. También sus propias canciones cuando decidieron formar un grupo pop en los inicios de esta década en su Tenerife natal. Son The Vinylos: Sonia González (cantante), Sebastián Suárez (guitarra), Miguel Molina (bajo) y Antonio Sosa (batería). Han grabado un EP en 2013 y en 2016 debutan con un disco largo en el que lucen su habilidad para encarar viejas versiones beat y garajeras (loor a quien tiene el buen criterio y gusto para elegir la deliciosa ‘Why Do I Cry’, de The Remains, eso ya es un sello de garantía), pero también lucen un pulso insólito para componer e interpretar canciones propias con resabios sesenteros.

“Uno de esos inesperados brotes que le salen al árbol del pop español. Y desde la misma raíz”, escribo en Heraldo el verano pasado, en alusión a su pericia para amalgamar viejos géneros. “Tenerife tiene seguro de pop”, concluyo, admirado por las atinadas canciones que encierra el disco, por su ejecución, por la insólita presencia de una chica rubia, no alardeando su belleza, como hace cualquier diva jovencita de hoy, sino su dominio de los resortes para mover aquellos géneros musicales, y finalmente por la hermosa carpeta, que me trae a la memoria el negro stoniano pero también la imagen velvetiana de Sonia a lo Nico.

Les va bien. En su Tenerife natal no paran de actuar e incluso, con las dificultades de salir de la isla, saltan a la península y actúan en festivales mods barceloneses y hasta llegan a Berlín. No es una banda, digamos profesional, en el sentido de vivir de sus canciones, cada cual tiene su trabajo, pero miman y trabajan al grupo con pasión desmedida. Los cuatro respiran con él, se divierten, hacen amigos… y fabrican su catálogo de sueños.

No muchos, es cierto, porque tienen los pies en el suelo. O sea, que nada de ‘superventas’, estadios y esas grandezas con las que sueñan muchos jóvenes cuando se ven por vez primera con una guitarra en las manos. Entre esos pocos sueños, uno accesible: visitar un día la ciudad de los Beatles. “La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante”, escribió el brasileño Paulo Coelho. Lo que no podían pensar es que ese sueño no solo se va a cumplir, haciéndoles la vida interesante, sino que se va a agrandar hasta convertirla en excelsa: a principios de este año, coincidiendo con el sesenta aniversario de The Cavern, el origen de la leyenda beatle, les llegó una invitación para tocar en el icónico lugar.

No salían de su asombro. “David Bash, organizador del ‘International Pop Overthrow, IPO Liverpool’, contactó con nosotros y nos propuso participar en este festival”, cuentan, todavía con la sombra de la sorpresa revoloteando en su rostro y en su pensamiento. Tocar en tan emblemático lugar no es fácil, y menos con invitación. Hay centenares de peticiones de todo el mundo para hacerlo y largas listas de espera, porque eso es como bautizarse en las aguas del Jordán beatleniano, y no cobrando una sola libra, sino al contrario, debiendo abonar previamente una cantidad.

Pero a Mr. Bash le ha encantado su álbum, que ni ellos mismos saben cómo ha llegado a sus manos, y los incluye en la agenda del festival. EL ‘IPO’, como familiarmente se le denomina, es un festival itinerante que se celebra durante uno o varios días en diversas ciudades del mundo, principalmente en Los Angeles, donde nació hace veinte años, y en el Cavern de Liverpool, donde este año cumple sus tres lustros. Participan de 25 a 180 grupos, según días de duración y ciudad, y su objetivo es promover nuevas bandas de pop con esencias sixties. Y ahí están The Vinylos, no ya unos jovencitos, porque no se mira el carnet de identidad sino la identidad sesentera.

El de Liverpool dura este año, ni más ni menos, que ocho días, del 16 al 23 de mayo. Cuenta con más de un centenar de grupos invitados de todo el planeta, que se van sucediendo, en largas sesiones que suelen arrancar a mediodía y terminan a medianoche, tanto en el escenario principal, el mítico, el original (donde, tal y como recordó Paul McCartney en diciembre de 1999 ante su vuelta al lugar para celebrar la llegada del nuevo milenio, “se forjaron” los Beatles) como en el añadido nuevo, el llamado Live Lounge o también Back Stage, así como en el Cavern Pub, ubicado en la acera de enfrente del original. Una maratón de música incesante y una babel de grupos de medio mundo. Y siempre a rebosar los tres locales.

Los cuatro ‘vinylos’, acompañados de algunos amigos y familiares, entre ellos el excelente pintor pop zaragozano José Emilio López, que fue quien me descubrió a este elegante grupo tinerfeño, vuelan a Madrid y después a Manchester para continuar en tren hasta Liverpool. Su debut es el domingo día 21 en el Back Stage. Los nervios se los comen, no ya por la experiencia que van a vivir, sino porque el día anterior la guitarra y el bajo se quedan… en Madrid. Las faenas, por no definirlas de manera más contundente, de los aviones y las compañías. En el aeropuerto de Manchester les prometen que al día siguiente, antes de la una del mediodía, tendrán los instrumentos en el hotel, pero la promesa no se cumple. Son las cinco y media de la misma tarde de la actuación y no han llegado. Los nervios se desatan. La actuación es a las once de la noche. El esfuerzo está a punto de convertirse en vano, y lo que es peor, el sueño a punto de saltar por los aires. No sirven las llamadas, las gestiones no fructifican, nadie les da una respuesta segura y satisfactoria. Ante lo cual, toman la presurosa determinación de viajar al aeropuerto de Manchester y averiguar qué ha sido de la guitarra y el bajo. Se la juegan a cara o cruz. Una hora de ida y otra de vuelta y puede que no solo no lleguen a tiempo sino que vuelvan de vacío. Pero no encuentran, ni se les ocurre, otra solución.

Miguel y Sebastián cogen un tren en torno a las siete de la tarde. Llegan al aeropuerto sobre las ocho y justo en ese momento, Antonio, el batería, les llama y les comunica que acaban de recibir los instrumentos en el hotel de Liverpool. Carreras precipitadas por el aeropuerto y la estación de Manchester, al modo de los Beatles huyendo de sus agresivos fans en ‘Qué noche la de aquel día’… En torno a las diez están de nuevo en Liverpool. Tienen que cambiarse en el hotel, vestirse con una elegancia sixty que ellos cuidan mucho, trasladarse a The Cavern, pasar el ‘checkpoint’, llegar al camerino y a las once en punto estar en el escenario. Ni cenan. ¡Qué nervios! Están a punto de estallar como una bomba sin espoleta…

The Cavern ha cumplido este año su sesenta aniversario. Abrió en enero de 1957 de la mano de un empresario, Alan Stytner, que había viajado a París y se había quedado fascinado con los clubs de jazz ubicados en viejos sótanos, en concreto de Le Caveau De La Huchette. Así que cuando volvió a Liverpool buscó un lugar donde poder ‘clonarlo’ y ofrecer música en directo. En la céntrica y estrecha calle Matthew Street, en el número 10, dio con un viejo almacén subterráneo que, según la leyenda negra, había servido en el siglo XVIII como lugar de reclusión de los esclavos africanos en su criminal periplo hacia Estados Unidos, leyenda que Spencer Leight, en su documentado libro ‘The Cavern Club: The Rise of The Beatles and Merseybeat’ (2015) ni asegura ni niega porque no ha encontrado datos fehacientes. Lo que sí es cierto es que sirvió de almacén de grano y alimentos y después de bodega. En la segunda Guerra Mundial hizo también de refugio antiaéreo.

Styner lo reconvirtió en club musical con gran éxito, pero solo para artistas de jazz, blues y, como mucho, para conjuntos de skiffle, música muy sencilla, tocada con guitarras acústicas y banjos e instrumentos caseros, desde cazos a tablas de lavar, incluso peines, cajas y palos de escoba, que entonces, por socorrida y barata, estaba de moda en Liverpool. Ringo Star fue precisamente el primero en actuar allí dentro del Eddie Clayton Skiffle Group. Lo hizo el 31 de julio del 57. Al mes siguiente, el 7 de agosto, lo hacía John Lennon con The Quarry Men Skiffle Group. Paul McCartney, que se había unido a los Quarry Men en octubre del 57, pisaba por vez primera el escenario de The Cavern el 28 de enero del 58.

Quién diría que el destino iba a llevar a la gloria a aquellos tres mozalbetes sin otras ansias que divertirse. El 9 de febrero de 1961, ya reunidos en The Beatles, tras sudar, machacarse y vérselas con gentes de malvivir en los clubes de Hamburgo, actúan por vez primera en The Cavern. Uno de los recuerdos que más clavados tiene MacCartney de aquella primera vez fue lo que costó tocar allí: no había manera de que les contrataran, pero se convirtieron en martillo percutor y a base de insistir e insistir… Entonces Pete Best se ocupaba de la batería (después lo largarían por petición de George Martin), y había un quinto miembro al bajo, Stuart Sutcliffe, atormentado y difícil, pero dotado músico que ayudó mucho a modelar el grupo, y más su novia alemana, Astrid Kirchherr, inventora de los peinados a tazón. Salió del grupo en aquel mismo 1961, tras quedarse en Hamburgo para desarrollar su carrera como pintor, muriendo al año siguiente. La película ‘Backbeat’, de 1993, cuenta emotivamente su historia.

Desde aquella primera noche hasta el 3 de agosto de 1963, en que acabaron sus actuaciones en el mítico local, los Beatles tocaron en la vieja bodega unas trescientas veces, según el citado Spencer Leight (292 para ser exactos, según la web de The Cavern). Cuando la abandonaron ya la habían convertido en un lugar para la historia: eran famosos en Inglaterra y media Europa y estaban a punto de conquistar Estados Unidos.

The Vinylos llegan a The Cavern, guitarras en mano y asmáticos perdidos por los nervios y el ajetreado viaje a Manchester. Bajan a toda prisa la escalera forrada de ladrillo pintado de negro. Ahora es menos angosta que en su origen. No agobia, pero hay que sumergirse en el fondo de la tierra a cuatro pisos con sus descansillos correspondientes en los que se incrustan grandes letreros con el nombre de The Cavern en forma curvada cubriendo como un paraguas el nombre de la ciudad, Liverpool. “The most famous club in the world”. Es la señal inequívoca de que están pisando suelo histórico, insigne.

En las paredes saltan a sus ojos fotos enmarcadas en cristal de algunas de las leyendas que han tocado allí en tiempos pretéritos. No hay tiempo para degustar estos jugosos detalles que destilan gloria. El reloj apremia. Descienden hasta el último piso, giran a la izquierda y, ¡bumba! se dan de bruces, allá al fondo de una no muy larga nave, con arcos laterales y flanqueada por otras dos, con el mítico escenario, aquella bóveda estrecha y maloliente, contruida sobre el nivel freático, en la que Lennon y compañía empezaron a escribir su historia personal y la de la música pop mundial. No hay espacio mental ni para glorificaciones ni para pensamientos fetichistas. La prisa les obliga a correr, pero el sobresalto emocional es impactante. ¡Están pisando la Altamira del Pop!

Van raudos, en línea recta, camino del Live Lounge…

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6 respuestas a The Cavern: viaje al inicio de la leyenda beatle con The Vinylos (I)

  1. ufffff dijo:

    Emocionante relato, voy a escucharles un rato…

  2. Julio jendrix iglesias dijo:

    En el siglo 28 dudo que tengan esclavos negros, a no ser en una realidad paralela fruto de la física cuántica.
    Al menos en Liverpool conservan The Cavern. Vergüenza les tenía que dar en Londres lo que hicieron con The Marquee. Por fortuna pude visitar el original en 1986. Dicen que un apartamento del bloque que construyeron en su lugar, lo compró Eric Clapton de recuerdo.

  3. jose emilio lopez navarro dijo:

    Magnífica descripción del viaje que revivo por lo emocionante que fue .
    Las sensaciones vividas son indescriptibles .
    Gracias , Matias.

  4. Leucocito dijo:

    Tengo su último c.d. ,es muy agradable de escuchar con aires sesenteros. Me imagino que habrá sido una bonita experiencia.Felicidades a estos Vinylos.

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