LA MUERTE DE UN COMPAÑERO

  Estoy seguro de que el peor momento de mi vida profesional lo viví el 25 de mayo de 2000, hace hoy justo diez años. Por la mañana temprano entré en la morgue de Freetown. Allí, sobre una losa de mármol, yacía el cadáver de mi compañero Miguel Gil Moreno, muerto en una emboscada el día anterior junto al periodista estadounidense Kurt Shork.

  Me quedé petrificado durante los primeros minutos. Sentí ganas de llorar, de gritar, de irme. Después empecé a sudar mientras miraba aquel cuerpo inerte. Estaba obligado a memorizarlo todo aunque sólo deseaba despertar de lo que parecía una pesadilla.

Los restos de Miguel son sacados de la morgue. Freetown (Sierra Leona), 25 de mayo de 2000. Fotografía de Gervasio Sánchez

Los restos de Miguel son sacados de la morgue. Freetown (Sierra Leona), 25 de mayo de 2000. Fotografía de Gervasio Sánchez

  Mi deber era ejercer de familiar cercano a pesar de que me da miedo la muerte desde que era un niño. Tendría que contestar a preguntas más tarde. Preguntas que llegaron dos meses después cuando Pato, la madre de Miguel, me interrogó a solas sobre el estado de su hijo. Quería las respuestas que necesita cualquier madre e intenté dárselas. La habían convencido de que no valía la pena abrir su ataúd antes de enterrarlo en Vimbodí (Tarragona).

   Sabemos las circunstancias de su muerte y la de Kurt. Los relatos de los compañeros sobrevivientes fueron muy certeros. A la una y media de la tarde del día anterior, un grupo fuertemente armado de la guerrilla del Frente Revolucionario Unido (FRU) emboscó un convoy militar en el que iban integrados los dos coches conducidos por los periodistas cerca de Rogberi, un cruce de caminos situado a 90 kilómetros de la capital.

  Parecía una zona controlada por las fuerzas militares progubernamentales, pero los territorios comanches de las guerras siempre son móviles y los hombres armados aparecen detrás de cualquier punto como ocurrió aquel día.

Pato Macían, madre de Miguel Gil, reza en el lugar donde mataron a su hijo acompañado del misionero Chema Caballero, al frente de un programa de rehabilitación de niños soldados.  Rogberi (Sierra Leona), junio de 2003       Fotografía de Gervasio Sánchez

Pato Macían, madre de Miguel Gil, reza en el lugar donde mataron a su hijo acompañado del misionero Chema Caballero, al frente de un programa de rehabilitación de niños soldados. Rogberi (Sierra Leona), junio de 2003 Fotografía de Gervasio Sánchez

  El ataque fue demoledor y duró varias decenas de minutos. El coche de Miguel fue alcanzado por parte de la carga de un lanzagranadas ARPG7, especializado en vehículos blindados. El periodista barcelonés murió en el acto igual que su compañero Kurt, que conducía el otro vehículo, alcanzado por un balazo en la frente. Otros dos periodistas, el fotógrafo griego Yannis Behrakis y el cámara de televisión Mark Chisholm, sobrevivieron a la emboscada que también costó la vida a otros cuatro soldados sierraleoneses.

  “Esa carretera a Masiaka es una locura. Habrá una desgracia”, me dijo Miguel unos días antes cuando le expliqué que intentamos avanzar por ella para conocer el paradero exacto de la guerrilla. Dos días antes de su muerte había tenido que convencerle de que se viniese a cenar con Ramón Lobo, Javier Espinosa y conmigo. Su obsesión por el trabajo y su búsqueda de la perfección periodística imposibilitaba que se tomase un pequeño descanso. Pero aquella noche hizo una excepción y posiblemente haya sido una de las cenas más divertidas y relajantes que recuerdo.

Miguel Gil en Mostar (Bosnia-Herzegovina) en 1993  Foto de Fernando Quintela

Miguel Gil en Mostar (Bosnia-Herzegovina) en 1993 Foto de Fernando Quintela

   La última vez que le vi vivo fue a la mañana siguiente. Quería saber qué había pasado con unos cascos azules guineanos desaparecidos en tierra de nadie. Recuerdo que estaba un poco malhumorado porque se le habían pegado las sábanas. Me invitó a acompañarle, pero yo tenía otros planes. Dos años antes habíamos trabajado juntos en Kosovo, en el verano de 1998. Con Miguel me hubiese ido al fin del mundo.

  Porque medía cada paso que daba, conocía los riesgos de un trabajo muy especializado en el que sobra vanidad y falta pasión y jamás hacía locuras. Porque siempre elegía la ruta más segura para llegar a un lugar aunque fuese la más larga. Porque llegaba el primero a un lugar conflictivo y se quedaba hasta que ya nadie le prestaba atención. Porque podía trabajar semanas y meses seguidos sin descansar un solo día.

Mguel Gil conversa con el escritor y periodista Arturo Pérez Reverte y los actores Carmel Gómez e Imanol Arias.  Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), marzo de 1996. Fotografía de Gervasio Sánchez

Mguel Gil conversa con el escritor y periodista Arturo Pérez Reverte y los actores Carmel Gómez e Imanol Arias. Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), marzo de 1996. Fotografía de Gervasio Sánchez

   Aunque la noche de aquella última cena se atrevió a confesar que llevaba demasiado tiempo yendo de un lugar a otro sin domicilio fijo “con mis cosas en casas prestadas de Barcelona, Londres y Abidjan”. Ya se planteaba frenarse un poco y buscar un lugar fijo de residencia. “Vente al Pirineo aragonés que es un lugar muy cómodo y relativamente barato para vivir”, le aconsejé.

  Años antes, en 1993, llegó a Mostar (Bosnia-Herzegovina) con un carnet de prensa expedido por la revista Solo Moto después de dejar su trabajo como abogado en un prominente despacho de Barcelona. Desde el primer minuto hizo suya la reflexión del obispo brasileño Helder Cámara: “Quien trabaja en contacto con el sufrimiento acaba siempre preñado de dolor”.

  Sólo con lo que consiguió en Kosovo en 1998 y Grozni en 2000, pocas semanas antes de morir, pasará a la historia como un gran periodista que, además,  eligió el bando de las víctimas y nunca volvió a separarse de él.

   Contra viento y marea, contra las malas prácticas habituales en esta profesión repleta de  supuestos profesionales carentes de escrúpulos y valentía, especialmente aquellos que racanean lejos de los campos de batalla. Contra los burócratas de los organismos internacionales dispuestos siempre a cobrar pluses de peligrosidad y huir los primeros de los escenarios del horror. Contra la cotidiana hipocresía de políticos y diplomáticos.

Miguel Gil atravesando por una calle de Mostar durante la guerra en 1993. Fotografía de Fernando Quintela

Miguel Gil atravesando por una calle de Mostar durante la guerra en 1993. Fotografía de Fernando Quintela

  Pero los que conocimos a Miguel sabemos que tuvo que pelear muy duro con los medios de comunicación, que empezó como conductor hasta que se convirtió en el mejor conductor, capaz de hacer los viajes más peligrosos en Bosnia. Que continuó como productor hasta que se convirtió en imprescindible en una profesión muy poco amable con quienes empiezan. Que desafío su destino y empezó a utilizar una cámara de televisión en los ratos libres.

  Las imágenes más impresionantes de la guerra de Kosovo las sacó Miguel Gil en Pristina. ¿Quién ha olvidado aquellos trenes repletos de albanokosovares que eran deportados como si se tratase de una escena copiada de la historia más ignominiosa de la Europa del siglo XX? En 2000 fue uno de los escasos periodistas que rompió el cerco impuesto por el dictador Putin sobre Grozni. La dureza del invierno no impidió que atravesase montañas heladas durante varias jornadas mientras el ruso era recibido por los gobernantes europeos, incluidos el Papa Juan Pablo II, como si fuese el salvador de Rusia.

 

Jovenes milicianos celebran la toma de Masiaka días antes de la emboscada de Miguel Gil. Masiaka (Sierra Leona), mayo de 2000. Fotografía de Gervasio Sánchez

Jovenes milicianos celebran la toma de Masiaka días antes de la emboscada de Miguel Gil. Masiaka (Sierra Leona), mayo de 2000. Fotografía de Gervasio Sánchez

   El día que murió Miguel se celebró la final de la Copa de Europa entre el Madrid y Valencia en París. Si el Valencia ganaba, el Zaragoza jugaría la temporada siguiente en el principal torneo europeo. Escuché el partido en una radio en onda corta y poco antes de finalizar encendí mi teléfono satélite.

  A las once en punto entró la llamada que esperaba desde Madrid. Me sorprendió la puntualidad.  “Hay una noticia buena y otra mala”, me dijo Ramón Lobo que se había marchado el día anterior de Sierra Leona. “Ya la sé. La buena es que habéis ganado y la mala es que el Zaragoza se queda a dos velas”, le contesté inmediatamente. “La mala es que han matado a dos periodistas, uno de ellos español. Llama a tu casa corriendo antes de que den la noticia”, escuché.

  Antes de marcar el número de mi casa, el nombre de Miguel emergió con si lo hubiesen lanzado con una catapulta. Si no había errores sólo podía ser él. La confirmación llegó poco después. Días después supe que algunas personas habían pensado en mí al conocer las primeras informaciones confusas. Aunque Miguel era español su trabajo en la agencia estadounidense Associated Press dificultaba su reconocimiento ya que la mayoría de sus magníficas imágenes eran pasadas anónimamente por las televisiones de todo el mundo.

   Mi primera crónica fue en el programa de Iñaki Gabilondo en la Cadena Ser. “Los actos de los hombres duermen en la memoria de sus amigos. Nunca olvidaremos que tú eras uno de los imprescindibles igual que tus imágenes eran las mejores. Quienes te conocíamos y queríamos sentimos un gran vacío y algo de nosotros ha muerto para siempre. Con tu muerte y la de Kurt Sierra Leona se queda huérfana de imágenes y su conflicto pasara al más triste de los olvidos”. Era la más antiperiodística de las crónicas posibles, pero yo sólo quería gritar contra aquellas muertes injustas. Quería defenderme de una noche en blanco, de la arbitrariedad de la guerra.

 

  Luego pensé en las razones que nos lleva a abandonar nuestro hogar, nuestra familia, nuestros amigos. Quizá te acostumbras a convivir con un ritmo que no respeta horarios, en el que hacer planes carece de lógica. En aquella última cena con Miguel hablamos mucho de comuniones, de compromisos familiares, de la vida normal y corriente.

Desplazados durante una gran ofensiva guerrillera contra la capital. Freetown (Sierra Leona), enero de 1999. Fotografía de Gervasio Sánchez

Desplazados durante una gran ofensiva guerrillera contra la capital. Freetown (Sierra Leona), enero de 1999. Fotografía de Gervasio Sánchez

  Convives con la violencia, el terror, la muerte y la locura. Observas las huellas que las condiciones extremas dejan en los seres humanos para siempre. Luego vuelves a casa y no entiendes lo que pasa  a tu alrededor. Te sientes deprimido ante la falta de interés por los graves acontecimientos que se producen en el allá del que vienes. Con el tiempo aprendes a vivir con la casa a cuestas o, al menos, con los recuerdos inconfesables guardados en el telar de la memoria.

  Tampoco lo haces por dinero porque es la profesión peor pagada del mundo si consideramos los altos riesgos que se asumen. Sería como pedirle a un corredor de Formula 1 que condujese un coche a 300 kilómetros por el salario de un funcionario medio. No creo que haya mercenarios de la imagen. Pensar que alguien lo hace por dinero es difícil de creer.

   Horas después un médico forense me obligó a compartir un espacio minúsculo con los cadáveres de Miguel y Kurt y reconocer oficialmente sus identidades. El escribano apenas sabía colocar las letras de forma ordenada. No protesté cuando vi el segundo apellido de Miguel con minúscula. Sólo pensé que éramos víctimas de la burocracia desde que nacíamos hasta que moríamos. Luego estuve llorando semanas y meses en silencio.

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37 respuestas a LA MUERTE DE UN COMPAÑERO

  1. José Ángel dijo:

    Dices que los actos de los hombres viven en la memoria de sus amigos. Yo nunca conocí a Miguel, ni de lejos, pero sentí su muerte como una mazazo dado en mi persona, como si se hubiera perdido no ya una persona sino un tipo humano irrecuperable por generaciones. Su rostro y algunas de las imágenes que grabó -sobre todo su rostro- no me han abandonado y al leer tu entrada hoy me ha sorprendido que hayan pasado 10 años. En mi memoria no ha perdido frescura. Por algún motivo de raíz inconsciente, pienso en él y pienso en Roberto Bolaño y sus rostros y sus biografías se me confunden. Será por su ascética delgadez, por escoger el lado de los que sufren, aunque su poesía se escribiera con distinta tinta.
    En fin, gracias por traerlo de nuevo un rato con nosotros, Gervasio. Y enhorabuena por tu trabajo (es un formalismo, soy yo el que me congratulo de leerte).

  2. Olga dijo:

    Mi admiración por tu trabajo. Mis respetos por el trabajo de Miguel Gil. Admiración, respeto y orgullo por personas tan comprometidas como vosotros que hecéis de nuestra profesión de periodismo un trabajo digno.

  3. Javier dijo:

    Gracias por un emotivo recuerdo.

  4. Isabel dijo:

    Gracias a amistades como esta,
    a escritos como este,
    a sentimientos
    como los que trasmites en este texto,
    como se sienten cuando estas en el terreno,
    merece la pena hacer este tipo de trabajo.

    Creo que has conseguido que hoy Miguel haya sobrevolado el mundo.

  5. Miguel Gil y Kurt Shork; Los descubrí de verdad gracias a “Los ojos de la guerra”, el libro que tuve la fortuna de leer gracias a un sorteo que usted, otro de los grandes, realizó en un pequeño seminario impartido en León.

    Para mí, son todo un ejemplo.

    Un saludo

  6. Rosario C dijo:

    Un relato impresionante. Además de dejar ver la humanidad de Miguel Gil, de lo que no me queda duda es la gran sensibilidad que tiene Gervasio Sánchez para hacernos llegar la mezcla de sentimientos y recuerdos que provoca la ausencia de su compañero. Sólo llego a atisbar, como por una mirilla, lo difícil que debe ser el trabajo de corresponsal y el desgaste emocional que implica. Agradezco estos relatos que acercan esa labor a los que vivimos la “vida normal y corriente” pero aún tenemos interés por saber lo que ocurre más allá de nuestras puertas.

    Al Heraldo: muchas gracias por publicarlo y finalmente poner el nombre del autor y el link correcto al blog (esta mañana no lo tenía).

  7. Tomás Calvo dijo:

    Parte de la riqueza personal que tengo, es haber coincidido con hombres y mujeres de los que agradezco haber, conocido, convivido y congeniado . Tengo la suerte de saberme amigo de Miguel que descansa en el cementerio de Vimbodí, un pueblo entre Tarragona y Lérida, lugar muy cercano a mí no sólo geográficamente sino que amenudo me pilla de camino. Tengo esa otra suerte, le tengo cerca, le voy a ver de vez en cuando… le dejo una carta, unas fotos de las peques, un paquete de Marlboro… me fumo un pitillo junto a él , le comento la jugada, le cuento mis cosas, y rezo con él y por él. Me siento un afortunado, atesoro a Miguel como un amigo que ha pasado por mí en esta vida; agradezco a Pato, su madre, que lo trajera al mundo, sufriera lo que ha sufrido y nos dejara un poquito de su Miguel.

    Gracias por esta pincelada a nuestro corazón, Gervasio. Que cierto es con Miguel, lo de los amigos de mis amigos…

  8. En mi más absoluta ignorancia, uno de los pocos nombres de periodistas muertos en acto de servicio que tengo memorizado a fuego y sentimiento (compré aquel libro tan azul que tendrían que reeditar todos los años y que he sacado de nuevo del estante para escribirle y sentirme menos extraño y avergonzado haciéndolo) es el de Miguel Gil.

  9. Jorge Ambrona dijo:

    La verdad es que leer palabras así, me hace pensar en que el oficio de periodista es posiblemente es el más digno de todos, personas que como tu Gervasio lo hacéis posible. Muchas gracias por tu trabajo y sobre todo por la forma de hacerlo.

    De verdad MUCHAS GRACIAS!!!!!

  10. Susana Palacios dijo:

    Querido, Gerva. El artículo sobre tu amigo Miguel me ha conmovido, como me conmueve todo tu trabajo desde siempre, desde que te conocí, desde que en La Plaza de la Paz en Haro (La Rioja) Celsa quiso que te conociera porque yo iba a comenzar la carrera de periodismo. Admiro tu trabajo, sobre todo, porque siempre lo humanizas al máximo, y eso, es lo que lo hace grande y absolutamente imprescindible en este mundo. Hasta siempre.

  11. Andoni dijo:

    Buenas Gervasio, la historia me ha parecido un tanto desgarradora… Pero te escribía por otra cosa, esta mañana en la Ser he podido cumplir uno de tantos pequeños sueños como lo era el poder saludarte y cruzar unas palabras contigo y pode felicitarte y reconocer lo que creo una labor fundamental y por lo que de verdad se ha luchado durante décadas por la libertad de prensa. Un saludo y mucho ánimo de un humilde seguidor.

  12. christian dijo:

    Termino de leer el libro “los ojos de la guerra” y siento como si Miguel hubiera muerto ahora. Como si hubiera tenido que morir para comprender lo que es ser reportero de guerra. O un periodista comprometido. Y recobra con un nuevo sentido, el motivo por el que quise ser periodista… Gracias

  13. J. Antonio dijo:

    Siempre duele la muerte de un familiar, de un amigo, pero seguro que Miguel te esta hablando desde algun lado.

    “Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazon te seguira hablando”.

    Seguro que tienes a Miguel, en un rincon de tu corazon, como tendras a otros, desgarciadamente muchos, compañeros/amigos.

    Gracias Gervasio, por no dejarnos olvidar a los olvidados.

  14. Enrique dijo:

    Eres un pelmazo Gervi, vete a esparragar a un campo de minas y dejanos en paz.

  15. casildo madrid dijo:

    Hombres y mujeres comprometidos con la noticia, comunicacion en vivo asumiendo los riesgos que es su trabajo, su pasion ,su humanismo conlleva.

    Victimas de un mundo de intereses que no son la vidas,su trabajo ,sus amigos,su familia nos pasan el legado, ahora o nunca,por ell@S por nosotros en nuestra memoria y transmision ,viven como ejemplo de dignidad y trabajo.

    gracias periodistas humanos.

  16. Enrique dijo:

    Casildo, pero que cursi y memo que eres.

  17. Sergio dijo:

    Gervasio a proposito, mirando otra fotos me acorde del amigo Eduardo Galeano y sus nadies…

    “Los nadies”
    Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

    Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

    Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

    Que no son, aunque sean.

    Que no hablan idiomas, sino dialectos.

    Que no profesan religiones, sino supersticiones.

    Que no hacen arte, sino artesanía.

    Que no practican cultura, sino folklore.

    Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

    Que no tienen cara, sino brazos.

    Que no tienen nombre, sino número.

    Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

    Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

    ———————————————–
    fuerte abrazo!

  18. Norberto dijo:

    Sergio, Que lindo lo que has elegido para describir y homenajear a Miguel, a quien no tuve la suerte de siquiera leerlo. Prometo buscar su libro, gente como él enriquece nuestra especie.

  19. jorge dijo:

    Hola, solo soy un chaval de 19 años, que descubrí a este hombre en la tele!Gracias al programa Salvados y desde ese día este hombre me parece una persona fenomenal en su trabajo, solo agradecerte tu labor ya que se ve lo que es el mundo no lo que nos ponen por esa caja tonta…

  20. Arturo dijo:

    Hola, cuatro letras solamente para felicitarte por este hermoso recordatorio de tu gran amigo y gran periodista Miguel.
    y no deja de helarme la sangre el momento que tuviste que vivir en el reconocimiento de los cadáveres de verdad que para lo que quedamos siempre estarán hay sus imágenes y letras.

  21. Pedro A.F dijo:

    Gervasio, tengo 18 años y desde pequeño mi sueño ha sido el de ser periodista. Hace años que sigo tu trabajo y cozco la historia de Miguel pues además de haber leído el magnífico libro del que tu y Manu Leguineche hicisteis el prólogo hice un trabajo sobre periodismo en conflictos y he tenido la oportunidad de hablar con gente del entorno de Miguel (a quien dedico un apartado) y con gente de la profesión. Sería absurdo negar que me atrae vuestro trabajo, no por las balas o las “aventuras”, sino por la capacidad de explicar lo que nadie oye o nadie quiere oír y dar voz a aquellos que no se escucha, aunque también sería inocente pensar que dentros de unos cinco años, si acabo la carrera tendre los huevos de irme a Afganistán, Sierra Leona o al conflicto que seguro habrá. espero que tu ejemplo, el de Miguel y el de tantos otros periodistas no me haga olvidar jamás porqué quiero ser periodista.
    por reafirmarme con tus fotografías y testimonio en mis sueños, GRACIAS

  22. Sol dijo:

    ¿Qué puedo hacer yo desde una redacción de un periódico muy local del Atlántico? Después de leer esto me siento idiota, pero también inspirada, inútil, pero también valiosa.

  23. alguien dijo:

    sin palabras.

  24. sergio dijo:

    Hola a todos.

    Gracias,Gervasio, por tus fotografías y por la honestidad con la que tú y otros muchos haceis vuestro trabajo.
    Cierto es que quien trabaja en contacto con el sufrimiento acaba preñado de dolor, como decía el obispo brasileño Helder Cámara.
    Tambien es bien cierto que si el placer te ayuda a olvidar, el dolor te obliga a tener esperanza.La misma que, pienso, teneis todos los periodistas que trabajais en zonas míseras y abyectas.Esperanza para que la opinion pública presione a sus gobiernos a actuar de manera más etica, por ejemplo.

    ¡Gracias por seguir dando caña!

  25. Hace mucho tiempo que tenia ganas de saber mas de Gervasio Sanchez y casi de rebote he conocido este suceso porque he querido conocer de primera mano como sufriste este tragico accontecimiento al ver las entradas de blog y …nose…elegi leer esta sin mas.

    Mañana me toca hacer radio y es tarde ya, pero me permito alargar un poco mi dia para dejarte aqui mi emocion ante tan humilde y honesto relato, me ha emocionado y he aprendido un poco más antes de dormir sobre lo duro de vuestro trabajo y sobre lo que puede llegar a significar un amigo en unas condiciones duras.

    He reflexionado sobre todo lo que has escrito y pienso que por siempre estara en tu corazon una “amistad honesta”, que es un guiso que no se cocina a la ligera y con facilidad en este planeta llamado tierra.

    Enhorabuena por ser como eres
    Garrucha (Almeria)
    19 Septiembre 2010

  26. Sandra dijo:

    Felicidades Gervasio por el blog y por tu trabajo.

    Mi nombre es Sandra y soy una estudiante de periodismo. Me gustaría mucho hacerte una entrevista sobre tus experiencias al pie del cañón para mostrarla en clase.

    Esperando recibir noticias tuyas, recibe un cordial saludo.

  27. Es una historia difícil de contar, difícil de asimilar, al ver como los seres humanos resultamos ser tan irracionales, tan irrespetuosos con la vida misma, el simple hecho de ver como dejamos de valorar lo que está significa, hace que uno no comprenda su propia raza, mientras unos anhelamos vivir, otros quitan vidas si corazón. Pero también existe el destino ese mismo que no pide permiso, que no andas señales, que simplemente va llegando a quitarnos o darnos, esa vida es totalmente impredecible.

  28. gabriel barron muñoz dijo:

    sin palabras por lo que nos cuentas, me gusta mucho la fotografia y me gustaria si me podrias hacer llegar a mi correo unas buenas imagenes con buena resolucion para hacerlas en grande de las que tu gustes, te envio muchos saludos desde la ciudad de mexico, ( mi estado donde radico es pachuca hidalgo la famosa la bella airosa. )

  29. Javier Caireta Serra dijo:

    Muchísimas gracias por este artículo. Muy bueno. Buenísimo.

  30. Jss dijo:

    Son unos días en que está muy presente. Esta noche de trasnocheo he querido echar el último, que el el último! unos cuantos, demasiados ducados con él. Tu relato y sus imágenes me lo han hecho sentir muy cerca, gracias. También algunos vídeos que no había visto. Y comentarios por la red de gente agradecida.
    Esa profesión maldita, chutada en vena de un alucinante cóctel de esencias tan contradictorias, necesita de Quijotes con el alma bien templada.
    Recuerdo lo claro que hablaba de los que hacían de ella una coartada para un dislate de vida y de principios, eso sí, siempre forma genérica. Y lo bien que hablaba de alguno de vosotros, esta vez sí, con nombres y apellidos.

  31. hh dijo:

    Somos una anecdota, meros mensajeros , basta ya de victimismo y protagonismo , los que sufren las guerras no son precisamente los mensajeros que saben a donde van y en muchos de los casos por interes personal.
    gracias

    • Gervasio Sánchez dijo:

      Estimado compañero:
      Recordar a un amigo y gran periodista fallecido hace 15 años no tiene nada que ver ni con el victimismo ni el protagonismo. Te puedo asegurar que Miguel Gil siempre huyó de ambos. Por supuesto que los periodistas no son los que sufren las guerras, pero sí creo que coberturas sin periodistas provocan que los que matan lo hagan con mayor impunidad. Seguro que hay muchos que van por intereses personales aunque dudo que alguien pueda aguantar mucho tiempo sin razones de peso. Muchas gracias por tu interés.
      Un abrazo
      Gervasio Sánchez

  32. José Antonio callejas dijo:

    Yo conocí a miguel en Kosovo en.1998 y no paraba con la moto para un lado y para otro con su cámara puesta y el destino hizo que fuera a Sierra Leona pocos meses después de que lo mostrarán siempre que grababa cada imagen me acordaba de el como si me diera un cierto empuje de ánimo que es lo que Hay que tener en esos lugares.
    Siempre tu recuerdo se extiende entre los compañeros y amigos de profesión .

  33. Asier dijo:

    Gracias por recordar a este buen hombre.
    Su recuerdo siempre será luminoso. Trató de hacer un mundo mejor con su trabajo. Descanse en paz. Goian bego.

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