Siento que no me merezco este premio

Leí este discurso el lunes 20 de diciembre tras la entrega del Premio José María Portell a la Libertad de Expresión. El premio es concedido por  la Asociación Vasca de Periodistas- Euskal Kazetarien Elkartea y el Colegio Vasco de Periodistas-Kazetarien Euskal Elkargoa en memoria del periodista asesinado en 1978. El año pasado se lo concedieron al colectivo de periodistas turcos por la persecución, los ataques y por la represión sufridos tras el intento de golpe militar del pasado 15 de julio en Turquía y en el 2015 a los periodistas de investigación perseguidos y asesinados por los cárteles del narcotráfico. El texto está dirigido a la periodista Carmen Torres Ripa.

Querida Carmen: El día que asesinaron a tu marido José Maria Portell yo tenía 18 años. Estaba haciendo el servicio militar en Las Palmas cuando el teniente coronel que mandaba mi unidad y  que sabía que yo quería estudiar periodismo, me dijo: “Acaban de asesinar a un periodista en Bilbao. Vas a escoger una profesión peligrosa al menos en el País Vasco”. Quién me iba a decir a mí que casi cuarenta años después de su vil y cobarde asesinato me iban a conceder un premio que lleva su nombre.

He pensado mucho en ti estos días. Llevo más de tres décadas viendo la muerte de cerca. He sido testigo de ejecuciones a muy pocos metros. He visto cómo se mira cuando se mata y, también, cómo se mira cuando se muere. Los verdugos siempre se escudan en excusas banales para justificar sus asesinatos porque “ningún crimen tiene fundamentos razonables”, como dijo hace más de 2.000 años el historiador romano Tito Livio.

Los asesinos de José María tendrían que haber dado la cara, admitido su acto de cobardía y haberos pedido perdón a ti y a tus hijos por el brutal descalabro que provocaron en vuestras vidas. Fueron cobardes cuando dispararon a bocajarro. Como fueron cobardes los que silenciaron el crimen, lo justificaron o lo celebraron.

Los asesinos también fueron cobardes durante décadas por no aceptar la terrible injusticia que cometieron. Los asesinos son cobardes hoy al no admitir públicamente o, incluso, de forma privada, que aquel asesinato fue un acto inútil que produjo un dolor imperecedero en una familia.

Siento que no me merezco este premio, querida Carmen, porque no tengo las cualidades ni el coraje que tuvo tu marido. Lo he dicho muchas veces: nunca me implicaría en un conflicto que afectase a mi país. Me iría lo más lejos posible. Sería incapaz de intermediar o buscar compromisos para reducir el sufrimiento si supiera que me pueden matar por mi actitud. No solamente por cobardía. Sobre todo para evitar que mi familia sufriera como sufrió la tuya.

He conocido a lo largo de mi vida profesional a demasiados periodistas locales, a menudo olvidados, que han muerto por ejercer su trabajo en la línea más peligrosa de nuestra profesión, que sabían que iban a morir y, a pesar de ello, continuaron haciendo su trabajo. Como vocal de la organización Reporteros sin Fronteras recibo cada día informes actualizados de periodistas locales asesinados o perseguidos con nombres muchas veces difíciles de pronunciar y fáciles de olvidar.

Siento que no me merezco este premio, querida Carmen, cuando miro la lista de premiados en convocatorias pasadas. En 2008 el premio se le entregó a Elena Tregubova, una valiente periodista rusa que tuvo que exiliarse a Reino Unido para evitar que la mataran como ya había hecho con más de 150 trabajadores de los medios de comunicación, entre ellos la muy conocida Anna Politkóvskaya. “No me quedaré en silencio porque, si lo hago, me matarán silenciosamente. El periodismo es mi única arma”, gritó Elena Tregubova con toda la fuerza de la razón cuando tuvo que abandonar su país.

En 2010 el ganador fue Terry Gould, símbolo de la “lucha por la libertad de expresión al hacer visible en el mundo entero el bello oficio del periodismo” y por “combatir la injusticia y dotar de voz e imagen a tantos periodistas dispuestos a dar sus vidas por contar la verdad” en países como Colombia, Rusia, Filipinas, Bangladesh e Irak.

Hacer visible el bello oficio de periodismo, tan importante para la sociedad como la educación y sanidad, contra la voluntad de un minoritario pero poderoso grupúsculo de empresarios y directivos sin escrúpulos cuyos intereses mezquinos han dinamitado redacciones enteras en nuestro país. Empresarios y directivos sólo interesados en salvaguardar sus prebendas, sus exquisitos bonos, sus demenciales ganancias aunque signifique expulsar del mercado laboral a miles de trabajadores.

Se ha instrumentalizado la crisis económica para justificar la debacle generalizada en el periodismo español. Pero nunca olviden que en las chequeras de estos desfalcadores sin escrúpulos está también la clave para entender lo ocurrido en los últimos años y, sobre todo, para entender nuestra profunda crisis de identidad.

Siento que no me merezco este premio cuando pienso en los ganadores del tercer galardón en 2015,  el colectivo de periodistas mexicanos que por sus trabajos de investigación y denuncia ha  sido víctimas de las organizaciones de narcotráfico, o del cuarto, el año pasado, que recayó en el colectivo de periodistas turcos por la persecución, la represión y los ataques sufridos tras el intento de golpe militar.

Colectivos de periodistas de dos países con índices de persecución y asesinatos execrables. En México han sido asesinados tantos periodistas como meses han transcurrido del año en curso. Ser periodista se ha convertido en uno de los oficios más sangrientos en México. En la Turquía actual no pasa una semana sin que se detenga o se juzgue a periodistas. Hace menos de un mes, al menos 48 periodistas, la mayoría de ellos encarcelados, comparecieron ante los tribunales en tres juicios diferentes. Reporteros Sin Fronteras (RSF) condenó sin paliativos los cargos infundados por los que están siendo procesados ​​y pidió la liberación inmediata de los detenidos.

El barómetro de la organización Reporteros sin Fronteras, cuya sección española está presidida desde hace apenas un mes por el gran periodista y gran amigo Alfonso Armada, es muy explícito. En lo que va de año han sido asesinados 49 periodistas, 7 internautas y 8 colaboradores de prensa y están encarcelados 177 Periodistas, 123 Internautas y 16 colaboradores encarcelados. Y no es el peor año

Como ya te he dicho en varias ocasiones siento que no me merezco este galardón, querida Carmen, pero te aseguro que es un honor recibirlo y va a quedar encuadrado en la categoría de mis premios más queridos. Cuando tenga dudas sobre la viabilidad del periodismo, algo que me ocurre a menudo, y no por culpa de los periodistas que hacen su trabajo con decencia y valentía, pensaré en José María Portell, en su arrojo y su dignidad y concluiré que sigue valiendo la pena defender el oficio más bello del mundo.

Para concluir quiero felicitar a mis compañeros premiados, a Mariano Ferrer e Iñaki Iriarte por sus trayectorias profesionales a  Mikel Iturralde por su blog ‘Treneando’, premiado en la  categoría de “Periodismo Digital”, a Euskal Herriko Bertsolari Txapelketa en la de Institución Social”, a Ane Irazabal, en la categoría Periodistas Vascos. Querida Ane, me recuerdas mucho a mí cuando tenía tu edad, un torbellino al que nadie era capaz de poner freno. Estoy seguro de que si sigues trabajando alejada del poder mediático y de los poderes fácticos, tan acostumbrados a dirigir las informaciones, tendrás muchas alegrías en los próximos años. Es un honor formar parte de la lista de premiados junto a todos vosotros.

Muchas gracias al jurado, compuesto por representantes de diversos medios de comunicación de la Comunidad Autónoma Vasca, por haberme elegido. Muchas gracias a todas las personas presentes, muchas gracias, Carmen por recordarnos cada día quién fue José Maria Portell.

 

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