Cultura, gastronomía y política

Comienza una nueva legislatura en la que, de entrada, poco parece contar la cultura. Tampoco, por supuesto, la gastronomía, que apenas merece la atención de los políticos, mariscadas aparte.

La cultura, en general, y menos aún la gastronómica, han recibido pocas atenciones en la campaña electoral recién terminada por parte de los señores aspirantes a la presidencia del Gobierno.
De hecho, la cultura fue la gran olvidada en el debate televisivo a cuatro que centró la atención de millones de españoles. El mismo día que aquí tenía lugar este peculiar debate, en Nueva York se daba a conocer la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo. El italiano Osteria Francescana, del chef Massimo Bottura, era proclamado el mejor establecimiento del planeta, desbancando al Celler de Can Roca, de Gerona.
Y al otro lado del Atlántico, el chef italiano aseguraba nada más coronarse que uno de los mejores ingredientes para el futuro es la cultura. «La cultura trae conocimiento y abre conciencias», dijo Bottura animando al resto de restaurantes a unirse a su proyecto para abrir un local en Río de Janeiro que ayude desde este verano a paliar la hambruna en las favelas, ya que allí se celebran los Juegos Olímpicos.

Massimo Bottura, chef de Osteria Francescana.

Massimo Bottura, chef de Osteria Francescana.

Desde luego, la gastronomía es cultura en el sentido más amplio, pues requiere de conocimientos, educación y también respeto, diálogo y tolerancia con otras cocinas que no son las nuestras pero de las que podemos aprender y con las que podemos intercambiar saberes, técnicas, productos, etcétera, practicando eso que hoy en día está tan de moda gracias a la globalización y que se llama cocina fusión. En este VÍDEO podemos ver un ejemplo de esta fusión: Abel Mora, cocinero del restaurante zaragozano Uasabi, prepara un maki japonés utilizando ternera española.

Es fácil entender que cuanto más sepamos sobre los mundos que componen el universo gastronómico, más rendimiento podremos obtener de los productos, de sus combinaciones, de su preparación según recetas antiguas o modernas, de sus proporciones, de su aprovechamiento, de sus armonías con vinos o con otras bebidas.

Exposición de tomates rosa de Barbastro en la Feria Regional.

Exposición de tomates rosa de Barbastro en la Feria Regional.

Esa cultura, por supuesto, no es ciencia infusa, necesita un esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto a hacer, por falta de tiempo, de interés o por los motivos que sean.
Pero si desde las instituciones públicas no se favorecen las condiciones para la gastroculturización, si no se promueven acciones para que la gente disfrute y valore lo que cuestan los productos y la cocina de calidad, no avanzaremos en este terreno.
Porque, además, si se consumen más y mejor esos productos, la agroalimentación tirará con fuerza del carro de la economía y se favorecerá el asentamiento de agricultores y artesanos en el medio rural. Está claro que todo son ventajas, aunque puede ser que la cultura no produzca réditos políticos y sí espíritus más críticos.

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