¡Que alguien apague esa luz!
Los vegetales convierten en energía el 97% de la luz que captan y nunca sufren una ’sobrecarga’. Mientras, los campos solares presentan una eficiencia menor y sufren colapsos si hay un exceso energético. ¿Cómo hacen las plantas para lograr una capacidad de funcionamiento tan exacta? La clave está en una pequeña molécula.
El sueño de lograr un sistema energético que funcione con energía solar y satisfaga por completo las necesidades humanas todavía es lejano. Hasta ahora, los enormes campos solares solo permiten satisfacer la demanda de unos miles de habitantes y con frecuencia sufren una sobrecarga en las baterías que obliga a realizar reparaciones o sustituir los costosos equipos.
Mientras, a solo unos metros de ese campo, las plantas realizan su propia transformación de la luz solar en energía. Mediante la fotosíntesis, el agua y minerales captados por las raíces, unidos al CO2 atrapado de la atmósfera, se convierten en azúcares que dan a la planta la energía suficiente no solo para sobrevivir, sino para crecer de manera sorprendente. Muchos científicos observan este sencillo pero al mismo tiempo complejo sistema energético e intentan adaptarlo al campo de la energía solar.
Gracias a los descubrimientos de un grupo de científicos de la Universidad de Berkeley, en California, se conoce un poco más del proceso de la fotosíntesis. Hasta ahora se desconocía cómo la planta es capaz de generar exactamente la energía que necesita y no sufre una ’sobrecarga’ en su interior. Gracias a este equipo de científicos, se ha logrado saber que una molécula clave actúa como mecanismo fotoprotector. La molécula entra en acción cuando percibe cambios en el ph de la savia elaborada. Ese exceso de energía se dispipa de molécula a molécula a partir de pequeñas reacciones químicas inofensivas.
Uno de los puntos más sorprendentes del descubrimiento es que las plantas detectan hasta el mínimo cambio de luz que se produce a su alrededor, incluso el paso de una nube. El proceso de fotoprotección es tan rápido, que los científicos tuvieron que utilizar espectroscopios utrarápidos.



