Macetas con imaginación

¿Por qué conformarse con los clásicos recipientes? Crasas, cactus o semillas abren la puerta a la creatividad

Quizá la maceta sea el elemento más aburrido del jardín o la terraza. Marrones, de terracota o resina… Pero siempre se puede probar con otros recipientes, sobre todo en el caso de plantas que requieren poca agua y apenas precisan de drenaje. Así son las crasas, los cactus o las semillas recién germinadas, que pueden prosperar en coloridos botes de café o de conservas, en tazas, teteras o incluso metidas en una cáscara de huevo.
No es fácil elegir una maceta. Las buenas son caras, las baratas se rompen pronto… Las de madera se pudren al exterior, y las de piedra pesan demasiado. Y todas son siempre marrones o, a lo sumo, blancas. En estas páginas ya hemos explicado lo fácil que es pintar una maceta con imprimación o bien directamente con ‘chalk paint’, y aún más curioso resulta elegir el recipiente más inesperado.Si la planta requiere riego, habrá que hacer dos o tres agujeros en el fondo con un taladro. Se puede proteger además el metal por dentro con un plástico fuerte. Así no se oxidará.


SUCULENTAS. Se adaptan a cualquier rendija y eso las hace ideales para prosperar en botes, a los que apenas hay que regar. El resultado es precioso.


CACTUS. Son la planta de moda, y cultivarlos en botes llamativos queda todavía mejor. Al requerir muy poca agua no es necesario ni siquiera hacer agujeros al fondo de la lata, solo pulverizar con agua.

DIMINUTO. Este pequeñín disfruta de su nueva vida en un mini jarrón de barro. Así de monos pueden ser los recipientes.


UN HUEVO. Hay plantas que pueden llegar a prosperar incluso en una cáscara de huevo.

BROTES. Germinar brotes de soja es una práctica culinaria ya habitual. Las semillas pueden crecer en lugares divertidos.

 

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¡Y llegó el color!

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El invento de la pintura industrial revolucionó los hogares del XIX. Surgió así la moda de elegir colores según la habitación y pintar de rosa la de las niñas

Sabemos cada vez más de decoración, la democratización del diseño (con muebles asequibles para todos los bolsillos) ha transformado los hogares. Pero se trata de un invento reciente, más allá de 1830 solo las élites podían permitirse los costosísimos pigmentos para paredes, los muebles de artesanos ebanistas o los tejidos bordados. Tuvo que llegar la revolución industrial para crear productos en serie, tintes artificiales y otorgar el derecho a rodearse de confort también a las clases medias y bajas.


El color se ha obtenido desde hace miles de años a través de tintes naturales. Algunos tan curiosos como el rojo, logrado de insectos como la cochinilla algodonosa, un proceso tan costoso que solo podían permitirse reyes o papas (de ahí que el manto rojo sea sinónimo de alto rango político y religioso). Los hogares modestos se limitaban a encalar las paredes y el estaban condenados al blanco, hasta que a principios del siglo XIXse crearon los primeros tintes químicos, que bajaron dramáticamente los precios. Las clases acomodadas empezaron a experimentar con el color y se extendió la idea de crear un ambiente diferente a cada estancia según su uso. «El color de las habitaciones debe reflejar quién las ocupa. Si es una biblioteca (masculina), deberá tener tonos sobrios, rojizos y marrones. El salón (femenino), colores alegres y luminosos», aconsejaba John Claudius Loudon en el almanaque ‘Enciclopedia del hogar’ en 1833.
La personalidad femenina o masculina de cada color surgió entonces, en esas primeras décadas del XIX. Si los verdes oscuros, rojos, marrones, azul añil y demás tonos discretos se relacionaban con el hombre, a la mujer le correspondían los colores alegres, los malvas, el amarillo, el verde claro… Para los niños se añadía aún más luz, por lo que el malva, convertido en rosa, pasó a ser femenino, mientras que el añil, transformado en azul cielo, era cosa de niños. Los dormitorios tenían un poco de todo, ni muy femenino ni muy masculino, aunque en el hogar, territorio al que la mujer estaba limitada, era ella quien mandaba, por lo que los colores masculinos solían quedarse solo en bibliotecas.
Más colores
Si el tinte sintético fue un antes y un después en la introducción del color en los hogares, otro invento supondría la revolución total:la lata de pintura. A partir de 1866, ya no era necesario que un maestro pintor hiciera las mezclas:el ciudadano podía ir a una tienda, elegir el color, llegar a casa y transformar lo que quisiera. La primera lata se vendió en Estados Unidos, con el color ‘verde francés’, ese 1866, y ya en 1870 era popular la pintura en lata en la mayoría de ciudades europeas, a un precio todavía más bajo. Las latas, además, incluían todavía más colores, ya que la industria de tintes evolucionaba a pasos agigantados, y surgieron todo tipo de tonalidades, mezclas, tonos y acabados.
Ni qué decir tiene que pintar se puso de moda. Ante el horror de los expertos decoradores, la creatividad se impuso a los cánones y las mezclas no siempre fueron afortunadas. Las revistas de la época daban consejos, recordaban la importancia de no mezclar colores primarios, se popularizaron las tablas de combinaciones (el amarillo con el lila, el rojo con el verde, el azul con el gris…).
Y, por su puesto, el blanco era el color más demodé. Tras siglos y siglos condenados a la cal, no se quería ver el blanco, y nunca mejor dicho, ni en pintura. Ni siquiera en los techos, que a finales del XIXincluso se pintaban de diversas tonalidades. Hubo que esperar décadas hasta que el clásico blanco regresara a las paredes. Todo regresó a su justa medida, en realidad. Pero el espíritu de cada color se mantuvo, y todavía en nuestros días elegimos verde para el salón, ocre para la biblioteca y rosa para las niñas.

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¡Malas noticias para los veganos! Las plantas también sienten

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¿Cuántos sentidos tiene una planta? Según el neurobiólogo Stefano Mancuso, hasta 20 muy diferentes. Los vegetales pueden sentir, ayudarse entre sí, defenderse… Y, sí, también ven, oyen, gustan y sienten. 


VISTA. Es el único sentido que les otorgábamos: la capacidad de dirigirse hacia la luz. Pero también ven la luz ‘roja’ de la luna: las lleva a germinar.

OÍDO. Científicos han demostrado que una grabación de una oruga comiendo hojas llevaba a la planta a plegar las suyas para defenderse.

OLFATO. Las plantas pueden oler que otras compañeras ya han madurado sus frutos. Detectan el etileno, que les anima a madurar los suyos.

TACTO. La mimosa sensitiva cierra sus hojas cuando se las roza. Las plantas carnívoras detectan cuando un insecto se posa y cierran la trampa.

GUSTO. La planta puede detectar nutrientes o la falta de ellos. También distinguir compuestos químicos que alertan de que hay un peligro.

Se mueven y responden a estímulos. Defienden a sus compañeras y atacan a los invasores. Incluso muestran empatía, ya que ayudan a plantas de otra especie. Darwin ya advirtió de que las raíces de la planta actuaban como el cerebro en los organismos inferiores, pero la neurobiología es quien ha abierto la puerta a lo desconocido al afirmar que los vegetales no solo tienen nuestros cinco sentidos, sino otros quince más.

Stefano Mancuso, director del Laboratorio de Neurobiología de Florencia enumera que «pueden medir la humedad, detectar la gravedad, sentir campos electromagnéticos, reconocer sustancias químicas en el aire, distinguir elementos de la tierra». Incluso adoptan decisiones, cuidan de sus vástagos… Una semilla que cae en un bosque muy cerrado germinará, pero no tendrá acceso a la luz hasta pasados varios años. Hasta entonces, sobrevivirá gracias al alimento que sus compañeras le mandarán a través de las raíces. Científicos han estudiado árboles que han estado un siglo entero sin hacer la fotosíntesis, alimentados por las raíces de sus congéneres.
¿Tienen las plantas derechos?Según Mancuso, estamos al inicio de una nueva era, «existe excepticismo, nos conviene pensar que las plantas son inferiores, pero llegará un momento en que al fin las conozcamos. Que aceptemos que tienen su propio lenguaje, pero en lugar de palabras utilizan compuestos químicos. Pero es eficaz, pueden mandar información a metros de distancia. Como los animales. Nuestra percepción tiene que cambiar».

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¿No hay espacio? Balcones pequeños y cómo decorarlos

El balcón más diminuto puede ser aprovechado para crear rincones acogedores donde disfrutar de veladas con amigos

Digamos ‘no’ a los balcones convertidos en trasteros, donde abulta más el armario de resina que otra cosa. ¿Tantos objetos hay en casa que hemos de ocupar el único rincón donde disfrutar de la brisa fresca?Es mejor hacer limpieza, tirar eso que ya sobra y convertir el balcón en una pieza funcional dentro del hogar. Y no es tan difícil:cada vez hay más soluciones que se adaptan a todos los tamaños, no es necesario tener una gran terraza para estar cómodo e incluso reunir a un grupo de amigos en una velada.

Para estar a gusto hacen falta dos o tres sillas, una mesita, que no falta el toque natural de flores, y si es posible contar con cojines y textiles para poder sentarse cómodamente. Respecto a las sillas, no hay que complicarse mucho:si hay poco espacio, tendrán que ser plegables. Y es cierto que no todas son muy cómodas. Por eso lo mejor es encontrar un pequeño sofá que se adapte a la anchura del balcón, lo ideal sería que cupiesen en él dos personas. Así, tras una mesa de centro, podrían sentarse en el suelo otros dos o tres amigos y así contar con un rincón íntimo.

Es cierto que no siempre cabe un sofá, por lo que habrá que elegir bien las sillas. Si tenemos dentro de casa asientos cómodos, pueden sacarse al balcón para la velada. Así ahorraremos espacio y dinero. En caso de sillas plegables, los cojines y mullidos pueden ayudar.

Abundan en Instagram y otras redes sociales fotografías muy bucólicas (como las que ilustran esta página) con textiles, mantas, alfombras… Todo muy ‘boho’ y todo muy ‘chic’, pero nada práctico. Ni siquiera en una ciudad como Zaragoza, donde llueve menos que en el Sáhara, se podría tener esa decoración. Las noches son, además, húmedas, y se estropearía todo. Si queremos crear ese conjunto para una velada, lo mejor es sacarlo solo para la ocasión, y guardarlo después, antes de que se moje.

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Ingenio floral

Flores secas, ramas, raíces, musgo…, los restos pueden aprovecharse para crear una corona floral

MATERIALES. La florista e interiorista Sara Araus, del Centro de Jardinería de Gardeniers, en Zaragoza, explica que una corona cuesta en materiales unos 20 euros, y hasta una hora poder realizarla. Hace falta mosi o esponja floral, musgo, alambre, rafia y sería práctica una pistoa de silocona para pegar piezas. Si se quiere ahorrar dinero se puede elaboral con raíces o ramas y poner adornos campestres.

LA BASE. Sobre el mosi se colocan trozos de alambre (horquillas) que servirán después para sujetar el musgo. Nunca se debe coger del campo el musgo: está prohibido y siempre ha de comprarse en tienda, donde se vende todo el año. Una vez se ha colocado el musgo y sujetado con los alambres, se ata con cinta del color que se desee. Es buena idea colocar ya una rafia como colgador, para que nos sirva de referencia.

DECORAR. La rafia nos marca dónde estará la parte superior de la corona. Una manera de ahorrar dinero es colocar adornos solo en la parte inferior y dejar que el propio musgo sirva de decoración. Sara Araus recomienda dejarse llevar por la creatividad y adornarla según los gustos. “No hay nada feo, cada uno decide cómo decorar su casa. Una corona puede tener flores, pero también campanas o incluso llaves y objetos».

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¡Ikea hackers!

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La magia está ahí, en esos muebles ya descartados o de precio mínimo. Solo hay que dar rienda suelta a la imaginación.

EN LA COCINA. Quizá la mejor transformación sea la que consigue que un mueble deje su aspecto ‘low cost’ y parezca muy caro. Eso ha ocurrido con esta alacena, muy fácil de transformar:con una sierra de calar se le quitó el adorno superior, para poder colocar un tablero. La madera se pintó con ‘chalk paint’:los bordes en negro y el resto en verde laguna, para dar aspecto decapé.

Así era antes…

Y así es ahora:

DIFERENTE. Es una estantería que solo cuesta 19 euros y que con solo dos paneles y papel de regalo se ha transformado. Se pintó primero de blanco roto, se pegaron en el fondo en cuatro papeles decorativos y como toque final se sustituyeron las baldas por madera reciclada.

Así era antes:

Y así es ahora:

MESA BÚLGARA. Este mueble, adquirido en oportunidades, da mucho juego gracias a la forma de sus patas. Primero se pintó con ‘chalk paint’ turquesa y después se añadieron motivos búlgaros mediante la técnica del ‘decoupage’. Se trata de sellos con dibujos eslavos así como ilustraciones de trajes tradicionales. El resultado es una mesa personalizada.

Así era antes:

Y así es ahora: 

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Una cocina como nueva… por solo 200 euros

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Por qué tirar azulejos, arrancar armarios y gastar miles de euros en reformar la cocina si podemos aprovechar paredes y material para crear un espacio diferente. Ahorraremos dinero, protegeremos el medio ambiente y nos alejaremos de la cultura del usar y tirar. ¿Queréis saber cómo? Aquí van unos trucos

Nuestra cocina no era la más fea de la historia, pero tampoco se puede decir que era bonita. Más bien era sosa, sin gracia. Nuestro piso es de segunda mano y así venía ya. De haber podido elegir, esos armarios jamás los hubiéramos tenido, ni tampoco la cenefa de la pared, claro. Juzgad por vosotros mismos:

No teníamos ni dinero, ni tiempo ni ganas en meternos en un berenjenal como es la cocina, así que le dimos un poco a la cabeza para ver qué podíamos hacer. Nos pusimos manos a la obra y tras una semana de esfuerzo y trabajo, conseguimos esto:

La melamina azul se imprimó y se cubrió con pintura de tiza en blanco roto, para después protegerlo con un barniz semimate. Lo mismo con la encimera: imprimación, pintura de tiza y barnizado posterior. El frontal fue enyesado y después decorado con pintura de pizarras y para los armarios inventamos una técnica propia para darle un aspecto de madera.

¿No es genial?

Y ahora, los trucos, consejos y explicaciones. Antes de nada, no tienes que ser un experto para hacer este proyecto. Solo necesitas, como siempre, un poco de paciencia para lograr terminar el trabajo, un poco de esfuerzo para pintar rincones difíciles… Como herramientas, las más sencillas: rodillos y lija.

 

1. Las puertas

Algo que nos resultaba especialmente feo en la cocina eran las puertas de los armarios. Brillantes, de forma redondeada, con bordes azules… Pintar esas superficies no es tan difícil, lo complicado es que queden bien, porque independientemente del color iba a ser difícil lograr un resultado atractivo. Queríamos unas puertas de madera, además, así que nos pusimos a pensar cómo podíamos hacerlo. Si añadíamos tinte de madera directamente, se iba a ir en cuanto pasáramos una bayeta para limpiar. Y probamos una técnica: teñir cola de carpintero. Por favor, no miréis los platos sucios del fregadero 🙂

La aplicamos, dejamos secar vertical para que el líquido sobrante resbalara e hiciera aún más vetas. Una vez seca, se retira por aquí y por allá con una bayeta para hacer aún más dibujos. Si se quiere, se puede repetir el proceso tantas veces se desee, para dar más cuerpo y más color.

Aquí tenéis unas fotos. Primero dimos imprimación para quitar ese gris feo y dejar un blanco como base, y además evitar que la mezcla se despegue.

Aquí dando una primera capa de pegamento teñido:

Y retiramos aquí y allá para hacer más dibujos.

Consejo: si quieres dar aún más sensación de realidad, trabaja con dos o incluso tres botes diferentes de pegamento teñido, cada uno con más o menos tinte para que haya diversas tonalidades.

2. La encimera

Con los armarios del color de madera, nos decantamos por el verde laguna para la encimera, aunque otros hubiesen quedado bien, como el turquesa, el amarillo oscuro… Es fácil de hacer: imprimar con el rodillo, dejar secar, y pintar con el rodillo con pintura de tiza. Después, aplicar barniz. ¿Con qué? Con el rodillo, claro. Cualquiera de estos pasos ha de hacerse con rodillo pequeño, porque si se utiliza la brocha quedarán marcas e interesa que la superficie esté lo más lisa posible.

La pregunta es: ¿será mi encimera resistente a los productos abrasivos que utilicemos para limpieza? Y la respuesta es que sí, siempre y cuando se proteja con un barniz. Hay que elegir una opción semi-mate. Cuanto menos brillo, mejor. Cuidado, puede perder un poco de color pasados los meses, pero siempre se puede repintar.

3. El vajillero

Siempre nos había gustado la idea de tener encima del fregadero una alacena donde dejar tazas bonitas y demás. Así que quitamos tres puertas para dejar ese espacio al aire. Además, así nos ahorramos de tratar esas puertas. Pintar el vajillero fue sencillo: primero imprimar y después pintura de tiza, esta vez de color amarillo. Barnizar después para poder limpiar.

Lo más interesante fue el fondo: elegimos un papel setentero que encontramos por internet y lo imprimimos en color en páginas de DIN A3. Recortamos bien para tener los pedazos que cubrirían todo el fondo y después lo pegamos con la técnica del decoupage. Para completar el efecto, cambiamos las baldas blancas por otras de madera.

Consejo 1: para el decoupage, se debe mezclar la cola de carpintero con un poco de agua, para que la brocha resbale mejor y no se rompa el papel.

Consejo 2: una vez seco el fondo, aplicar otra capa de pegamento rebajado con agua, que servirá de película protectora.

4. El frontal de la cocina:

Aquí queríamos algo diferente y nos decantamos por una pizarra multiuso, donde apuntar bobadas, corazones, recetas, mensajes… Es fácil de hacer, siempre y cuando no quieras un acabado perfectísimo. Si quieres una pared súperlisa y perfecta, llama a un albañil y que te la luzca. No es muy caro y quedará perfecta. Si no te importa que haya alguna irregularidad, puedes hacerlo tú mismo: se compra la masilla en botes, se aplica con una espátula, se alisa bien y después se lija con una lijadora de mano.

 

 

Y entonces se pinta. Mucho cuidado con la pintura de pizarra: intentad que sea súper mate. Si es semibrillante, se verán muchísimo las imperfecciones. Con la mate, se notarán mucho menos.

Tachán! Mirad que majo queda cuando se escriben cositas y se dejan dibujos.

5. El resultado:

¿No os parece una cocina muy maja ahora? No es muy difícil, es divertido y además queda de lo más persona. Fijaos en el fondo, junto a la puerta: lo siguiente sera empapelar o bien cubrir de yeso esa zona y pintar.

Si tenéis alguna duda, dejad un mensaje.

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Un jardín en una azotea

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Guarde esta página porque le vendrá bien en el futuro, ya que todavía hay mucha desinformación sobre azoteas, y por ello se ven tan pocas ajardinadas en ciudades como Zaragoza.

Dos cosas deben dejarse claras:no es peligroso tener un macetón en una terraza, ni tampoco es sinónimo de goteras. Si un vecino le dice que las macetas pesan mucho, dígale que en un edificio viejo (de más de 50 años) se pueden tener hasta 250 kilos por metro cuadrado. La cifra sube a 350 kilos en los edificios de nueva construcción. Un macetón con una planta no pesa más de 100 kilos, casi como una lavadora. Un armario pesa mucho más y nadie teme que se le caiga encima. Por otro lado, si se ponen platos bajo las macetas y se calzan los recipientes con pies de barro o cerámica, no habrá humedades. Si se produce una gotera será porque la tela asfáltica es ya vieja, no por nuestra jardinería.

Dicho esto, llegan los consejos:solo con grandes contenedores podemos tener un jardín en la terraza. Han de ser de resina:los de piedra pesan demasiado y los de plástico se rompen por el contraste de frío y calor. De madera, solo se pueden tener si son de alta calidad, o se pudrirán las tablas. Con los de resina (cuyo precio es entre 30 y 50 euros) no tendremos problema, ya que son muy ligeros.


¿Es caro?El arranque, sí:se añade a cada uno unos cuatro sacos de tierra (a 8 euros cada saco), por lo que el conjunto, sin planta, ya nos sale a unos 70 euros. Un arbolito cuesta unos 20 euros, así que por cada ejemplar hay que preparar 100 euros. En una terraza habrá unos cuatro contenedores así de grandes:por 500 euros podemos empezar. ¿Yqué plantas poner?Lo explicaremos otra semana, pero lo mejor es decantarse por ejemplares fáciles y duros:geranios, margaritas, hiedras, parras, aligustres, madreselvas…

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Un paisaje de cuento

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El soto de Ferreruela, en Zaragoza, apenas está a pocos kilómetros del centro, pero es un tesoro escondido que recuerda a los bosques encantados de los hermanos Grimm

Dice el naturalista aragonés José Antonio Domínguez que el cernícalo recibe su nombre porque se cierne sobre su presa. «Míralo, ahí parado en el cielo. Seguramente, ha visto un ratón», señala. Al lado de José Antonio, cada centímetro cuadrado de los sotos del Ebro son un baúl atiborrado de tesoros, porque en cada rama, en cada seto, encuentra una historia que regalar.

Estamos con él en el soto de Feerreruela, en el término municipal de la Almozara. Es decir, al lado de la ciudad. Se puede llegar a este rincón tan hermoso en bicicleta o incluso dando un paseo. «Por desgracia también vienen los camiones a descargar escombros –nos cuenta el naturalista–. Parece mentira que todavía sigan tirando basura, pero es lo que hay». No nos acostumbramos a cuidar lo nuestro, igual que nos resistimos a conocer lo que tenemos al lado de casa y nos empeñamos en viajar kilómetros para ver menor biodiversidad.

Caminamos junto a José Antonio porque nos quiere llevar a un rincón que parece sacado de un cuento de Grimm. Los álamos blancos se descuelgan y muestran sus racimos atiborrados de semillas. «Es fácil distinguir al álamo blanco del negro:el blanco tiene el tronco claro y el envés de la hoja es plateado. Los que tienen los racimos son las hembras. Y de esas cápsulas saldrá el mes que viene la semilla:las pelusas blancas que vuelan en primavera». Semillas, que no polen, por mucho que algunos se empeñen en creer que los vilanos (pues así se llama la semilla del chopo) causan alergias. Y nada de eso.

Nos movemos hacia el campo, a ver las rabanizas blancas y la flor de la mostaza. Blanco y amarillo en los ribazos, «todo un refugio para la fauna. El resto del campo es un monocultivo de alfalfa, apenas hay biodiversidad. Pero en estos setos abundan las flores arvenses, que otros llaman ‘malas hierbas’». Las mariposas ya se están dando un festín, y otros polinizadores se reparten el polen.

Muchos, muchos más pájaros

Nos regala José Antonio varios refranes que encapsulan toda la fenología de finales de invierno: «De marzo a la mitad, la golondrina viene y el tordo se va», es uno de ellos. Yes cierto que ya están las golondrinas, que los tordos se han ido, que las migratorias que pasarán aquí el verano ya han llegado, y que el cielo es diferente, al igual que los sonidos del soto. «Y hay más refranes:“En marzo, marzadas. Viento frío y granizadas”», dice José Antonio. Porque podemos esperar todavía días desapacibles, cierzo fuerte e incluso alguna granizada que nos estropee los planes».
Pero marzo es tiempo de primavera, de inicio de temporada. Ypor ello, el mejor refrán que lo define pueda ser:«El que tenga buen brazo, que cave y pode en marzo». Porque ya no hay tiempo que perder, las tareas de jardinería y de huerto han de hacerse en estas fechas. La naturaleza ha despertado y pide paso…

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Plantas musicales

Jugar con la naturaleza es conocerla y protegerla. Y si sirve para hacer un poco de ruido, siempre resulta divertido

Ha publicado el Centro de Investigación y Tecnología Agropecuaria de Aragón (CITA)un maravilloso libro:‘Diviértete con plantas’. Su objetivo es recuperar juegos tradicionales que años atrás entretenían a los más pequeños, y acercar así la naturaleza a la que ya es la generación más urbana de la historia. En 255 páginas, investigadores del CITA explican nociones de bótanica, juegos sencillos con semillas, hojas o frutos, divertidos tutoriales para hacer manualidades o ideas para convertir las plantas en instrumentos musicales.

Que los instrumentos primitivos se hacían con restos vegetales y animales quizá sea una sorpresa para los niños, e incluso muchos adultos: flautas con cañizo seco, membramófonos con piel o pergamino, cordófonos cuyas cuerdas se hacían con tropa de intestino. El libro explica cómo hacer una turuta con una caña, castañuelas con cáscara de nuez, silbatos con gramíneas o un sonajero con semillas… Para comprar el libro, las indicaciones están en http://sites.cita-aragon.es/divierteteconlasplantas.

El libro no está a la venta de manera directa, pero merece la pena hacerse con un ejemplar, porque está repleto de ideas, información… Los que vivan fuera de Aragón,  pueden ponerse en contacto con el CITA a través de la página antes citada y pueden recibir el libro si pagan los portes (unos 5 euros).

¡A disfrutar!

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