Consejos de otoño

Es una estación dorada, de mañanas frías y tardes de jardín. Son muchas las tareas que podemos realizar y que nos harán sentir a gusto entre plantas. Además, un terreno mantenido en invierno será el mejor lienzo para recibir, después, a la primavera

LAS HOJAS. Es importante en el jardín recoger periódicamente las hojas que caen en el césped. Vale que puede resultar aburrido y cansado, pero es la única manera de evitar la proliferación de hongos y futuras calvas en la hierba. Con la humedad se crea una pasta que puede ser foco de enfermedades. Si no hay césped, se pueden dejar tranquilamente, aunque den una imagen un poco descuidada:una buena alfombra de hojas será un acolchado perfecto para proteger a la planta de las heladas.

PLANTAR. El final del otoño y principio del invierno es buen momento para plantar. Lo ideal es esperar a finales de enero, pero podemos ya empezar a preparar el terreno, sobre todo aquellos que se venden en los viveros como ‘raíz desnuda’, como se denomina a las plantas criadas en tierra y que después se venden con raíces recortadas para que vuelvan a prosperar.

ESQUEJES Y CHITOS. El esqueje consiste en tomar una ramita recién podada de un árbol o un seto, raspar la parte inferior para que salga ‘lo verde’ (el cámbium, donde pasa la savia) y añadir un poco de hormona de enraizamiento para que saque raíces. En el chito, meterla en agua y esperar a que salgan por sí solas. Después, plantar en una buena tierra.

LIMPIEZA. Para podar es mejor esperar al mes de enero, pero en otoño es bueno hacer alguna limpieza:se pueden retirar por ejemplo las ramas que en verano hemos visto que han crecido mal (por una mala poda)o que agobiaban e impedían a la planta crecer y respirar. Así, cuando llegue el mes de enero, tendremos más claro qué ramas son las que queremos recortar.

RIEGO. Esta época es cuando las plantas más sufren por tema hídrico. ¿Cómo es posible?Pues porque o bien nos pasamos o no llegamos. Los hay que siguen regando como en verano y aguachinan macetas y parterres y otros directamente se olvidan del riego y creen que las plantas no necesitan ya nada. Hay que regar: cada cuatro o cinco días. Después, cada semana.

ABONO. ¿Es buena idea abonar en otoño si las plantas se van a ir a dormir y apenas requerirán nutrientes?Los manuales de jardinería nos han dicho siempre que no es necesario, pero también hay expertos que recomiendan un abonado de liberación lenta para dar un alimento que dure varios meses. Al fin y al cabo, todos tenemos hambre, incluso entre sueños.

CÉSPED. Otra tarea de las aburridas. ¿Por qué el césped no se cuidará solo, como en las películas?Pues, por que no. En otoño, además de retirar las hojas para evitar hongos, hay que segar más espaciadamente y a una altura mayor. Es importante airear las raíces y para ello, con una horca o un rastrillo, para hacer agujeros de varios centímetros. Así se mantendrá sano.

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Cómo hacer auténtico yogur búlgaro

Los beneficios de este probiótico milenario asombran, porque ayuda a mejorar la flora, reforzar el sistema inmunitario y metabolizar las grasas. ¿Quieres saber cómo? En este vídeo y tutorial te lo explicamos y te damos la auténtica receta.

Hay alimentos que cuestan poco dinero y sus beneficios son inmensos. El aceite de oliva, la miel, el pan de masa madre, el yogur… Este último, por desgracia, se frabrica ahora en un proceso tan industrial que apenas tiene propiedades y, de hecho, muchos envases que se compran en los comercios como yogur son en realidad leches fermentadas sin propiedades. Por eso, es buena idea volver a hacer yogur casero y, si es con una auténtica receta búlgara, mucho mejor.
El yogur es uno de los mejores probióticos. Un probiótico es un alimento que favorece la flora intestinal, esos miles de millones de bacterias que tenemos en nuestro intestino y que ayudan a digerir la comida. Las malas dietas o el estrés han hecho que nuestra flora esté cada vez más dañada y aparezcan diversos problemas: las patologías digestivas han aumentado un 40% en Aragón en solo una década.
Algunos estudios relacionan distintos problemas de salud como asma, autismo, cáncer, enfermedad celíaca, colitis, diabetes, eczemas, cardiopatías, desnutrición, esclerosis múltiple y obesidad con desequilibrios en esta flora intestinal. Además, en el intestino se produce serotinona, responsable de nuestro estado de ánimo.
Por si alguien se anima a preparar el yogur tradicional, según una receta búlgara, aquí dejamos el proceso.

1. Calentar la leche y añadir nutrientes. Se vierten tres litros de leche (fresca, de la que hay que mantener en la nevera) en un cazo, que pondremos en el microondas durante 13 minutos. El objetivo es alcanzar los 42 grados de temperatura (más alto no, porque moriría la bacteria). La leche del supermercado ha perdido parte de su valor nutritivo, por ello es buena idea, con la leche a 42 grados, añadir una pizca de cloruro de calcio. Por otro lado, una cucharadita de preparado de quesos añadirá un poco más de grasa y sabor. Los dos productos se venden en tiendas de dietética ‘online’.

2. La bacteria búlgara. El ‘lactobacillus bulgaricus’ es la bacteria beneficiosa y se debe añadir a continuación, con la leche todavía a 42 grados. ¿Cómo la conseguirmos? La venden en tiendas ‘online’, es fácil de encontrar. Se envía hidrofilizada y en sobrecitos. Solo tendremos que añadir un sobre para los tres litros de leche. Aunque nos gastemos ahora un poco de dinero con el cloruro de calcio, el preparado de queso y la bacteria, será una inversión que durará meses y meses: en el caso de la bacteria, no habrá que usarla la siguiente vez: el yogur sobrante nos permitirá fabricar nuevo.

 

3. Al calor del horno. Mientras añadimos el calcio, la bacteria y demás, hemos puesto a precalentar el horno a 50 grados. Cuando llegue a esa temperatura, lo apagamos. Repartimos la leche bien removida en botecitos de cristal, cerrados, que depositaremos dentro del horno. No hay que tenerlo ya encendido: esos 50 grados conservarán el calor en el interior, donde la bacteria, con la lactosa y el calor, empezará a propagarse y a convertir la leche en yogur. Después de ocho horas en el horno, sacamos los botes y los dejamos en la nevera. Unas pocas horas después, ya estará listo.

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Plantas de Halloween

¿Sangre, orejas, calaveras? Algunas especies se las apañan para darnos miedo

Ni el mejor disfraz puede superar lo que la naturaleza propone para dar auténtico terror. Hay vegetales que recuerdan a calaveras, otros parecen manos que sobresalen de la tumba. Podemos ver a Darth Vader o incluso orejas cortadas sobre un tronco. En realidad, es un fenómeno psicológico llamado pareidolia, el mismo que nos hace distinguir una figura cuando miramos las nubes, ver caras en lo que en realidad es un despertador… Incluso hay psicólogos que creen que la pareidolia está detrás de muchos avistamientos de ovnis, fantasmas y sucesos paranormales. Sí es cierto, sin embargo, que algunas plantas han evolucionado para asemejarse a sangre y vísceras: es el caso de la planta cadáver o ‘Amorphophallus’, que florece una vez al año con un olor putrefacto y un terrible tono rojizo en su interior. Atrae así a los insectos que sobrevuelan los cadáveres.

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El número doce…

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No todo son plantas. ¿Y si también publicamos aquí algunos de los reportajes que escribimos para el suplemento Heraldo Domingo? Por ejemplo, este reportaje sobre experiencias al borde de la muerte…

Los hay que han regresado de entre los muertos y pueden contarlo. Hablan de espacios llenos de luz, donde hay paz y felicidad. Otros, al borde de la muerte, logran atisbar qué hay al otro lado, y reciben la visita de seres queridos que les acompañarán en el trance. ¿Son esas experiencias un proceso cerebral o estamos ante el último enigma por descubrir?

Fue el doce del doce. El 12 de febrero de 2012. A las doce de la mañana. A Carlos (así le llamaremos) se le rompió la arteria principal que lleva la sangre al corazón. Tras desplomarse en el gimnasio, empezó un doble viaje, su cuerpo era trasladado a un hospital de Zaragoza en una ambulancia, pero su conciencia estaba ya en otra dimensión. «Clínicamente, era imposible que sobreviviera. A las 12 del mediodía, sufrí una disección aórtica de grado uno. Nada podía hacerse, tan solo esperar que mis órganos fallaran. Ni siquiera los médicos se explican cómo logré sobrevivir», explica. Este zaragozano de 52 años ha visto demasiadas veces la incredulidad en los ojos del oyente. «Te acostumbras a callar, a seguir con tu vida. Sabes que has tenido una segunda oportunidad y no vas a desaprovecharla».

Las experiencias cercanas a la muerte suceden a casi el 40% de personas que han sufrido una parada cardiorrespiratoria, según el primer gran estudio, realizado por científicos de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, y que incluyó entrevistas a más de 2.000 pacientes. Casi todos recuerdan haber sido conscientes de estar en otro lugar, aunque pocos son capaces de dar detalles. Los que sí conservan esa memoria suelen describir situaciones similares: un túnel que desemboca en una luz cegadora, un espacio de paz y tranquilidad y la compañía de personas que les aportan serenidad. «Recuerdo un zumbido, y una luz que me rodeaba. No venía de un punto concreto, sino que ese lugar parecía estar hecho de luz -recuerda Carlos-. Yo iba y venía, de ese lugar a esta otra realidad, y sabía que había llegado el final. “Me voy a morir, pero soy feliz”, le dije al médico que me atendía en la ambulancia. En ese lugar de luz había otros seres, no tenían rostro, pero eran personas cercanas a mí. Los sentía como afines, parte de mí. Y me hablaban, no con palabras en sí, pero se comunicaban conmigo. Y me decían que estuviera tranquilo, que no me preocupara».

Tras llegar al hospital, los médicos hicieron un escáner cerebral, para ver si se había producido un derrame, y después un escáner circulatorio. «Y tras ver la gravedad de la disección cumplieron el protocolo: en esos casos no se realiza ya intervención porque habrá una muerte segura en minutos o pocas horas. Así que me dejaron en una sala apartada de urgencias. Cuando llegó mi mujer, Elena, el médico le pidió que se despidiera de mí, porque mis constantes eran ya muy débiles».

IMPOSIBLE DE EXPLICAR. Fue entonces cuando la voz de Elena logró llegar a esa otra dimensión de luz y paz. Carlos sintió sus caricias, sus besos y su llamada. Y logró recuperar la consciencia para decirle que estaba bien, «que sabía que iba a morir, que lo sentía. Que lamentaba dejarlas solas a ella y a nuestra hija, pero que había llegado mi momento». Gracias a que recobró la consciencia por ese instante, cambiaron los protocolos y se preparó una sala quirúrgica para llevar a cabo una complicada operación a corazón abierto. Y Carlos fue trasladado al quirófano, donde le aguardaba una intervención que duró doce horas. Otra vez el número doce .

Es reacio a contar el resto de la experiencia, «porque esa primera es la única parte en la que no hay anestesia ni medicamentos que me pudieran alterar la percepción», destaca Carlos. Pero es precisamente en el quirófano donde tiene lugar un hecho que ninguno de los más de 14 profesionales que participaron en la operación ha conseguido explicar. «Abrí los ojos y pude ver el quirófano. Todo estaba al revés: en lugar del techo, veía el suelo. Una cama con un paciente y un enjambre de médicos y enfermeras. Y en la cama estaba yo. Estuve un rato mirando, sin saber muy bien dónde estaba, vi a los cardiólogos tomar un descanso, a otro equipo entrar en el quirófano. Y uno de los cardiólogos llevaba una manzana y una naranja. Es una imagen que se me quedó grabada».

Días después, cuando salió del coma, ese mismo cardiólogo fue a verle. «Y le reconocí. Le dije: “Usted estaba en la operación”. Y me contestó: “Pero eso usted no puede saberlo”. “Y salió del quirófano con una naranja y una manzana”. El cardiólogo se quedó callado, y luego supe que esa había sido su merienda aquella tarde, una manzana y una naranja. No volvió a visitarme, pasó consulta a partir de entonces otro cardiólogo».

¿EN EL CEREBRO?. El filósofo norteamericano Matthew Alper se hizo popular hace unos años gracias a su libro ‘Dios está en el cerebro’, en el que intentaba demostrar cómo la experiencia religiosa forma parte de un mecanismo cerebral. El neurólogo Carlos Tejero, del Hospital Clínico de Zaragoza, es menos rotundo que Alper al considerar las experiencias cercanas a la muerte, «porque un neurólogo ha de tener la mente abierta para comprender en qué consiste la vivencia de un paciente. Son varias las historias que nos han contado los enfermos, con puntos en común, con hechos difíciles de entender, y otros cuya explicación es más sencilla. Pero nadie puede posicionarse ante estas experiencias si no las ha experimentado en primera persona», considera. Pero Tejero advierte de que la falta de riego cerebral, la respuesta del organismo a la anestesia y a otros medicamentos, el despertar tras un coma…, «pueden llevar a experimentar unas sensaciones, a tener visiones concretas, cuya respuesta estaría en la estimulación de zonas concretas del cerebro, como la amígdala, el núcleo de accumbens…».

¿Son las experiencias al borde de la muerte fruto de la confusión? Porque la ciencia desmonta muchos de los relatos: la pérdida de oxigenación cerebral llevaría a tener percepciones confusas, que apenas duran milisegundos pero que parecen mucho más largas, y explicaría las visiones, la sensación de escuchar voces, la presencia de alguien a nuestro lado. «La luz al final del túnel, por ejemplo, podría producirse por la falta de riego en la retina. No solo personas que han estado a punto de morir han visto ese túnel, también lo describen los que padecen migrañas muy fuertes», señala el neurólogo del Clínico.

Ese túnel es precisamente lo que vio Gemma, oscense de 50 años que guarda desde la niñez un recuerdo nítido de ese viaje hacia una luz cegadora. «Es una vivencia que guardo desde que tengo uso de razón, la de saber que mi vida ha terminado, de viajar por un túnel al final del cual había una luz. No estaba sola, otras fuentes de energía, seres transparentes, viajaban conmigo en esa dirección. Flotábamos todos unidos. Hasta que varios de esos seres me sacaron de ese lugar y me trajeron de nuevo», explica. Su caso es aún más íntimo que el de Carlos, y Gemma rara vez comparte su vivencia. «La primera vez que se lo comenté a mi familia se asustaron mucho. No sé qué edad tendría, tres o cuatro años. Y les expliqué cómo una vez había muerto y volví a nacer después, que me dejaron vivir».

Descubrió después que había estado a punto de morir durante el parto, porque el cordón umbilical se le quedó enredado en su cuello y pasó varios minutos sin oxígeno. «No es algo que vayas contando, porque la lógica nos dice que no podemos recordar nuestro nacimiento. Pero yo lo tengo grabado, desde siempre».

Los minutos previos a la muerte son tan tristes como misteriosos. Porque en ellos pueden suceder circunstancias de difícil explicación, que sorprenden al personal sanitario que atiende al paciente. Enfermos de alzhéimer que parecen recobrar los recuerdos minutos antes de morir, para despedirse de los suyos; esquizofrénicos que se serenan para pedir perdón, moribundos que eligen la hora exacta de su muerte…

El doctor Roberto Moreno, que trabaja desde hace 16 años en el equipo de soporte del servicio de atención domiciliaria en cuidados paliativos del Gobierno de Aragón, ha visto morir a mucha gente, conoce esas extrañas mejorías, «que logran que un paciente con severos problemas cognitivos reconozca de nuevo a su familia. Recuerdo un enfermo esquizofrénico, muy deteriorado física y cognitivamente. El último día de su vida reconoció a su hermana y pudo pedirle perdón». Son horas que parecen un regalo para el enfermo y su familia, «porque permiten una conversación, dar una explicación, pedir disculpas o aceptarlas… Es curioso, pero la mayoría de estos sucesos sorprendentes previos a la muerte son de naturaleza positiva y ayudan a que el fallecimiento sea más llevadero».

De alguna manera, el enfermo parece saber que se va a morir, y lo manifiesta de diversas formas, por ejemplo afirmando que un familiar ya fallecido ha venido a buscarle. «Cuando el paciente dice estar viendo a ese ser querido que le acompañará al otro mundo siempre recomendamos a la familia que no se lo discutan. No importa si se trata o no de una alucinación, es una experiencia que hará el proceso más llevadero para el enfermo. Se sentirá acompañado y no tendrá miedo», señala Moreno. «Y otros enfermos deciden cuándo morirse. Y eligen un momento concreto: cuando por fin ha llegado un familiar que estaba de viaje y han podido hablar con él. Otras veces, fallecen cuando se han quedado a solas. Recuerdo el caso de un señor mayor que recibía asistencia todo el día. En un momento, mandó a su hija a comprar tabaco y a su mujer a buscar algo a casa de una vecina. Se quedó solo apenas cinco minutos y murió entonces. Para la familia fue un mal trago que falleciera sin compañía. En realidad, para algunas personas el hecho de morir es una situación muy íntima y no quieren que sus familiares lo vean, por si resulta desagradable. Es un último acto de amor».

Para Carlos, su experiencia cercana a la muerte ha significado un antes y un después en su vida. Ese doce del doce a las doce. «Me llamó la atención el número y tras investigar en la cábala descubrí que el doce significa cambio, una transformación. Antes de sufrir esa rotura de la arteria, vivía totalmente centrado en mi trabajo. Mi obsesión era que a mi mujer y mi hija no les faltase de nada y trabajaba en todo lo que podía, para ganar más. Ahora miro atrás y siento que me he perdido esos años valiosos de la infancia de mi hija, prestando atención a problemas diarios o planes innecesarios, en lugar de centrarme en el momento». Porque para él, «esas necesidades tan absurdas que nos impiden disfrutar de la vida lo único que consiguen es que nuestro alma tenga que pasar por un embudo. Interrumpimos los momentos más preciosos para realizar tareas que pueden esperar o que, directamente, no tenemos por qué hacer».

Carlos regresó de entre los muertos con un mensaje: «Me dijeron que “la mejor manera de vivir es no hacer daño a nadie”. Es curioso que no fuese “ama a tu prójimo” o cosas así, que se centraran en que no hagamos daño a los demás. Quizá porque quien hace daño a sabiendas en realidad se está dañando a sí mismo». Y asegura sentirse más espiritual, «que no religioso, porque allí donde yo estaba no había diferencias de sexo, raza o religión, solo la sensación de sentirse aceptado y de poder amar sin reservas».

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¡Crecen como locas!

Calabazas, pepinos, sandías…, son plantas de huerto, pero en la terraza pueden transformar el espacio e incluso dar algunos frutos

E n jardinería, no todo es blanco o negro. De igual manera que conviene sembrar plantas de flor en el huerto, para atraer insectos y asegurar la polinización (y, por qué no, para que quede todo más bonito), algunas hortalizas pueden crecer en los jardines y terrazas solo por razones estéticas, sin esperar realmente obtener frutos o llegar a comérnoslas. Es el caso, por ejemplo, de la borraja, cuya flor es muy agradecida, y que puede dar un toque espectacular en la terraza si se siembra en invierno y se deja espigar en primavera.
Las cucurbitáceas son plantas increíblemente dinámicas, con flores enormes y frutos divertidos. Si hay niños en la familia, al menos un parterre debería tener calabazas, calabacines, sandías o pepinos, ya que les encanta la forma y lo rápido que crecen. Son plantas muy fuertes, que quieren muchísimo sol, riego abundante, y que crecerán a una velocidad de vértigo. Una vez la semilla enraiza y la plántula empieza a desarrollarse, cucurbitáceas como la sandía llegan a crecer un palmo o más al día, con multitud de ramas y flores amarillas, que en el caso del calabacín resultan espectaculares.
¿Podemos esperar frutos? Si es en tierra, por supuesto. Solo hay que guiar la planta y vigilar las flores. Unas son masculinas y otras femeninas, y estas últimas son más escasas. En un huerto no hay mucho problema, pero en un jardín o terraza, si solo tenemos una planta de pepino o calabazín, puede ser que masculinas y femeninas no coincidan:cuando sale al fin la femenina, no hay masculina que la polinice. Por ello, si al fin coinciden dos flores, es mejor no dejar nada al azar y asegurarnos de que tiene lugar la polinización. Para ello, bastará con tomar un pincel, coger polen de la flor masculina y depositarlo después en la femenina. En un huerto, con más flores e insectos, no habrá que hacer trabajos manuales de este tipo, pero en la terraza será necesario.

Para decorar
Son muchas las tendencias que incluyen cucurbitáceas en jardinería. En una pérgola se pueden plantar calabazas y dejar que crezcan y ocupen la celosía. Los frutos, de tantas formas y colores, se verán entre las hojas y el resultado será muy divertido. Para ello lo mejor es comprar plántulas o semillas de diversos tipos de calabaza:cisne, del peregrino, verrugosas… Y situarlas por diferentes rincones del jardín. Si tenemos solo una terraza, mejor plantar solo en un sitio, porque el volumen vegetal de estas plantas es asombroso: las ramas alcanzarán los diez o doce metros, con hojas enormes, lo que supondrá un problema que puede afectar a otras plantas decorativas que tengamos en espacios reducidos.
Si tenemos suerte, podremos comer frutos. Melones, pepinos…, resultarán deliciosos si los cultivamos nosotros mismos.
No hay mucha tradición en tierras aragonesas de incluir la calabaza en la gastronomía, excepto para algunos postres, por lo que los frutos se pueden dedicar, si se desea, a preparar decoraciones más otoñales. Las calabazas, para que duren más tiempo, deben limpiarse bien. Para ello, con un cúter, quitamos la ‘tapadera’ superior y vaciamos bien el interior. Otra opción es dejar las ‘tripas’ dentro y, simplemente, esperar a que se seque. Se puede colgar en alguna estructura y esperar hasta que las semillas, ya secas, resuenen en su interior. Ya estará lista para colocarse en estanterías o alféizares.

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Terapias en el jardín

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Desde Suecia llega un nuevo paisajismo que se centra en el bienestar y la integración

Nos contaba ayer un amigo que en Bulgaria, hasta hace pocos años, siempre había un agricultor que cantaba mientras los demás segaban el trigo, araban el campo o preparaban la cosecha. Dicen los expertos que ese canto, esa entonación tan concreta que tienen las misteriosas voces búlgaras, ayudaba a soportar el duro trabajo físico y las largas horas bajo el sol. «Se creaba una conexión entre la persona y la naturaleza, un estado mental que mejoraba la salud en general».

JUNTOS. La horticultura permite el trabajo en equipo y el descanso en comunidad. Propone crear jardines donde haya ejercicio y, también, integración.

Jardines, huertas, terrazas o balcones pueden ser terapéuticos. «Espacios de actividades para el envejecimiento activo, para enfermos crónicos, personas que sufren depresión o que atraviesan algún momento crítico en su vida. Un jardín adaptado y preparado será beneficioso para su salud física y mental», resume Karin Palmlöf, ingeniero agrónomo de Uppsala (Suecia), quien, desde hace apenas un año y medio, ha aterrizado en España para crear paisajes con su empresa Jardines Terapéuticos.

La idea del jardín como terapia no es nueva, pero esta última década se ha convertido en una revolución en los países nórdicos. Porque mejoran la calidad de vida, el estado de ánimo, el ciclo del sueño y del apetito… «Consiste en adaptar el espacio a las necesidades de esas personas. Un jardín no solo ha de ser para ver y descansar, también para realizar ejercicio físico. Puede ser mediante la horticultura, pero también para hacer yoga o taichí, estiramientos o mindfulness–enumera Palmlöf–. Incluso podemos convertir nuestro propio jardín o terraza en un rincón que nos ayude a relajarnos y sentirnos mejor. Podemos crear un rincón donde realizar una actividad que nos llene. Lo ideal es que sea un espacio donde tengamos intimidad, ya sea con setos o plantas, y donde podamos sentirnos relajados». Bancales elevados ayudarán disfrutar de la horticultura a las personas de edad más avanzada que ya no pueden arrodillarse como antes, o para las personas con discapacidad».

APOYO. Los jardines tienen espacio para personas con movilidad reducidad. La visibilidad de todos los colectivos es fundamental en una ciudad.

El objetivo es que los parques y jardines de los municipios no tengan ya solo la función ornamental, sino que también aporten un beneficio. Además, esos espacios pueden estar mantenidos por personas discapacitadas, con el fin de facilitar su integración laboral. «Yla integración va más allá, porque los parques han de ser un lugar de encuentro social, un espacio común de diversión. Quizá en el centro de la ciudad eso sea difícil, pero en la periferia los parques y jardines no pueden ser solo ornamentales. Si personas enfermas o discapacitadas están allí para ser atendidos en terapias, se cumplirá una función integradora:podremos ver a afectados por alzheimer, por ejemplo, en un contexto positivo y activo. Porque ahora solo se ofrecen imágenes negativas».

IDEAS. Bancales elevados para jardineros en silla de ruedas o con problemas de movilidad. Olores y objetos ayudan a evocar recuerdos en las terapias.

Palmlöf ya ha realizado el proyecto de cuatro patios en el centro de actividades ambulatorias en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, un proyecto de jardín para el departamento de psiquiatría infantil del hospital del Niño Jesús de Madrid, y otro diseño para el Centro Estatal de Referencia Nacional de Alzheimer, para un jardín terapéutico. Suele trabajar con módulos, unos de cuidado y mantenimiento de plantas para gente mayor;otro, de intervención global, que combina la horticultura con espacios de relajación;un tercero está dirigido a personas con pérdida de orientación, para que puedan moverse libremente dentro del jardín sin la preocupación de desorientarse, y un cuarto módulo se dirige a terapias reminiscentes, donde objetos de la vida cotidiana, olores y sabores que se encuentran en el jardín ayuden a evocar recuerdos del pasado.

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El secreto de la felicidad

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No buscar la perfección. Solo así se podrá disfrutar de las cosas. Ningún jardín, terraza o balcón, ningún mueble decapado, serán perfectos. Y eso es lo bonito

A veces el placer está en el proceso. Y demasiado cuidado, demasiado miedo a hacerlo mal, quita toda la gracia. Un amigo está este año desquiciado porque tiene la hiedra hasta arriba de pulgón. Ha probado de todo: tratamientos ecológicos, no ecológicos, veneno para hormigas (la verdadera causa del pulgón, ya que lo ponen ellas)… Ha probado de todo, excepto lo más lógico: dejarlo estar. Porque siempre habrá pulgón, es inevitable, y la hiedra es una planta muy fuerte y soporta eso y más. «Si tienes pulgón en la hiedra, se librarán la adelfa y los crisantemos», le recomendé. Pero no hizo ni caso. Para variar.
El secreto de la felicidad es aceptar que nuestra vida no es un anuncio. Que las fotos son mentira y que tendremos mil y un fallos cuando hagamos un proyecto. Solo los muy profesionales tendrán acabados finos, nosotros solo somos simples aficionados. Y unas plantas tendrán plagas, otra se habrá colocado en el sitio equivocado y, seguramente, alguna se nos morirá. En vez de creer que somos un desastre, es mejor aprender del error y ya está.
Pasa lo mismo con los trabajos manuales. No es tan difícil seguir un tutorial y probar a pintar un mueble, decapar, hacer decoupage o tránsfer… Lo complicado es que no quede exactamente tal y como queríamos. Lo mejor es dejarse llevar y disfrutar del proceso. Una vez tengamos claro qué queremos, ir haciendo los pasos e improvisar sobre la marcha. ¿Hemos colocado mal el papel y ahora está lleno de arrugas? Pues pasamos la lijadora para darle un aspecto envejecido. ¿Hemos colocado listones y han quedado mal encajados? Pues nos convencemos de que queríamos un aspecto rústico. Una cosa es ser conformistas y otra neuróticos.
Todas las fotografías que acompañan a esta página son nuestras, excepto ese balcón tan curioso. La hemos elegido porque resume perfectamente la filosofía que nos dará tranquilidad: asumir que no vivimos en un ático neoyorquino, que nuestros pisos son pequeñitos, sencillos y con pocas pretensiones. Y que podemos, aún así, disfrutar del lugar. Unas plantitas para verlas cada día crecer, unas luces de colores que nos den alegría en verano, una fuente que dé el runrún del agua y el cubo con juguetes.

 

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Sin miedo al color

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¿Por qué ser tímido en el hogar cuando se pueden crear conjuntos impactantes? Solo hay que elegir la combinación

 

Hay una tendencia en redes como Instagram de mostrar casas de paredes blanquísimas y muebles blanquísimos, donde el toque de color lo pone un marco de madera (natural, claro) y las únicas flores posibles son margaritas o lirios (blancos). Casi todos son ‘instagrammers’ nórdicos, un estilo sereno y bonito, la verdad.
El problema de las redes, y en eso Instagram se lleva la palma, es que alimentan el complejo de inseguridad. Si esos profesionales del diseño con miles y miles de ‘me gusta’ tienen la casa blanca, ¿a dónde voy yo pintándola de naranja melocotón?
Nunca hay que frenar nuestro propio estilo de decoración. Por cada bloguero nórdico que pregona las bondades del blanco, habrá otro aficionado que disfrutará de esos ‘boho chic’ o ‘gypsy chic’, estancias bohemias de colores llamativos. Es lo bueno de Internet:siempre hay alguien que corrobora tu opinión. Y para llenar la casa de color, nada mejor que aprender sobre combinaciones.

Puedes ampliar la imagen aquí 

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¿Qué plantas aguantarán el calor?

Hay plantas que soportan más de 40 grados y sol continuo. ¿Por qué complicarse la vida, si se puede disfrutar de una terraza colorida sin apenas cuidados?

De todas las frases irritantes que puede escuchar un jardinero, la que se lleva la palma es esta:«Amí se me abrasa todo, en mi terraza/balcón/ventana hace mucho calor». ¿Resultará que hay microclimas localizados en un portal concreto, en una calle concreta? Para nada, lo que hay es mucho cabezota que no se deja aconsejar. Hay todo tipo de plantas adaptadas al verano aragonés, que soportan más de 40 grados y disfrutan con ello, que aguantan una insolación continua y que solo requieren un riego cada dos días. Pero claro, los que dicen que en su casa hace demasiado calor resulta que son incapaces de adaptarse y lo que quieren es plantar hortensias, diplademias y rododendros…, en lugar de disfrutar de las adelfas, hibiscus, gazanias, petunias, felicias, dimorfotecas, geranios, ipomeas, campsis, jazmín, madreselva, uña de gato… La lista es larga y variada, y dedicaremos más páginas estas próximas semanas para conocer estas compañeras tan agradecidas y floridas.
El principal error de los principiantes a la jardinería es querer que la naturaleza se adapte a ellos. Recuerdan el olor de una flor en su infancia, en la montaña o incluso en otro país, y quieren tener esa planta en un ático zaragozano, donde el clima es, sencillamente, extremo. Lejos de desesperarse o echar la culpa al clima, ¿por qué no escuchar al experto desde el principio?

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¿Por qué no me crece nada en mi huerto urbano?

El cultivo en el hogar es una aventura que demasiadas veces lleva a la frustración. Leemos reportajes de hoteles y restaurantes que disfrutan de sus verduras en la azotea, y nosotros ni cogemos dos tomates en todo un verano. ¿Tan mala mano tenemos para la jardinería?

LUZ

DE 12 A 14 HORAS. Tomás Rodrigo, asesor de Hortals, en Zaragoza, afirma que «si lo que queremos es cultivar tomates, pimientos o berenjenas, necesitamos de 12 a 14 horas de sol directo, para florecer y fructificar con garantías. Sin esa luz, crecerán mucho en altura, pero no florecerán. Hojas verdes y raíces no necesitan tanta luz: se dan mejor lechugas, rúcula, acelga, espinacas, brotes tiernos, zanahorias, chirivías o rabanitos. O culinarias, como cebollino, hierbabuena, orégano, perejil, cilantro…».

ABONO

MÁS ALIMENTO. Según Tomás, «el sustrato es otro factor fundamental, se debe utilizar mantillo o compost orgánico mezclado con el sustrato universal (que tiene menos materia orgánica). Cada nueva temporada se debe reponer el 50% de la tierra de los contenedores y retirar las raíces de cultivos anteriores. Las hortalizas necesitan nutrientes para fructificar y dar generosas cosechas, y no es suficiente con el sustrato. Una vez al mes deberemos abonar en las cantidades y dosis adecuadas.

VIENTO

MUY FUERTE. El hortelano recuerda que «si tenemos el huerto urbano en una zona tan ventosa como es el valle del Ebro tendremos que proteger los cultivos mediante mallas antiviento o setos, debido a que en terrazas en altura o azoteas la fuerza del viento (cierzo) es muy fuerte y muy seco, provocando deshidratación y roturas si los cultivos no están convenientemente regados y protegidos». También puede influir ese viento en la polinización: los insectos se quedarán en zonas más bajas.

MACETAS

MÁS GRANDES. Desde Hortals recomiendan «macetas grandes: para hortalizas es necesario al menos 25 cm de profundidad. Pero lo más importante es que respetemos las distancias en las jardineras, si los tomates o berenjenas se separan en el huerto 60 cm, no podemos plantar en una jardinera de 40 cm de largo tres tomateras. Sí podremos plantar una tomatera y varias lechugas, un perejil y una albahaca. Las lechugas se desarrollarán más rápido y se podrán recoger mientras el tomate crece».

RIEGO

CUIDADO. Tomás incide en que «no todos los cultivos necesitan la misma cantidad de agua, debemos aplicar las dosis adecuadas a las especies y tamaños. Un plantero de tomate en maceta en las primeras semanas necesita agua en pequeñas cantidades todos los días, una vez arraigado y crecido se pueden alternar riegos cada dos días. O una lechuga necesita mucho más agua que una espinaca que no necesita tanta. Las zonas de sombra requerirán menos agua. La aplicación del agua de riego debe ser a la base de la maceta y no en las hojas, regando a primera hora de la mañana o última del día, preferentemente. En terrazas o áticos soleados, durante el verano se requiere riego cada dos días».

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