El amigo librero (3)

22 Junio, 2009 por Sergio del Molino

Hoy, De Reojo entra en Cálamo, en la plaza de San Francisco.

Hoy las librerías ya no se llaman Cálamo. Hoy son frases, sintagmas nominales, versos o fantasías, pero a nadie se le ocurriría abrir una librería que se llamase Cálamo. Entre otras cosas, porque nadie sabe qué diantres es un cálamo. Si ya casi no usamos ni bolígrafos… La pluma estilográfica es algo propio de abuelos, una excentricidad que hasta puede llegar a ser molesta. ¿Queda alguien en la sala que haya mojado el cálamo en el tintero? ¿Queda alguien que haya tenido un tintero en sus manos?

Pero esta librería tiene 25 años. Recién cumpliditos. Y por aquel entonces una librería literaria tenía que ser muchas cosas además de un escaparate con libros. Tenía que ser refugio para el lector, enlace entre el pasado y el futuro, un lugar reconfortante en el que confiar, en el que macerasen los aromas y los fluidos de esa libertad enclaustrada que propician las letras. Y la palabra cálamo, con su sonoridad de escuela antigua -de escuela republicana, sin faldas de monjes-, con su latinidad, con su significante hueco, ya que viste a un significado extinto, cumple perfectamente esa función.

Entrar en Cálamo es entrar en una institución zaragozana. Institución es una palabra de la que se abusa demasiado, pero en el caso de Cálamo no se me ocurre otra. Para el público lector, esta librería es una seña de identidad zaragozana tan poderosa como la Romareda para un aficionado al fútbol o como el Tubo para los seguidores de la liturgia del vermú. Es gratificante que haya sobrevivido 25 años con buena salud. A mí, me reconcilia con esta ciudad, tantas veces denostada, tantas veces criticada por su aspereza y su yermo paisaje cultural.

Paco Goyanes está al frente. Tiene fama de librero selecto, comprometido con sus clientes y exigente con su equipo. Dicen de él que puede encontrar cualquier libro en cualquier parte del mundo, y en la segunda planta tiene un despachito donde rastrea los pedidos estrambóticos que sus estrambóticos clientes le hacen. Cuenta que no se le ha resistido nada. Si quieren libros en inglés o en francés, pídanselos, que si están editados, los conseguirá.

A mí me gusta especialmente ese rincón del fondo dedicado a los viajes. Porque en Zaragoza no hay una librería de viajes y Cálamo hace las veces de ella. Siempre está bien surtida -no solo de guías y material práctico, sino de esos relatos de los grandes viajeros literarios-, y por eso, antes de montarme en un avión, siempre me doy un garbeo por allí. Nunca he salido decepcionado.

En fin, Paco, enhorabuena, y que te mantengas otros 25 años.

La semana que viene: Antígona.

Lea completa la serie de El amigo librero

En la categoría El amigo librero

2 Responses

  1. Elena

    ¿Sólo hay 3 librerías en Zaragoza?
    Yo esperaba un reportaje de cada una.
    En este periódico siempre se habla de las mismas.

  2. Sergio del Molino

    Efectivamente, hay unas cuantas más, pero la serie se ha interrumpido sin que hasta el momento haya tenido ocasión de retomarla. Un poco de paciencia.

Di lo que quieras

Normas de uso
· Esta es la opinión de los internautas, no de Heraldo.es.
· No está permitido escribir comentarios injuriantes.
· Nos reservamos el derecho de eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
· Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.

Sobre este blog

Si los amigos no se dan consejos, tampoco deberían recomendarse libros. Por eso aquí no se recomienda nada. Solo se lee, compulsivamente, con bulimia, con atragantamiento, y se comenta a vuelapluma lo que se lee. Esto es un cuaderno de lecturas que abre trecho en la espesura de las novedades editoriales. Un blog para lectores que buscan de reojo sin saber lo que buscan y que acaban encontrando lo que no se esperaban. Sin protocolos ni academicismos. Pasen sin llamar.