La cantera o la espiral del futuro

29 Mayo, 2009 por Antón Castro

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Llegué diez minutos tarde al partido del Barcelona-Manchester y me perdí el acoso inglés sobre Víctor Valdés. Me perdí esos instantes iniciales de susto y perplejidad azulgrana. Luego, combinaron Messi e Iniesta, este culebreó y venció a Evra, que perdió su sitio; lo ganó Eto’o, le dio tiempo a desbordar a Vidic y encendía de emoción y plasticidad el Olímpico de Roma. Luego, el equipo catalán –que aúna varias tradiciones: la del mejor Helenio Herrera, la de Michels, la de Venables, el tándem Cruyff-Rexach y la del olvidado injustamente Rijkaard- dominó y jugó con comodidad, midiendo sus pasos, ese mareante rondo que devora a los rivales. El gol de Messi fue espléndido: confirmaba que el Barcelona ha sido mejor que el Manchester y que el argentino acaba la temporada algunos peldaños por encima de Cristiano Ronaldo.

Luis Alegre era uno de los invitados al partido de su gran amigo Pep Guardiola. Cuando terminó el choque, recibí un sms suyo: “Puro arte, amiguito”. Pura poesía en Roma. Hacía mucho tiempo que nadie jugaba así al fútbol, hacía tiempo que no nadie empequeñecía así a un gran rival. A un formidable rival como el Manchester. Había otro detalle emocionante: el multimillonario Barcelona jugó con siete jugadores de la cantera. Valdés, Piqué, Puyol, Busquets, Messi, Xavi e Iniesta, e incluso dio entrada, para corroborar la apuesta, a Pedrito. A mí esa decisión de Guardiola me apenó por Bojan, que ha colaborado con el equipo en muchos momentos y es un símbolo también de la juventud. La apuesta de la cantera es una de las grandes razones del triplete, simbolizado especialmente en la victoria de Roma. A mí me parece que por coherencia, por identidad, por respeto a las propias raíces de los equipos, la cantera es el principal surtidor que hay que cultivar y mimar. Debe ser el manantial que no cesa y la espiral del futuro.

Ese debe ser también el camino del Real Zaragoza. Fabricar equipos desde abajo, creer en los suyos, potenciarlos, tratarlos como se debe y seguirlos con respeto, con entusiasmo, con profesionalidad. Organizar trofeos, proyectarlos por la televisión autonómica, poner de cuando en cuando La Romareda al servicio de los más jóvenes. Esa es la clave. Esta temporada en el infierno ha dado algunos destellos positivos en esa dirección: Goni, menospreciado la campaña anterior por impaciencia y por papanatismo (como lo fue antes incomprensiblemente Lafita), se había convertido en el mejor defensa antes de la lesión; Ander Herrera ha puesto más fantasía, calidad y determinación que jugadores con media vida en Primera División, aunque esté en ese esperanzador y lento proceso de construcción de un futbolista; Zapater ha vuelto a probar que es un jugador de club para un roto y para un descosido y que se adapta a la defensa o a la media porque es todo corazón, coraje y amor a los colores; Luis Cuartero, un maravilloso paradigma para todos, se despidió diciendo que había pertenecido “al mejor club del mundo”; Vicente Pascual ha llegado de súbito y ha besado el santo con un gol…

Ya no es porque estemos en tiempos de crisis, ni por suerte alguna de xenofobia (los que llegan de afuera nos ayudan a hacernos mejores, en la vida, en la creación, en el deporte), pero el Real Zaragoza debe plantearse muy en serio sus categorías inferiores. Debe cuidar y alimentar la cantera. Debe profundizar en su historia, en sus títulos, en su juego, y mostrarlo a todos con la tersura de un espejo de la memoria y de la felicidad. Para eso sí que se necesitan ojeadores, tutores, curiosos, apasionados del fútbol, gente diáfana y generosa, y para eso también es necesario que el Real Zaragoza ejerza un papel paternal y afable, de colaboración y complicidad, con los demás equipos de categorías inferiores o de fútbol modesto.

Anoto un nombre, del que ya se han escrito maravillas en estas mismas páginas: Kevin Lacruz. Vino a buscarlo el Real Madrid (“es zaragocista a muerte”, suele decir su padre, el psiquiatra, coleccionista de arte y escritor Javier Lacruz), con Míchel a la cabeza, y no quiso marcharse. Está deslumbrando en la selección españoles Sub-17 y en los juveniles. Más temprano que tarde dará el salto: quizá este jugador pueda ser un nuevo enlace, como Ander Herrera, con Lapetra, Violeta, Planas y Señor. Otro eslabón de una cadena de calidad.

*He tomado esta espléndida foto de http://www.losblanquillos.com.

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Sobre este blog

Nunca pensé que iba a asumir la voz de un león. Me gustaban mucho de niño en las series de ‘Tarzán’ y ahora me gusta como símbolo de un Real Zaragoza que busca retornar a su lugar natural: la Primera División. Aquí solo habrá palabras de cariño y de entusiasmo hacia el equipo, pequeñas historias de pasión ‘blanquilla’.