Estamos con Piqué

27 mayo, 2009 por Antón Castro

pique

Anoche, oí en ‘El Larguero’, en la Ser, hablar a Manel Estiarte, uno de esos tipos excepcionales en el deporte y en la vida. Su libro autobiográfico, donde narra las tragedias de su vida, editado por Plataforma, es realmente conmovedor. Al otro lado del hilo, estaba el alcalde de Madrid, “el señor alcalde”, para Estiarte, y recordó que hoy iba con el Barcelona a muerte, que el triunfo del conjunto culé también era el triunfo de Madrid y de la candidatura de la ciudad para albergar unos juegos olímpicos. Fue un hermoso gesto del prócer y melómano: reconoció, eso sí, que le habría gustado que la final de esta noche la jugase el Real Madrid, o un equipo de Madrid, pero que no era así y que el equipo español que se medía al Manchester de Giggs y Cristiano Ronaldo, y que además se había comprometido con la aspiración de todo un pueblo y una comunidad, era el Barcelona. La noche empezaba bien. Gallardón, que tiene algo de relamido con buenas maneras, de repelente niño Vicente que está en un partido que no se le acomoda, contó que el día que el Barça jugaba ante el Chelsea, sus hijos, acérrimos madridistas, prorrumpieron en gritos y vítores cuando marcó Iniesta, el ángel blanco.
¿Por qué escribo aquí del Barcelona-Manchester? En realidad, yo quería escribir de Gerard Piqué, ese jugador esbelto, de altura interminable, que jugó en el Real Zaragoza una temporada espléndida. Piqué –que fue enmendado el otro día, en la celebración del ‘doblete’, por un elegante Xavi: la felicidad no tiene enemigos ni se celebra con pullas ni odios antiguos- fue aquí un futbolista de club, se entregó al máximo y dio un buen rendimiento. Intentó adaptarse a las necesidades del conjunto en todo momento: jugó de lateral, de central y de libre, bajo el mando del mariscal Gabi Milito, e incluso fue colocado de centrocampista con desarrollo, capaz de contener o de trazar la estética del ataque sin arrugarse. Piqué volvió al Manchester y cuando iba a iniciarse esta temporada, Guardiola lo reclamó.

Puede decirse que empezó titubeante. Más que impreciso, tímido, era como el tercer central, el suplente de Rafa Márquez, pero poco a poco ha ido asumiendo galones e incluso ha superado, sobre todo en el tramo final de todas las competiciones, al siempre mayúsculo y esforzado Puyol. Piqué es un defensa de la estirpe de Beckenbauer, de Trésor o de Koeman, del propio propio Milito también: se atreve a salir de la cueva, juega en corto, sabe desbordar, y destaca especialmente en la serenidad con que se aplica, en la sensatez que usa en el área, ante los rivales peligrosos, llámense Drogba o Villa, y en algo que le concede un enorme valor: sus desplazamientos en largo. Ahí Piqué se sale realmente. Es técnico y poderoso, es preciso y osado. E incluso practica la utopía del gol. Todos han coincidido en elogiar su crecimiento (de calidad y de madurez), su evolución maravillosa: esta noche, ante Rooney, Cristiano Ronaldo, Berbatov o el indio Tévez, Piqué es un emblema de garantía y de solidez. Jugará sin complejos atrás y hacia arriba, de cabeza o a ras del césped. Él es uno de los que tiene mucho, mucho que ganar. Casi tanto como Alberto Ruiz Gallardón o Manel Estiarte, que es amigo de Pep Guardiola desde hace muchos años.

Pep Guardiola, mucho antes de que soñase con ser entrenador del Barcelona, presentó en Zaragoza, en Los Portadores de Sueños, la novela de su gran amigo David Trueba: ‘Saber perder’ (Anagrama, 2008). Desde aquel día prácticamente empezó a ganar.

Bien se ve, ruge el león, que el triunfo del Barcelona también lo sería del Real Zaragoza.

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Sobre este blog

Nunca pensé que iba a asumir la voz de un león. Me gustaban mucho de niño en las series de ‘Tarzán’ y ahora me gusta como símbolo de un Real Zaragoza que busca retornar a su lugar natural: la Primera División. Aquí solo habrá palabras de cariño y de entusiasmo hacia el equipo, pequeñas historias de pasión ‘blanquilla’.