El cañonazo y la flecha

26 mayo, 2009 por Antón Castro

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Estamos en una semana de radiante felicidad. El Zaragoza gana con solvencia y empieza a abrir brecha: la salida del campo sinuoso del infierno está a punto de producirse. Tal como soñábamos. El secreto es el bloque, el secreto es esa amalgama de cosas que empiezan a confundirse casi alquímicamente, sin llegar al buen juego todavía: la paciencia, la confianza, la clase, la verticalidad, el sentido colectivo del juego y la disciplina táctica. Y el acierto ante el marco rival de Ewerthon, el jugador paulista, formado en el Corinthians, que ha recobrado lo mejor de sí mismo: la intuición del gol, la velocidad y la convicción.

Siempre recordaré la primera vez que vi a Ewerthon: fue en el ordenador del compañero Paco Giménez, que tenía un bucle de imágenes con los mejores tantos del jugador en sus cuatro años con el Borussia de Dortmund, con el que conquistó una Liga. Ewerthon marcó goles de todos los estilos; quizá su gol preferido era el del cañonazo por sorpresa, el del disparo lejano que se envenenaba de fuerza y de efecto, y entraba como un obús. Esos goles los volvió a obtener en la inolvidable temporada de 2005-2006. Ewerthon y Diego Milito formaron una pareja increíble: deslumbraron por su pegada, por su compenetración, por su afición al remate, por la variada suerte de sus golpeos, por la belleza de sus goles. Al año, siguiente, Ewerthon ya no convencía (Diego y él dejaron de ser, incomprensiblemente, una admirable pareja de cómplices en la punta), y fue mandado, primero, a galeras, y luego al exilio al Stuttgart y al Espanyol. Cuando regresó era otro, y le costó adaptarse, le costó reencontrarse a sí mismo.

Ahora Ewerthon ha vuelto. Ha vuelto y está ahí, entusiasmado y oportunista, y juega varias campañas o pequeñas Ligas: anhela que el Real Zaragoza regrese a su espacio natural, a la Primera; anhela lograr el Pichichi, está a dos tantos de Nino; anhela rebasar el récord de Juan Seminario y encabezar para la historia la estirpe de Marcelino, Murillo, Diarte, Arrúa, Amarilla, Alonso, Pardeza, Poyet y Esnáider, entre otros. El jugador peruano fue Pichichi de Primera y logró 25 tantos; Ewerthon lleva 23, dos menos que Nino, y restan cuatro partidos.

Soy consciente de que Ewerthon está haciendo correr muchos ríos de tinta estos días. Que es el hombre de moda. Como lo fue hace días Ander Herrera, que realiza un fútbol preciosista y vertical, con muchas posibilidades. Como lo fue Toni Doblas, cuando reemplazó a López Vallejo, e impuso un estilo más vivaz, más agresivo, más estimulante para su colectivo de defensas. Como lo será también otro valladar de este despertar: Gabi, un jugador de equipo, puro pundonor, tácticamente necesario e incansable, que además no se arruga ante la posibilidad de un disparo lejano o ante un penalti.

Ewerthon tiene que ser, con su movilidad, su capacidad de sorpresa y su tarjeta de goleador, imprescindible en Primera División. Iker Casillas aún tiene pesadillas con alguno de sus tantos de la noche fatídica del 6-1 en La Romareda. Diego Milito realizó una faena de artista; Ewerthon logró dos golazos impresionantes.

(En la foto de Javier Cebollada, Ewerthon celebra uno de los goles que le endosó a Iker Casillas.)

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One Response

  1. David

    Aquella copa perdida en el Bernabéu (yo estuve) creo que es el mayor fracaso de los últimos tiempos, más incluso que los dos descensos. Después de jugar al fútbol de ensueño y eliminar consecutívamente a Atlético, Barça y Madrid (con goleada incluída)caer en la final ante un equipo absolútamente inferior en ésos momentos…no sé, cada vez que lo recuerdo me desconpongo.

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Sobre este blog

Nunca pensé que iba a asumir la voz de un león. Me gustaban mucho de niño en las series de ‘Tarzán’ y ahora me gusta como símbolo de un Real Zaragoza que busca retornar a su lugar natural: la Primera División. Aquí solo habrá palabras de cariño y de entusiasmo hacia el equipo, pequeñas historias de pasión ‘blanquilla’.