Ewerthon sin más

23 Mayo, 2009 por Antón Castro

Ewerthon

No sé cómo se llama el campo del Zuera. Un campo de césped artificial. Los juveniles de Segunda del Zuera y del Garrapinillos despedían la liga. Ya no se jugaban nada: los dos iban a quedar por el medio de la tabla, con algunos puntos más el Zuera. Y pronto exhibió las razones: los muchachos jugaban con orden, con más preparación física y con una complicidad constante. Triangulaban, servían en largo: eran felices. Pronto se vio que no había partido: el Zuera pronto se colocó con un cómodo dos a cero, que sería un cuatro a cero al final de la primera parte. Era una modesta fiesta local, pero el adversario no ofrecía demasiada resistencia.

El tiempo se puso antojadizo. Lloviznaba con fuerza, se abrió un vano de sol entre las nubes, volvía una grisalla irritante al cielo, casi cárdena. Alguien se acercó a la banda: “Primer gol del Zaragoza. Es una información para los dos equipos, por si queréis animaros”. El arquero zufariense Simón jugaba a sus anchas, como un perfecto líbero: estaba todo el rato en torno a la medialuna de su área y distribuía a su antojo. Ahora servía al lateral derecho, ahora buscaba a cuarenta metros al lateral izquierdo, ahora miraba hacia el ariete que corría como un auténtico gamo. Esa seguridad suya imponía: parecía un gigante que lleva la manija con comodidad. Un mandón del crepúsculo. Ya en la segunda parte, con todo el pescado vendido, como dijo alguien, otro espectador gritó: “Segundo gol. Marca Ewerthon”. Todo se ponía de cara: el Real Zaragoza podía soñar, igual que el ariete que se retiró del campo entre aplausos con dos o tres goles en el bolsillo. Parecía que Ewerthon fuese él. Uno de los centrales rivales había manifestado así su impotencia: “No puedo perseguir al 18. Me vuelve loco”.

Algo más tarde, ya en el bar, donde se rumiaban las alegrías y las decepciones de los ganadores y los derrotados, el camarero gritó: “El Real Zaragoza marca el tercer gol”. Alguien le preguntó quién lo ha marcado. El hombre dijo: “Estaba aquí y no lo he podido ver”. O llegó a destiempo a la retransmisión. Lo había vuelto a marcar Ewerthon, que sigue ahí apuntillando y acercando mucho más la Primera División. Marcelino García Toral sorprendió a todos: el que se quedó en la caseta no fue Caffa, fue su artillero. Entró y sentenció. El fútbol es así. El auténtico león desmelenado y oscuro de la tarde era él: Henrique de Souza Ewerthon.

El triunfo en Alicante aliviará seguramente la mala semana de Eduardo Bandrés y de toda la afición. El órdago de Matuzalem fue como una puñalada a destiempo y por la espalda. Ya lo dijo Isak Dinesen: “Todas las penas del mundo pueden mitigarse si se meten en una buena historia”. La del Zaragoza que huye del infierno promete mucho.

En la categoría Uncategorized

One Response

  1. JESUS

    Echaba de menos la crónica final del Garrapinilllos, y al final apareció… los domingos por la mañana ya no serán lo mismo… se acabaron las crónicas, …, las primas, los ojeadores, los traspasos…

    Hoy lunes, los Ches no quieren hablar de fútbol, del partido del sábado en concreto, hablan ya del futuro del adiós a Villa, Silva y Albiol caminito de Madrid, y de Morientes, al único, dicen, que echaremos de menos, a Zaragoza…

    Y hoy lunes los de Vila Real, hablan sin parar de fútbol,… de Cani, quien un día dara su nombre a una Rotonda, … de Champions, de milagros, … y de la pena que fue pensar un día, maldito día, que Forlan no tenia sitio en este equipo. Estos, valientes como ellos solos, nos regalarían a Matigol y media docena larga de jugadores, … con los cuales Marcelino se plantaba en Champions sin despeinarse.

    Saludos

Di lo que quieras

Normas de uso
· Esta es la opinión de los internautas, no de Heraldo.es.
· No está permitido escribir comentarios injuriantes.
· Nos reservamos el derecho de eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
· Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.

Sobre este blog

Nunca pensé que iba a asumir la voz de un león. Me gustaban mucho de niño en las series de ‘Tarzán’ y ahora me gusta como símbolo de un Real Zaragoza que busca retornar a su lugar natural: la Primera División. Aquí solo habrá palabras de cariño y de entusiasmo hacia el equipo, pequeñas historias de pasión ‘blanquilla’.