DE LA EMOCIÓN

9 junio, 2009 por Antón Castro

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Hace algo más de treinta años, seguía desde A Coruña el curso del Real Zaragoza en Segunda División. Dos de mis jugadores favoritos del fútbol español eran, incluso más que Saturnino Arrúa y Johan Cruyff y Salif Keita, Pablo García Castany y José Jordao. La temporada 1976-1977, con Lucien Muller al frente, el Zaragoza había descendido. Aquella fue la nefasta campaña de las incompatibilidades entre el orgulloso y achuletado Arrúa, el monarca de la noche y de La Romareda, y el melancólico Jordao. Con el equipo en Segunda, Jordao fue traspasado y Arrúa dio una cal y otra de arena. Desde Arteixo, seguía al Real Zaragoza con vehemencia, por una vieja pasión por los blanquillos y por Arsenio Iglesias, que era de Arteixo, mi vecino, un viejo cómplice del campo de los Lobos y el hombre cariñoso que nos decía: “Neniño, vai buscar aquela pelota que se non fuxirá polo río (Niño, ve a buscar aquella pelota o se la llevará el río)”.

Años después, frente al Faro de Hércules, en una mañana ventosa, el aire parecía cierzo del fin del mundo, Arsenio recordaba con inmenso cariño su paso por el Real Zaragoza. Recordaba aquel 23 de abril de 1978 en que se consumó el ascenso. Era un día pletórico de entusiasmo colectivo: brillaba en el viento la pasión y la semilla de la raíz, un viejo grito de identidad y rebeldía. Arsenio reconocía que no se había practicado buen juego pero que se había cumplido: el Real Zaragoza ascendió e inició un nuevo camino que tendría su primer gran éxito en 1986, en la Copa del Rey ante el Barcelona: trallazo de Rubén Sosa, rebote suave en la bota de Pichi Alonso, y el balón burla la estirada de Urruticoechea. Victoria agónica y maravillosa.

En 2002, consumado el descenso, vino Paco Flores a sacar al equipo del atolladero, del infierno de Segunda. En una tertulia que organizó HERALDO dijo lo más emocionante, o de los más emocionante, que he oído decir nunca en el fútbol. “He venido aquí para hacer feliz a mi padre. El Zaragoza es su equipo del alma y he venido para devolverle la felicidad. Si regresaremos a Primera mi padre estará inmensamente contento”. Lo dijo, en público, y en un aparte, casi con lágrimas en los ojos. Los hombres duros a veces sí lloran. Lo oían, con alborozo, Víctor Fernández y Miguel Pardeza, al que felicitamos desde aquí. Miguel ha querido al Real Zaragoza con locura, lo sigue queriendo, y debemos celebrar su nuevo éxito: Valdano, que le despojó en gran medida de un sitio en el Real Madrid, recordó su inteligencia, su carisma y su trabajo, y lo convocó a su lado.

Hace muy pocos días, tras la victoria ante el Salamanca, con lágrimas en los ojos y con la ilusión a flor de piel, el principal accionista del club Agapito Iglesias “se emocionó, habló con la gente y fue él quien pidió a los jugadores que volvieran a salir al campo a saludar a la gente, después de que el partido hubiera terminado”, tal como me ha escrito un aficionado desde Salamanca. Sé que Agapito, como Eduardo Bandrés, ha pasado una temporada tensa, dura, difícil, de amarguras e insomnios. El fútbol tiene la facultad perversa de desquiciar a los más audaces e inteligentes: desde Arrigo Sacchi a Jorge Valdano, si hablamos de entrenadores, y a quipos como el Valencia, el Atlético de Madrid, el Betis, la Real Sociedad o el Celta ha pasado del infinito buen juego al infierno. Y a innumerables presidentes. En el fútbol no existen fórmulas mágicas: el genio Cruyff estuvo en un tris de ser un perdedor excéntrico y acabó ganando tres Ligas en los últimos segundos o con ayuda de la caprichosa fortuna. Florentino partió con pasos clandestinos y ha regresado, y de qué modo.

El sábado, ante el Córdoba, volverá a ser un gran día. Y ellos, Agapito y Eduardo, incomprendidos a menudo, criticados y también queridos, estarán felices y se habrán sacado un peso inmenso de encima. Solo por unos días. El verano será breve y difícil: hay que rehacer el equipo y volver a ajustar su proceso de reconstrucción, futbolística y económica. Hay que apostar más que nunca por la cantera, hay que fichar a un centrocampista de creación, por ser hasta sería maravilloso recuperar a Cani, que se merecía seriamente haber ido a la selección por su maravilloso fin de temporada. Ahora, a falta de dos puntos matemáticamente, Agapito Iglesias y toda su junta directiva experimentan la catarsis: el equipo volverá a su región natural, entre los grandes, porque el Real Zaragoza también es un grande. Incluso, sin deslumbrar, también lo está siendo al final en Segunda: ha superado su récord de imbatibilidad y Ewerthon se ha erigido en el máximo goleador de la historia en una sola campaña. Y los puntos van que vuelan, aunque los demás también juegan. También sueñan hasta el último pitido.

*En la foto, Eduardo Bandrés, Roberto Fabián Ayala y Agapito Iglesias.

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EN EL FINAL DE LA ANSIEDAD

7 junio, 2009 por Antón Castro

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Ayer, nada más llegar a Huesca, Fernando, el librero de Estilo, me dijo: “Rubén Castro jugará el año que viene en el Real Zaragoza. Lo acaban de decir”. Así empezaba una mañana llena ilusión. Los blanquillos si vencían en Salamanca tenían una posibilidad de ascender ayer mismo. Los comercios, casi todo el mundo, este periódico, suspiran por la consumación del ascenso. Esta semana pensé mucho en José Luis García Traid, figura del Real Zaragoza con calidad y sin demasiada fortuna y en los años 70 entrenador del mejor Salamanca de su historia, aquel en el que formaban D’Allessandro, Rezza, Chazarreta, Tomé, Albadalejo, el inolvidable portugués que jugaba siempre con guantes: el finísimo Alves, que tenía alguna semejanza con Juan Señor.
El Real Zaragoza, y su posible ascenso, fue un tema que reaparecía una y otra vez en la Feria del Libro de Huesca. Antes del partido, se produjo una especie de tormenta tropical, que desordenó todos los planes. La cabeza estaba en Salamanca. El profesor José Domingo Dueñas, un zaragocista acérrimo, estaba en un sinvivir: qué estaría haciendo el Real Zaragoza, se preguntaba. Lo supimos poco después: en el minuto 60, en una gran pantalla en el Café del Arte, conoció el resultado: Salamanca 1- Zaragoza, 2. Quique Martín había reducido la ventaja de los dos goles del insaciable Ewerthon. Ese local estaba abarrotado y no encontramos sitio para seguir el choque. Fuimos a un bar cercano: el Apolo. La cabeza seguía pendiente del resultado. Allí no pasaban el fútbol, sino un programa intrascendente de la Sexta. Media hora más tarde, José Domingo, intranquilo y esperanzado, llamó a su hermano, que le completó la crónica: el Real Zaragoza había ganado con autoridad, había sentenciado el “siempre fino y estiloso Jorge López”, pero habría que esperar a La Romareda. El Hércules no tuvo compasión con su hermano de ciudad, el Alicante. La próxima jornada: gran fiesta. Gran velada. El Real Zaragoza ratificará ante la afición su afán: volver a Primera. Los jugadores y Marcelino García Toral habrán hecho su tarea. Les basta un punto, pero pugnarán por los tres. Y Ewerthon quiere todos los récords y quiere, especialmente, el ‘Pichichi’. Por ahora, se conforma apuntillando rivales semana a semana, ya se ha convertido en el máximo goleador de todos los tiempos en una campaña del Real Zaragoza y muerde los talones de Nino, que tampoco desfallece.

Gran día en Huesca. Gran día en Salamanca. Gran día en Zaragoza y Aragón y en todas sus esquinas. El eslogan ‘A Primera’ es un deseo de recuperar el tiempo perdido. Volvemos al cielo, a un cielo siempre turbulento. El sábado, esta vez sí, se pondrá el punto final a la ansiedad. ¿Será verdad que Rubén Castro viene al Real Zaragoza o es un burdo rumor o una broma de un forofo oscense?

*He tomado esta foto del riojano Jorge López del blog http:segundajugada.blogspot.com.

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VICTORIA CÓMODA

30 mayo, 2009 por Antón Castro

El Real Zaragoza elimina obstáculos domingo tras domingo. En realidad, solo depende de sí mismo, y en eso se aplica. Parece evidente que el Xerez y el Tenerife ya están muy cerca de Primera, especialmente los andaluces. El Zaragoza tiene que vencer y es posible que, con un poco de suerte, cuando vaya a jugar a Vallecas en el último choque ya esté en Primera. El ascenso, si todo va bien, lo lograría en la penúltima jornada. El Rayo se ha desfondado y ya no es una amenaza consistente.

Esta tarde, bajo un sol de justicia primero y bajo una atmósfera de bochorno luego, el Real Zaragoza se deshizo con comodidad del Albacete, dirigido por Máximo Hernández. Los pupilos de Marcelino García Toral jugaron lo justo para ganar: cada vez que se estiraban generaban peligro, y en dos avances nítidos fabricaron dos goles: primero marcó Ewerthon, y luego Alberto Zapater fabricó un penalti, que ejecutó con limpidez y oficio el brasileño. Así, el delantero igualaba la marca de Juan Seminario, y aún dispone de tres jornadas más para rebasar los 25 tantos que lleva. Ewerthon, a la chita callando, sin aspavientos y con profesionalidad, ahí está: marca, afirma al equipo y aspira al Pichichi.

A la segunda parte le faltó ritmo. Los visitantes dominaron los diez primeros minutos. Ningún jugador blanquillo estuvo sobresaliente: Herrera debió marcar en un excelente disparo; Caffa trabajó por su banda y obtuvo un estupendo gol en medio de una maraña de piernas, Songo’o volvió a medirse y probó que puede ser un jugador determinante si a su potencia y atrevimiento suma un poco de control y de inteligencia, el pulmón Ponzio anduvo irregular, Generelo realizó ese fútbol suyo de apoyos en corto siempre correcto, Arizmendi batalló de manera un tanto desmañada y a Jorge López le faltó un poco de alma y de precisión porque calidad la tiene a borbotones. Por cierto, dentro de una defensa correcta, volvió a llamar la atención la actuación de Toni Doblas: un arquero con personalidad que va bien por arriba, que sigue la jugada todo el rato y que posee reflejos, concentración e iniciativa.

Lo importante es lo importante: el triunfo. Fue claro y contundente: 3-0. El Real Zaragoza exhibió sus mejores virtudes: la solvencia del bloque, la superioridad sobre el rival, la sensación de poderío cuando se decide acelerar el choque, la alianza con el gol. No fue un partido hermoso, pero sí cómodo: los aficionados cantaron durante la segunda parte. Cantaron y aplaudieron. Se acerca el escalofrío más deseado…
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La cantera o la espiral del futuro

29 mayo, 2009 por Antón Castro

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Llegué diez minutos tarde al partido del Barcelona-Manchester y me perdí el acoso inglés sobre Víctor Valdés. Me perdí esos instantes iniciales de susto y perplejidad azulgrana. Luego, combinaron Messi e Iniesta, este culebreó y venció a Evra, que perdió su sitio; lo ganó Eto’o, le dio tiempo a desbordar a Vidic y encendía de emoción y plasticidad el Olímpico de Roma. Luego, el equipo catalán –que aúna varias tradiciones: la del mejor Helenio Herrera, la de Michels, la de Venables, el tándem Cruyff-Rexach y la del olvidado injustamente Rijkaard- dominó y jugó con comodidad, midiendo sus pasos, ese mareante rondo que devora a los rivales. El gol de Messi fue espléndido: confirmaba que el Barcelona ha sido mejor que el Manchester y que el argentino acaba la temporada algunos peldaños por encima de Cristiano Ronaldo.

Luis Alegre era uno de los invitados al partido de su gran amigo Pep Guardiola. Cuando terminó el choque, recibí un sms suyo: “Puro arte, amiguito”. Pura poesía en Roma. Hacía mucho tiempo que nadie jugaba así al fútbol, hacía tiempo que no nadie empequeñecía así a un gran rival. A un formidable rival como el Manchester. Había otro detalle emocionante: el multimillonario Barcelona jugó con siete jugadores de la cantera. Valdés, Piqué, Puyol, Busquets, Messi, Xavi e Iniesta, e incluso dio entrada, para corroborar la apuesta, a Pedrito. A mí esa decisión de Guardiola me apenó por Bojan, que ha colaborado con el equipo en muchos momentos y es un símbolo también de la juventud. La apuesta de la cantera es una de las grandes razones del triplete, simbolizado especialmente en la victoria de Roma. A mí me parece que por coherencia, por identidad, por respeto a las propias raíces de los equipos, la cantera es el principal surtidor que hay que cultivar y mimar. Debe ser el manantial que no cesa y la espiral del futuro.

Ese debe ser también el camino del Real Zaragoza. Fabricar equipos desde abajo, creer en los suyos, potenciarlos, tratarlos como se debe y seguirlos con respeto, con entusiasmo, con profesionalidad. Organizar trofeos, proyectarlos por la televisión autonómica, poner de cuando en cuando La Romareda al servicio de los más jóvenes. Esa es la clave. Esta temporada en el infierno ha dado algunos destellos positivos en esa dirección: Goni, menospreciado la campaña anterior por impaciencia y por papanatismo (como lo fue antes incomprensiblemente Lafita), se había convertido en el mejor defensa antes de la lesión; Ander Herrera ha puesto más fantasía, calidad y determinación que jugadores con media vida en Primera División, aunque esté en ese esperanzador y lento proceso de construcción de un futbolista; Zapater ha vuelto a probar que es un jugador de club para un roto y para un descosido y que se adapta a la defensa o a la media porque es todo corazón, coraje y amor a los colores; Luis Cuartero, un maravilloso paradigma para todos, se despidió diciendo que había pertenecido “al mejor club del mundo”; Vicente Pascual ha llegado de súbito y ha besado el santo con un gol…

Ya no es porque estemos en tiempos de crisis, ni por suerte alguna de xenofobia (los que llegan de afuera nos ayudan a hacernos mejores, en la vida, en la creación, en el deporte), pero el Real Zaragoza debe plantearse muy en serio sus categorías inferiores. Debe cuidar y alimentar la cantera. Debe profundizar en su historia, en sus títulos, en su juego, y mostrarlo a todos con la tersura de un espejo de la memoria y de la felicidad. Para eso sí que se necesitan ojeadores, tutores, curiosos, apasionados del fútbol, gente diáfana y generosa, y para eso también es necesario que el Real Zaragoza ejerza un papel paternal y afable, de colaboración y complicidad, con los demás equipos de categorías inferiores o de fútbol modesto.

Anoto un nombre, del que ya se han escrito maravillas en estas mismas páginas: Kevin Lacruz. Vino a buscarlo el Real Madrid (“es zaragocista a muerte”, suele decir su padre, el psiquiatra, coleccionista de arte y escritor Javier Lacruz), con Míchel a la cabeza, y no quiso marcharse. Está deslumbrando en la selección españoles Sub-17 y en los juveniles. Más temprano que tarde dará el salto: quizá este jugador pueda ser un nuevo enlace, como Ander Herrera, con Lapetra, Violeta, Planas y Señor. Otro eslabón de una cadena de calidad.

*He tomado esta espléndida foto de http://www.losblanquillos.com.

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Estamos con Piqué

27 mayo, 2009 por Antón Castro

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Anoche, oí en ‘El Larguero’, en la Ser, hablar a Manel Estiarte, uno de esos tipos excepcionales en el deporte y en la vida. Su libro autobiográfico, donde narra las tragedias de su vida, editado por Plataforma, es realmente conmovedor. Al otro lado del hilo, estaba el alcalde de Madrid, “el señor alcalde”, para Estiarte, y recordó que hoy iba con el Barcelona a muerte, que el triunfo del conjunto culé también era el triunfo de Madrid y de la candidatura de la ciudad para albergar unos juegos olímpicos. Fue un hermoso gesto del prócer y melómano: reconoció, eso sí, que le habría gustado que la final de esta noche la jugase el Real Madrid, o un equipo de Madrid, pero que no era así y que el equipo español que se medía al Manchester de Giggs y Cristiano Ronaldo, y que además se había comprometido con la aspiración de todo un pueblo y una comunidad, era el Barcelona. La noche empezaba bien. Gallardón, que tiene algo de relamido con buenas maneras, de repelente niño Vicente que está en un partido que no se le acomoda, contó que el día que el Barça jugaba ante el Chelsea, sus hijos, acérrimos madridistas, prorrumpieron en gritos y vítores cuando marcó Iniesta, el ángel blanco.
¿Por qué escribo aquí del Barcelona-Manchester? En realidad, yo quería escribir de Gerard Piqué, ese jugador esbelto, de altura interminable, que jugó en el Real Zaragoza una temporada espléndida. Piqué –que fue enmendado el otro día, en la celebración del ‘doblete’, por un elegante Xavi: la felicidad no tiene enemigos ni se celebra con pullas ni odios antiguos- fue aquí un futbolista de club, se entregó al máximo y dio un buen rendimiento. Intentó adaptarse a las necesidades del conjunto en todo momento: jugó de lateral, de central y de libre, bajo el mando del mariscal Gabi Milito, e incluso fue colocado de centrocampista con desarrollo, capaz de contener o de trazar la estética del ataque sin arrugarse. Piqué volvió al Manchester y cuando iba a iniciarse esta temporada, Guardiola lo reclamó.

Puede decirse que empezó titubeante. Más que impreciso, tímido, era como el tercer central, el suplente de Rafa Márquez, pero poco a poco ha ido asumiendo galones e incluso ha superado, sobre todo en el tramo final de todas las competiciones, al siempre mayúsculo y esforzado Puyol. Piqué es un defensa de la estirpe de Beckenbauer, de Trésor o de Koeman, del propio propio Milito también: se atreve a salir de la cueva, juega en corto, sabe desbordar, y destaca especialmente en la serenidad con que se aplica, en la sensatez que usa en el área, ante los rivales peligrosos, llámense Drogba o Villa, y en algo que le concede un enorme valor: sus desplazamientos en largo. Ahí Piqué se sale realmente. Es técnico y poderoso, es preciso y osado. E incluso practica la utopía del gol. Todos han coincidido en elogiar su crecimiento (de calidad y de madurez), su evolución maravillosa: esta noche, ante Rooney, Cristiano Ronaldo, Berbatov o el indio Tévez, Piqué es un emblema de garantía y de solidez. Jugará sin complejos atrás y hacia arriba, de cabeza o a ras del césped. Él es uno de los que tiene mucho, mucho que ganar. Casi tanto como Alberto Ruiz Gallardón o Manel Estiarte, que es amigo de Pep Guardiola desde hace muchos años.

Pep Guardiola, mucho antes de que soñase con ser entrenador del Barcelona, presentó en Zaragoza, en Los Portadores de Sueños, la novela de su gran amigo David Trueba: ‘Saber perder’ (Anagrama, 2008). Desde aquel día prácticamente empezó a ganar.

Bien se ve, ruge el león, que el triunfo del Barcelona también lo sería del Real Zaragoza.

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El cañonazo y la flecha

26 mayo, 2009 por Antón Castro

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Estamos en una semana de radiante felicidad. El Zaragoza gana con solvencia y empieza a abrir brecha: la salida del campo sinuoso del infierno está a punto de producirse. Tal como soñábamos. El secreto es el bloque, el secreto es esa amalgama de cosas que empiezan a confundirse casi alquímicamente, sin llegar al buen juego todavía: la paciencia, la confianza, la clase, la verticalidad, el sentido colectivo del juego y la disciplina táctica. Y el acierto ante el marco rival de Ewerthon, el jugador paulista, formado en el Corinthians, que ha recobrado lo mejor de sí mismo: la intuición del gol, la velocidad y la convicción.

Siempre recordaré la primera vez que vi a Ewerthon: fue en el ordenador del compañero Paco Giménez, que tenía un bucle de imágenes con los mejores tantos del jugador en sus cuatro años con el Borussia de Dortmund, con el que conquistó una Liga. Ewerthon marcó goles de todos los estilos; quizá su gol preferido era el del cañonazo por sorpresa, el del disparo lejano que se envenenaba de fuerza y de efecto, y entraba como un obús. Esos goles los volvió a obtener en la inolvidable temporada de 2005-2006. Ewerthon y Diego Milito formaron una pareja increíble: deslumbraron por su pegada, por su compenetración, por su afición al remate, por la variada suerte de sus golpeos, por la belleza de sus goles. Al año, siguiente, Ewerthon ya no convencía (Diego y él dejaron de ser, incomprensiblemente, una admirable pareja de cómplices en la punta), y fue mandado, primero, a galeras, y luego al exilio al Stuttgart y al Espanyol. Cuando regresó era otro, y le costó adaptarse, le costó reencontrarse a sí mismo.

Ahora Ewerthon ha vuelto. Ha vuelto y está ahí, entusiasmado y oportunista, y juega varias campañas o pequeñas Ligas: anhela que el Real Zaragoza regrese a su espacio natural, a la Primera; anhela lograr el Pichichi, está a dos tantos de Nino; anhela rebasar el récord de Juan Seminario y encabezar para la historia la estirpe de Marcelino, Murillo, Diarte, Arrúa, Amarilla, Alonso, Pardeza, Poyet y Esnáider, entre otros. El jugador peruano fue Pichichi de Primera y logró 25 tantos; Ewerthon lleva 23, dos menos que Nino, y restan cuatro partidos.

Soy consciente de que Ewerthon está haciendo correr muchos ríos de tinta estos días. Que es el hombre de moda. Como lo fue hace días Ander Herrera, que realiza un fútbol preciosista y vertical, con muchas posibilidades. Como lo fue Toni Doblas, cuando reemplazó a López Vallejo, e impuso un estilo más vivaz, más agresivo, más estimulante para su colectivo de defensas. Como lo será también otro valladar de este despertar: Gabi, un jugador de equipo, puro pundonor, tácticamente necesario e incansable, que además no se arruga ante la posibilidad de un disparo lejano o ante un penalti.

Ewerthon tiene que ser, con su movilidad, su capacidad de sorpresa y su tarjeta de goleador, imprescindible en Primera División. Iker Casillas aún tiene pesadillas con alguno de sus tantos de la noche fatídica del 6-1 en La Romareda. Diego Milito realizó una faena de artista; Ewerthon logró dos golazos impresionantes.

(En la foto de Javier Cebollada, Ewerthon celebra uno de los goles que le endosó a Iker Casillas.)

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Ewerthon sin más

23 mayo, 2009 por Antón Castro

Ewerthon

No sé cómo se llama el campo del Zuera. Un campo de césped artificial. Los juveniles de Segunda del Zuera y del Garrapinillos despedían la liga. Ya no se jugaban nada: los dos iban a quedar por el medio de la tabla, con algunos puntos más el Zuera. Y pronto exhibió las razones: los muchachos jugaban con orden, con más preparación física y con una complicidad constante. Triangulaban, servían en largo: eran felices. Pronto se vio que no había partido: el Zuera pronto se colocó con un cómodo dos a cero, que sería un cuatro a cero al final de la primera parte. Era una modesta fiesta local, pero el adversario no ofrecía demasiada resistencia.

El tiempo se puso antojadizo. Lloviznaba con fuerza, se abrió un vano de sol entre las nubes, volvía una grisalla irritante al cielo, casi cárdena. Alguien se acercó a la banda: “Primer gol del Zaragoza. Es una información para los dos equipos, por si queréis animaros”. El arquero zufariense Simón jugaba a sus anchas, como un perfecto líbero: estaba todo el rato en torno a la medialuna de su área y distribuía a su antojo. Ahora servía al lateral derecho, ahora buscaba a cuarenta metros al lateral izquierdo, ahora miraba hacia el ariete que corría como un auténtico gamo. Esa seguridad suya imponía: parecía un gigante que lleva la manija con comodidad. Un mandón del crepúsculo. Ya en la segunda parte, con todo el pescado vendido, como dijo alguien, otro espectador gritó: “Segundo gol. Marca Ewerthon”. Todo se ponía de cara: el Real Zaragoza podía soñar, igual que el ariete que se retiró del campo entre aplausos con dos o tres goles en el bolsillo. Parecía que Ewerthon fuese él. Uno de los centrales rivales había manifestado así su impotencia: “No puedo perseguir al 18. Me vuelve loco”.

Algo más tarde, ya en el bar, donde se rumiaban las alegrías y las decepciones de los ganadores y los derrotados, el camarero gritó: “El Real Zaragoza marca el tercer gol”. Alguien le preguntó quién lo ha marcado. El hombre dijo: “Estaba aquí y no lo he podido ver”. O llegó a destiempo a la retransmisión. Lo había vuelto a marcar Ewerthon, que sigue ahí apuntillando y acercando mucho más la Primera División. Marcelino García Toral sorprendió a todos: el que se quedó en la caseta no fue Caffa, fue su artillero. Entró y sentenció. El fútbol es así. El auténtico león desmelenado y oscuro de la tarde era él: Henrique de Souza Ewerthon.

El triunfo en Alicante aliviará seguramente la mala semana de Eduardo Bandrés y de toda la afición. El órdago de Matuzalem fue como una puñalada a destiempo y por la espalda. Ya lo dijo Isak Dinesen: “Todas las penas del mundo pueden mitigarse si se meten en una buena historia”. La del Zaragoza que huye del infierno promete mucho.

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Otra semifinal en Alicante

23 mayo, 2009 por Antón Castro

caffa-149251El Real Zaragoza tiene que ir a Alicante a demostrar lo que es: un equipo grande, con nueve títulos, que tiene casta, ambición y que exhibe con garra y juego la historia gloriosa de su camiseta. El Real Zaragoza no puede regalar nada: en estos cinco partidos que quedan debe obtener los máximos puntos en todos los campos. Si vence en todos, mejor: le queda, en la última jornada, un choque-emboscada en Vallecas. Así tendría asegurado el ascenso. Solo depende de sí mismo. El Xerez, por una vez en muchos años, enfila hacia el título: resiste y gana como si fuera el que está más en forma. Y los demás andan ahí, pugnando: el Tenerife, el Hércules, que posee una buena plantilla de prestigiosos retales de Primera (Tote, Rubén Navarro, Farinós…), el Rayo, siempre impredecible.

El Alicante, el equipo menos goleado de la campaña 2007-2008 en todas las categorías, se ha especializado en ser el ‘matagigantes de Segunda’: ha vencido al Hércules y al Rayo, ha igualado ante el Tenerife y parece en racha, merced a la efectividad de Azkoitia y al empeño del bloque. Está afilando las uñas para generar una nueva sorpresa: vencer a otro gallito. Los blanquillos ya saben lo que tienen que hacer: correr más que el rival e imponer su clase, afinar el rigor defensivo y salvar la ausencia de Ayala (que ha llegado a la última recta en gran forma y con hambre de gol), un poco más de imaginación en la medular, implicación y ritmo de sus flechas Ander Herrera y Ewerthon, y el incansable batallar de Javier Arizmendi. El Zaragoza debe ganar por todo: por urgencia histórica, por leyenda, por calidad, por jugadores y, sobre todo, porque debe seguir manteniendo la confianza de la afición. Se han acabado las pájaras, las flaquezas de ánimo, los momentos de desconcierto.

¿Caffa? No debe ser un problema: si juega, bien; está inspirado, desborda por la izquierda, profundiza y le ha dado alegría y peligrosidad a su banda. Si no juega de salida, tampoco se acaba el mundo. Sabrá esperar. En estos instantes es un jugador valioso, que debe estar motivado y seguro de su aportación. Todos los futbolistas, sean o no de los primeros once que sale al campo, son necesarios, y más en una plantilla corta como la del Real Zaragoza, donde Vicente Pascual volverá a tener su oportunidad. Caffa desarbola como pocos con su regate por el ala izquierda. A veces, especialmente en la primera vuelta, ha sido más decisivo cuando entró de refresco que cuando arrancó de titular. Es el momento del compañerismo absoluto: el ascenso es cosa de todos.

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El forofo incondicional

21 mayo, 2009 por Antón Castro

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En el fútbol siempre llama la atención cómo lo siente la gente, cómo lo vive. El finado Mario Benedetti, poeta desde Montevideo hacia el planeta, era un gran aficionado y le había dedicado espléndidos cuentos, algunos con trasfondo amoroso. El fútbol suele vivirse también como una pasión. Hace algunos meses, el joven Diego Pisón, nieto de aquel medio de seda que se llamó, y felizmente aún se llama, Luis Belló, iniciaba un blog dedicado en exclusiva al Real Zaragoza: http://diegopison.blogia.com, en el que apostillaba: ‘Apoyando siempre al Real Zaragoza”. El equipo de su abuelo, claro, que lo entrenó durante dos meses inolvidables en 1964 y que descubrió la mejor posición para Carlos Lapetra, el equipo de su padre y también el equipo de su hermano mayor Eduardo.

Desde que abrió su bitácora, Diego entra todos los días en ella, publica notas, extrae comentarios de los periódicos, da noticias del estado de sus jugadores, del entrenamiento, e incluso se permite remitir encuestas de resultados a sus amigos. Y no sólo eso: está al día de clasificaciones, de goles, de incidencias, de las características y claves del rival, y sigue, minuto a minuto, por la tele, por la radio o por internet, el curso de todos los partidos del Real Zaragoza. Con dulzura, con cariño infinito, con esa ansiedad inefable de quien desea el triunfo de inmediato y ver a su equipo donde debe: en la mejor categoría y practicando un fútbol espléndido. Diego vive por y para el Real Zaragoza desde Barcelona. Su ilusión rivaliza con el candor: “El Barcelona ganó ayer al Athletic de Bilbao y nosotros no tenemos nada que envidiarles. Ellos quieren su triplete pero nosotros podríamos haber conseguido el nuestro: Trofeo Ciudad de Zaragoza Carlos Lapetra, Copa del Rey y la Liga Adelante”, escribió hace unos días. Lo más bonito es que no es un caso aislado: Diego Pisón es un ejemplo, un espejo, pero el Zaragoza tiene seguidores tan entusiastas como él, pensemos en los integrantes de www.aupazaragoza.com, que también están haciendo estos días entrevistas a los fervorosos de los blanquillos.

Por cierto, este león vio un partido junto a él, junto a Diego, en La Romareda y es prudente, casi sigiloso, adivina quien tiene talento y quien es un jugador complementario. No se le escapa una mala palabra ni siquiera un comentario adverso sobre los jugadores. Son los suyos. Son los que tenemos y son, dice, los que nos tienen que llevar a Primera.

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Consejos para Ander de aquí y de más allá

20 mayo, 2009 por Antón Castro

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Voy a empezar por la esperanza. En este momento, el futuro ya tiene un nombre específico: Ander Herrera, ese jugador que inventa, que se atreve, que entiende el fútbol como un juego imaginativo e imprevisible. Aunque soy león, un tanto invisible y cotilla, acaban de contarme una bella historia: Ander vive muy cerca de Blanca Lerín, la hija del arquero de ‘Los alifantes’. Suelen verse casi todos los días: el joven le pregunta, quiere saber cosas del pasado, busca consejos de quien ha vivido el fútbol como paisaje de fondo, como materia importante de la vida. El padre de Blanca lo fue todo en el Real Zaragoza: arquero en tres etapas, entrenador efímero, rastreador de figuras de barrio, directivo, delegado, enamorado del balompié todas las horas del día. Y Ander, ahora que no está Andrés, alto y rocoso como un mallo, quiere saber. Blanca le cuenta historias del padre y le estimula para que el finísimo interior –de la estirpe de Fontenla, Villa, Sigi, García Castany, Señor y Cani, entre otros- cumpla sus sueños: el primero, triunfar en el Real Zaragoza, en un Real Zaragoza de Primera, y moderar su ansiedad. Y el segundo, realizar la carrera de Periodismo. Blanca le dice que en este oficio hay de todo, como en botica, pero que ella ha conocido profesionales maravillosos que han vivido el deporte con fervor, con generosidad y cariño hacia los deportistas, el Real Zaragoza y esta ciudad de Primera.

Blanca Lerín cuenta eso y se emociona. Ahora, Ander, casi como un sobrino para ella, es una de las medidas de su ilusión. Como futuro periodista y como futbolista. Se pone a soñar y le ruega Ander que sea sobre todo Ander Herrera. Quizá sea ese uno de los consejos que le envía, desde el más allá, su padre: Andrés. El maestro del blocaje. El hombre para todo durante casi medio siglo de este equipo al que su último capitán ha definido “como el mejor club del mundo”.

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Sobre este blog

Nunca pensé que iba a asumir la voz de un león. Me gustaban mucho de niño en las series de ‘Tarzán’ y ahora me gusta como símbolo de un Real Zaragoza que busca retornar a su lugar natural: la Primera División. Aquí solo habrá palabras de cariño y de entusiasmo hacia el equipo, pequeñas historias de pasión ‘blanquilla’.