Donde el paraíso lidia con el infierno. Ruta de los volcanes 2.

“Existen todavía lugares en el planeta donde la fuerza del trabajo no tiene límites”.

Mineros rompen en pedazos el azufre procedente del interior del cráter. DIEGO ZAPATERO

Bajo un enclave edénico, en una meseta rebosante de plantaciones de café y densas selvas tropicales, se sitúa el impresionante volcán de Ijen. Con una altura de 2.600 metros, está coronado por una cráter de 200 metros de profundidad. Allí se ubica una mina de azufre explotada bajo durísimas condiciones por los mineros locales.

Tan sólo la fuerza humana está dispuesta a arrebatarle el preciado metal a la naturaleza. Dos centenares de hombres arrancan con sus manos el azufre del cráter y lo transportan a sus espaldas durante kilómetros por un puñado de rupias al día.

Mineros frente a las pipas de estracción. DIEGO ZAPATERO

Los gases venenosos emanan del volcán de forma contínua cubriendo por completo el interior del cráter, donde fluye el azufre en estado líquido a una temperatura de 110 ºC.

Fumarolas canalizadas mediante tuberías de cerámica condensan el azufre fundido para su recolección. El líquido cristaliza al entrar en contacto con el aire y se endurece para su posterior recuperación.

Azufre líquido fluye del interior del volcán. DIEGO ZAPATERO

El azufre puro, ya solidificado en grandes placas, es golpeado por los trabajadores de la mina con barras de hierro y mazas hasta conseguir pedazos manejables para su transporte.

El volcán que no duerme

Un minero prepara en la noche los bloques de azufre para su transporte con el fuego azul como telón de fondo. DIEGO ZAPATERO

La actividad en las entrañas del cráter es constante, y el trabajo tampoco cesa durante la noche. Periódicamente se registran movimientos sísmicos y pequeñas erupciones de cenizas en la zona. Kawah Ijen ha erupcionado seis veces desde 1796; la más reciente se produjo en el año 2011, que privó de trabajo durante 7 meses a los mineros. En la actualidad el estátus del volcán es de alerta 1.

Llamas azules procedentes de la combustión de azufre líquido en el cráter del volcán Ijen. DIEGO ZAPATERO

La industria farmacéutica y química se nutre de centenares de minerales, pero son pocos los que conocen el origen real de algunos de esos elementos, y del esfuerzo sobrehumano que algunos hombres realizan para extraerlos.

El volcán de Kawah Ijen es uno de los más activos que integran la línea que se extiende desde el norte de Sumatra hasta la isla de Timor, en el sureste del país. Ésta alberga una extraordinaria actividad geodinámica considerada por los expertos como una de las más importantes y activas del planeta.

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Merapi – Entre el fuego y las cenizas. Ruta de los volcanes 1.

Erupción del Merapi desde el poblado de Hargobinangun, a 8 kilómetros de la cima. DIEGO ZAPATERO

Merapi, que significa ‘Montaña de fuego’, es el volcán más activo del inmenso archipiélago indonesio en el que viven más de 250 millones de personas. Un área asentada sobre el llamado “Anillo de Fuego”, con intensa actividad sísmica y volcánica, en la que se sitúan unos 400 volcanes, de los que 129 están activos.

El ciclo eruptivo del Merapi comienza cada cuatro años. La magnitud de la última erupción del día 26 de octubre de 2010, escribió un nuevo capítulo en la historia del pueblo javanés. Ésta cobró la vida de más de 300 personas, tratándose de la mayor actividad en los últimos cien años.

Se desvanecía así la esperanza de un pueblo, dando paso a un infierno de más de dos meses. Policías, soldados, voluntarios, campesinos y otros miembros de la sociedad se encontraban en un estado de alerta en el que se sucederían acontecimientos que cambiarían sus vidas para siempre.

Comienza el infierno – La gran erupción

Supandri delante de su casa destruida por la lava en el poblado de Wukirsari. DIEGO ZAPATERO

A partir de medianoche del día 4 de noviembre una espesa niebla escupe humo ondulante sobre la cima. Una gran explosión se escucha a más de 20 kilómetros de distancia. Cientos de personas con los rostros cubiertos de ceniza se alejan a pie o en motocicleta del volcán, mientras que el Ejército sigue evacuando mujeres y niños mediante camiones.

Alrededor de 150.000 personas se refugian cerca de la ciudad de Yogyakarta, a unos 25 kilómetros de radio, debido a que el perímetro de seguridad se ha ampliado desde los 15 kilómetros a 20 los kilómetros.

Cabezas de ganado abrasadas a 4 kilómetros de la cima. DIEGO ZAPATERO

Aldeas enteras son sepultadas en zonas que se consideraban seguras cobrándose más vidas.

Awan Panas

Interior de una casa afectada por las nubes piroclásticas en Kaliadem. DIEGO ZAPATERO

Su traducción literal sería nube ardiente y científicamente se denomina flujo piroclástico. Es una mezcla de gases volcánicos que se desplaza a nivel del suelo a velocidades de más 200 km/h. Pueden alcanzar temperaturas de hasta 750 grados centígrados siendo uno de los fenómenos más destructivos que se conocen.

Respirando peligro

Habitantes de Kaliurang vistiendo mascarillas para prevenirse de las cenizas. DIEGO ZAPATERO

Los residentes en zonas cercanas se ven obligados a usar máscaras para protegerse de las nubes de ceniza. Las autoridades afirman que muchas personas están padeciendo problemas respiratorios y aconsejan evitar salir de sus casas. Muchas calles permanecen cubiertas de ceniza de hasta 30 centímetros de altura.

Mbah Maridjan

Nombrado por el sultán de Yogyakarta, el abuelo Mbah Maridjan, fue el guardián espiritual del Merapi. La erupción del 26 de octubre en 2010 acabó con su vida, mientras luchaba por su pueblo. Fue encontrado muerto en posición de oración junto a los cuerpos sin vida de dos docenas de víctimas que se habían negado también a salir. Sus últimas palabras fueron “mi tiempo de morir en este lugar ha llegado”.

Incluso cuando la mayoría de los habitantes de las laderas habían sido evacuados, el anciano, de 83 años de edad, permanecía esperando su fin siendo sepultado bajo las cenizas del volcán al que servía.

“Merapi no es sólo una montaña, hay algo que es invisible para el ojo humano” Mbah Maridjan dijo una vez.

El concepto de equilibrio rige los valores de los residentes del volcán y las acciones humanas que se desvíen del camino recto llevarán a cabo una limpieza con poder devastador.

Tresno Utomo, el héroe 

Los pies de Tresno tras quemarse. DIEGO ZAPATERO

Un hombre salvó a siete personas de la muerte sacrificando los dedos de sus pies. Tresno se enteró de que un aldeano, su mujer y su hijo estaban en una casa sin forma de escapar en plena erupción, y entonces, decidió subir con otras tres personas en un coche. Otros vecinos ya habían acudido al rescate en una furgoneta, pero ésta se quedó atrancada en el fango y comenzó a arder. Tresno salió de su coche para empujar el auto atascado, y en ese momento se abrasó los pies. Al presenciar el pánico de los atrapados, construyó un camino con almohadas y cascos hasta la casa, donde se refugiaron, porque los coches podían explotar por el calor. En la casa permanecieron cuatro interminables horas, en las que se fueron derrumbando los techos de las habitaciones una a una. Cuando el fuego amenazaba el último cubículo, lograron salir al porche y recibieron la ayuda de unos voluntarios a los que Tresno había llamado. La humilde condición de Tresno le privó de la necesaria atención médica, así que, aunque conserva sus pies, apenas puede moverse.

Imprevisible

Las investigaciones desvelan que las reservas que hay bajo el cráter mantienen una cantidad de magma sin precedentes. Los geocientíficos alegan que el comportamiento del Merapi es imprevisible. La última erupción ha sido clasificada como la peor de este siglo, la más intensa desde los años 1006, 1369, 1786, 1822, 1872 y 1930.

Mapa del alcance de las cenizas del volcán Merapi en la erupción del 2010.

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