Democracia capada

La iniciativa es de las élites. Ellas ofrecen el espectáculo y la ciudadanía asiste sobrecogida a la fiesta de los ventiladores. (“Élites extractivas” es redundancia).

Ante el estrechamiento de los márgenes arrecian las peleas entre los jefes. En su forcejeo se arrojan cada día una tonelada de residuos tóxicos. Ya lo hemos visto otras veces. Es la guerra en las alturas, solo que ahora la situación general es peor: hay menos que extraer y menos que repartir.

Los ciudadanos no participan. Son espectadores, testigos sin opciones, público en el gallinero. Sea cual sea el resultado de la pelea, el escenario seguirá siendo inaccesible.

Los ciudadanos pueden hacer chistes y retuitearlos. Comentar. Y poco más. El sistema está cerrado. El ciudadano puede participar como consumidor. Y, de vez en cuando, puede votar entre las opciones cerradas.

No es divertido. No es democrático. Es democracia comprimida. Una demo capada.

Espectadores sin mando a distancia.

Voto por móvil ya. Voto frecuente, diario, en tiempo real.

 

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